¿Será raro que estemos liderando en Sudamérica el número de usuarios conectados a Facebook?, en realidad no debiera resultar inquietante la respuesta. Sí estamos liderando, el fenómeno se masificó más rápido que la gripe porcina por esa tendencia voyerista que tenemos los seres humanos y más aún los Chilenos que nos caracterizamos por ser, no diría un tanto, sino muy intrusos.
Saber qué pasó con la polola de tiempos liceanos, si el amigo de la universidad se casó con esa compañera que tanto te gustaba, si lo han invadido las canas o su situación económica es mejor que la tuya. Les aseguro que muchas de estas inquietudes sobrepasan en Chile la experiencia o la real utilización de esta aplicación. Por otro lado, y no hay que dejarlo fuera, está ese afán exhibicionista que a muchos los embarga, el querer mostrar o mostrarse en sus estados de ánimo y que otros deliberadamente pregunten “¿Qué te pasa amigo?”.
No es porque si entonces que lideramos las estadísticas cuando se trata de medirnos en estas redes sociales, largas horas tras la computadoras, horas extensas de trabajo y ese encuentro perdido del diálogo entre las personas hacen de estos fenómenos una moda. Moda que ha superado la capacidad de muchos a interactuar y comunicarse con otros de manera natural , acto perdido hasta en las parejas que hoy hasta se demuestran sus emociones por el mismo facebook , para expresar incluso, cuánto se aman o se odian y que se enteren todos sus amigos pero no los involucrados.
Muchos ya se han convertido en esclavos de estas aplicaciones, no dejan fotografía sin subir con las que podemos seguir una secuencia permanente de sus andanzas sin necesitar GPS. Pero cuánto hay de esa privacidad tan necesaria y tan propia del ser humano sin tener que ventilar a los cuatro vientos qué hago, qué hice o haré. Esa invitación virtual de amigos a tu vida sin hermetismo alguno de aquellos momentos que son tan tuyos y no es preciso que el colectivo se entere.
Esta moda de exponerse no es nueva, viene al igual que muchos virus de otros lares. Muchas ex (novias, pololas, esposas, etc.) desearían volver a nacer para borrar aquello que dejaron en registro con algún bailecito eroticón frente a la webcam, alguna fotito indecorosa, que sin pudor alguno entregaron en su momento al que sería o fue el amor de su vida, pero que en un punto atravesó la delgada línea entre el amor y el odio y pasó a ser su peor enemigo que con actitud vengativa divulgó por la red algo que fue tan privado. No será extraño para alguna hoy convertida en madre, que su hijo buscando en la sección vintage de los sitios eroticones tirados a porno amateur expresen “se parece a mi mamá cuando era joven” y lamentablemente en la red lo escrito con la mano no se puede borrar con el codo.
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