Mechones degenerados

Publicado el mar 18, 2009 | 18 Comentarios

Por Raúl Gutiérrez

OTRA VEZ, como todos los años a comienzos del otoño, las calles de Valparaíso, Santiago y otras ciudades del país se llenan de jóvenes que ofrecen un penoso espectáculo con su ropa desgarrada y sus cuerpos manchados por pintura, tinta u otros elementos, mendigando en las calles para allegar fondos que permitan financiar sus celebraciones universitarias.

La actitud borreguil con que estos muchachos se suman a festejos que atentan contra la dignidad de la persona mueven a sentir muchas aprensiones acerca del futuro de nuestro país.

Ellos aceptan ser sometidos a tratos vejatorios y a salir a la calle a expoliar a gente modesta, a las cuales les arrebatan prácticamente algunas monedas, sólo porque tienen la esperanza de que el próximo año harán lo mismo con quienes les sucedan en la condición de mechones.

La presencia de estos muchachos en las calles es una de las demostraciones más patéticas del fracaso rotundo del sistema educacional en una de sus tareas básicas, inculcar valores y el respeto por uno mismo. Estos pobres diablos, aunque hayan obtenido un puntaje aceptable en la PSU, ni siquiera llegan a darse cuenta de la degradación en la que se encuentran sumidos.

En rigor, no tienen nada que celebrar. Décadas atrás, llegar a la Universidad era casi un hazaña, ya que la secundaria era exigente y los cupos en la enseñanza superior eran escasos. Hoy, con más una cincuentena de universidades, convertirse en estudiante universitario significa muy poco. De otro lado, con el relajamiento de la enseñanza media, la enorme mayoría de los egresados del liceo son unos patanes incapaces de resolver una ecuación de segundo grado o de comprender un texto de mediana complejidad.

Llama la atención, por otro lado, la actitud amariconada de tantos rectores y otros altos jerarcas universitarios, que prefieren tomar palco ante espectáculo tan denigrante, en buena medida porque saben que carecen de todo ascendiente moral e intelectual sobre los rebaños de mongólicos que se han tomado en el último tiempo los planteles de enseñanza superior.

También las autoridades educacionales prefieren mirar para otro lado, con la excusa de que son travesuras juveniles que más vale no tomar en serio. Sonríen beatíficamente para ocultar su falta de liderazgo o cobardía, mientras la ciudadanía observa con creciente estupor los excesos que se cometen en diversas ciudades del país, manifestación de la degradación moral e intelectual no sólo de juventud, sino de la sociedad entera.


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