El catolicismo de Piñera y Chilevisión

Publicado el abr 07, 2009 | 1 Comentario

Señor
Sebastián Piñera Echeñique
Presente

EN DIVERSAS OPORTUNIDADES a lo largo de su extensa y exitosa carrera empresarial y política, se ha manifestado no sólo como creyente en un personaje todopoderoso que flota en la inmensidad del Universo, sino que como feligrés de la Iglesia Católica, que anuncia a un Dios que se encarnó entre nosotros y nos amó hasta el extremo. He escuchado incluso que cumple con el deber de los católicos de aportar al dinero del culto para el sustento de la institución eclesial y que lo hace de manera discreta, lo que considero encomiable.

Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme, como hombre de fe -débil e imperfecta sin duda- qué significado práctico reviste para usted su condición de creyente, que comparte además con el otro postulante presidencial que parece con mayores posibilidades para el año 2010, el senador Eduardo Frei. Ruiz-Tagle, la tenencia de un medio de comunicación importante, como es Chilevisión.

Frei Ruiz-Tagle y usted son personas que han tenido todas las posibilidades en la vida, por lo que debo suponer que vuestro catolicismo es un poquito más elaborado que el de la asesora del hogar que llega el 8 de diciembre hasta el templo de la Purísima en Lo Vásquez o el del feriante que se disfraza de huaso para correr a Cristo en Cuasimodo. Usted, por lo demás, es sobrino de un venerable arzobispo y ha tenido múltiples posibilidades de profundizar en su vivencia religiosa.

Durante la campaña presidencial que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca, el tema de la afiliación religiosa de los candidatos y la incidencia de la misma sobre sus maneras de pensar y propuestas de políticas ocupó un lugar importante en los debates. Cabe aventurar que en Chile, que se apresta a elegir un nuevo Presidente y a buena parte de sus congresales, no ocurrirá otro tanto. La mediocridad de nuestros medios de comunicación y periodistas, así como al propósito deliberado de los candidatos de escamotear temas de fondos y en general cualquier debate en serio se confabularán para impedir que los ciudadanos podamos adoptar decisiones informadas

Por cierto, un cristiano del siglo 21 no puede tener la pretensión de imponer sus convicciones y creencias a quienes no lo son. Sin embargo, imagino que no sería fiel a su compromiso con el evangelio si confundiera esa postura propia del Concilio Vaticano II con una indiferencia respecto de lo que en otra época se llamaba la propagación de la fe y que ahora podríamos denominar el crecimiento espiritual de su prójimo, es decir sus conciudadanos.

Usted, señor Piñera, es concesionario de un canal de televisión que llega a diario con su mensaje publicitario y valórico a millones de chilenos. Dejo en claro que usted no es el dueño de Chilevisión, a diferencia de lo que habitualmente se cree y se dice, ya que la propiedad de toda emisora radial o televisiva pertenece al colectivo del país, el cual, a través de sus autoridades y según normas muy precisas, las entrega en concesión por un tiempo determinado, sin duda excesivamente largo.

Sea como fuere, usted controla en la práctica un importante canal televisivo, que llega a millones de chilenos, en su mayoría de condición modesta. Para ellos, sobre todo los que pertenecen a estratos pobres, lo que salga en la tele constituye un referente clave para la formación de sus expectativas, la adopción de criterios y patrones de conducta y la manera de ver el mundo. ¿Se ha preguntado usted cómo utiliza el enorme poder de que dispone, a la luz de su condición de católico?

Comprendo perfectamente el argumento de que Chilevisión no puede confundirse con un instrumento de evangelización a través del cual se difundan misas o prédicas, que seguramente esgrimirán los cortos de mente que tienen una concepción estrecha de lo que constituye el anuncio del mensaje de Jesucristo. Un canal televisivo es, por cierto, primero que nada un negocio, que necesita generar utilidades. Sin embargo, me resisto a creer que en su condición de católico usted se conforme solamente con recolectar las utilidades, apartar un 1% para su Iglesia y quedar conforme, convencido de que cumplió como cristiano con su obligación de difundir la fe con la que Dios lo ha distinguido.

Uno podría esperar que al menos una parte de la programación del canal estuviera orientada a promover, en forma deliberada y eficiente, valores o actitudes que favorezcan el crecimiento humano de la audiencia, que ayuden a descubrir las potencialidades de desarrollo espiritual que albergan en cada persona.

Me parece, estimado hermano Sebastián, que usted está en una deuda gigantesca en este terreno. Bastarían algunas instrucciones suyas, dirigidas a un personal eficiente y competente, para que los frutos se tornasen evidentes.

Un par de ocasiones en las que la debilidad de su compromiso en este campo se torna más evidente son la Navidad y la Semana Santa. Dos oportunidades magnificas para la difusión de programas realistas creativos, atractivos, sobre problemas y desafíos que afrontan los chilenos hoy y que conecten con enseñanzas y valores fundamentales del cristianismo, pero que son sistemáticamente desaprovechadas.

En el caso de la Semana Santa, por ejemplo, lo que vemos en su canal es la repetición de antiquísimos filmes que mueven, más que a la reflexión y la edificación personal, al bostezo y hasta la burla. Cuesta creer que no pueda destinarse algunos recursos elementales para mostrar por ejemplo la forma en que diversos grupos de creyentes viven su fe y se comprometen con el prójimo, anunciando de esta forma a Cristo Resucitado.

Estoy seguro de representar con esta interpelación pública a miles de creyentes que carecen de acceso a los medios de comunicación, que son considerados por éstos una minoría despreciable pues lo observan todo en silencio con mansedumbre y comprensión.

La intensificación de la campaña que podría llevarlo a usted a la Moneda para el Bicentenario de Chile reduce el tiempo disponible para la reflexión, incluso para un político que acoge con respeto la Semana Santa. Sin embargo, cumplo con mi deber de creyente de hacerle llegar esta carta, al tiempo que le deseo sinceramente una Feliz Pascua de Resurrección.
Raúl Gutiérrez Valenzuela, periodista


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