El abuso del Empresariado en tiempos de crisis
Muchos son los profesionales y trabajadores en general que se han visto doblemente golpeados en estos tiempos “inciertos”, no sólo por la histeria colectiva que se ha generado con esta famosa crisis, sino también por la respuesta del empresariado ante este escenario. La posibilidad de usar y abusar de sus empleados con métodos de presión que rayan en lo ilegal y consumen al empleado física y emocionalmente.Es claro señalar que las lealtades y compromisos deben asumirse por ambas partes, pero en los tiempos que corren, es muy raro encontrar la respuesta recíproca de nuestros empleadores que se refugian en el alero del “Está muy mala la cosa” y ante lo cual no presentan incentivos reales que permitan a la persona que está siendo su soporte productivo, cobijar el compromiso como respuesta y se crea un tremendo descontento permanente que, insoslayablemente repercute en la manera de cómo mira su trabajo con cierta lejanía y lo asume únicamente como una fuente de ingresos, sin mayor entrega. Con lo anterior tenemos respuestas del trabajador, que muchos indicarían como cultura chilensis, como improductividad, esquivos laborales o también afán en muchos trabajadores de provocar daño a su fuente laboral, ya sea con robos u otras malas intenciones. Pero esta respuesta no es más que la cosecha de las malas prácticas de muchos empleadores.
Muchos se sentirán tremendamente identificados con lo que plantearé y probablemente señalarán “Esto me ha ocurrido o me está ocurriendo”. Estos personajes insensibles con sus prácticas, mantienen a personas trabajando por largos períodos de tiempo incluso años a honorarios, teniendo a su haber la posibilidad de desprenderse en cualquier momento del empleado sin tener que incurrir en indemnización alguna. Otros en cambio, para hacer el tema aún más en la línea de lo legal, contratan a personas por el sueldo mínimo, imponiendo también por la misma cuota y haciendo firmar a sus contratados, libros de control horario que por supuesto indican menos horas de las trabajadas. Amenazando a sus contratados que si no realizan esto, pueden optar por el camino fácil de la “puerta ancha”, pero ni siquiera son capaces de caducar un contrato para salir por la puerta ancha como corresponde, sino que empujan y obligan al trabajador a salir hastiado y renunciando para no asumir costos no computados.
Todas estas prácticas de estos bandidos que exigen por cierto, lealtad y compromiso a sus empresas, se ve completamente ajena en su respuesta indigna de tratos, honorarios y otros, dejando absolutamente de lado el tiempo entregado y el compromiso de aquellos, que incluso, dejan de lado familia con costos tremendamente altos para sus seres queridos, sólo con el afán de no perder su fuente laboral ante un escenario tremendamente incierto, en donde el ofrecimiento abierto del mercado, a veces, es igual o peor que su realidad actual. Y esto obliga al trabajador agachar la cabeza ante tanto abuso y seguir adelante en ambientes de tanta tempestad.
No se entiende claramente, cómo no existe una entidad verdaderamente fiscalizadora de estos bandidos, quiénes muchas veces se ríen de estos sistemas que no controlan en absoluto, que incluso imparte capacitación y cursos para estos inconcientes individuos que muchas veces asisten, pero que nada llevan a la practica, por eso es preciso tener entidades reales que puedan comprometerse con el trabajador. Esto no está solamente sujeto a las grandes empresas, como ya hemos conocido de sus abusos en multitiendas y otros, es también tema de las micro, pequeñas y medianas empresas, que se albergan en estas crisis para liberar a su antojo, sus malas prácticas.
Sabiamente escuché hace ya algunos años a un señor que decía “Jamás hay que entregarle los pulmones al futre”, yo no lo entendía por aquellos años, sin embargo hoy que he vivido unos cuantos, he aprendido a conocer muchos de estos personajes que este señor llamaba “Futre”, aunque yo los apodaría de otra forma, pero estaría ofendiendo, quizás, a personas de otra condición sexual.
Al mirar el entorno, es muy poco lo que se puede hacer, estos individuos lo encontramos por doquier, sin control alguno de ninguna fiscalización, su premisa es nadie es imprescindible y con esto dejan fuera todo valor y tiempo que una persona ante la necesidad de trabajo, pueda entregar. Debe haber otro tanto, que no creo que sean muchos que quedan fuera de este análisis, por cierto, buenas personas y de bien, respetuosos de sus subalternos, funcionarios y empleados y que no concilian con esta “mala práctica”.




































Comparto vuestro comentario, desgraciadamente trabajo en una empresa que tiene esta mentalidad y en este momento se está cometiendo una acción indigna al ofrecerles una mala negociación a algunos trabajadores para que dejen la empresa, Dios quiera esta negociación no prospere y estas personas se den cuenta que tienen derechos .El problema real es que los trabajadores no son respaldados por el empleador, ante reclamos de estos sobre sus administradores, que muchas veces actuan en forma irracional y desproporcionada cometiendo abusos en el trato cotidiano, esto lo se bien porque trabajo en el área de administración, he tratado de actuar a favor de ellos, pero no he logrado nada, incluso me he dado cuenta que mis compañeros que cometen estos graves errores de convivencia, comienzan a aislarme. Desgraciadamente esta es la mentalidad de muchos que creen que hacen un favor al dar trabajo, siendo que es un servicio reciproco, en bien del desarrollo de nuestros hogares.