2010 no será un año más para los chilenos, sino aquel en el cual la Patria cumplirá dos siglos. Los calendarios de 2010 revestirán entonces un significado especial, lo que abre una oportunidad excepcional para el hermoso calendario que anualmente produce la Municipalidad de Valparaíso, a través de su corporación educacional, Cormuval. Ella procesa los trabajos que centenares de niños, alumnos de las escuelas públicas de Valparaíso, crean para participar en un concurso anual que se ha convertido en una tradición, cuyos ganadores obtienen como premio principal la reproducción de sus trabajos, de sus pinturas y acuarelas en las hojas de este colorido calendario.Ejecutivos de diversas compañías privadas percibieron las posibilidades que ofrecía este concurso para difundir imágenes queribles de Valparaíso visto con ojos de niños, sino también para promover a bajo costo la imagen de sus entidades como empresas con responsabilidad social. Sin embargo, la crisis que la economía empezó a vivir en la segunda mitad de 2008 llevó a algunas de estas empresas auspiciadoras a reducir o cortar el financiamiento que proveían para materializar esta iniciativa, con lo que el número de calendarios disponibles para su distribución gratuita a los establecimientos municipalizados, dependencias municipales y a miles que personas que quieren a Valparaíso y que recibían con especial cariño este regalo, hubo de ser drásticamente reducido.
Esta situación genera un círculo vicioso, porque el costo unitario de un impreso multicolor como ha sido por varios años este calendario depende en importante medida del tiraje, es decir del número de ejemplares que se produce. Cuando la orden de trabajo es de 30.000 ejemplares el costo unitario resulta sustancialmente inferior al que se debe cobrar cuando la tirada es de 20.000; y qué decir cuando llega sólo a 3.000 ejemplares.
Ahora bien, si uno toma en cuenta por un lado el cariño y el interés que suscita Valparaíso entre los chilenos en general e incluso en aquellos que viven desde hace tiempo afuera del país puede imaginarse el potencial que encierra la producción del calendario 2010 con paisajes de Valparaíso pintados por escolares porteños.
Si se acomete el proyecto de producir en gran escala el calendario 2010, se podría tener un ejemplar de costo muy razonable, digamos $ 2.500, el cual, si es comercializado en forma eficiente podría venderse digamos a $4000 y generar interesantes utilidades al intermediario, aparte de recuperar obviamente los costos de producción. Se nos figura que son muchas las personas que estarían dispuestas a apoyar las iniciativas de estas características. Cabría pensar en entregar la promoción y distribución y venta de este calendario a un concesionario que asegurara la recuperación de los costos, caso en el cual la ganancia para la Corporación y la Municipalidad serían obviamente la promoción del quehacer artístico de sus niños y el fortalecimiento de la imagen grata que prevalece en Chile y al exterior con respecto de Valparaíso.
Existe también la posibilidad de un trabajo mixto por así decirlo, en materia de distribución; por ejemplo, en el caso de Valparaíso mismo, ella podría ser confiada a los propios establecimientos educacionales, los cuales podrían obtener así alguna ganancia directa a favor de sus presupuestos siempre escuálidos, aprovechando la enorme afluencia de visitantes por motivo de los carnavales culturales y las fiestas de fin de año. La distribución en cambio en Santiago y el resto del país podría perfectamente quedar en manos de alguna empresa o concesionario que dispusiera de experiencia en estas lides. Imposible no pensar en alguna distribuidora que permitiera llegar con el calendario a los quioscos, por ejemplo, apoyada por una campaña de promoción por parte de Cormuval y del municipio que no significara un desembolso mayor en publicidad, sino en información a través de los medios periodísticos acerca del contenido y de la forma de confeccionar este producto.
Así pues, la crisis vivida este año por un lado y el advenimiento del bicentenario por el otro, parecen ofrecer una combinación propicia para que el calendario de Cormuval dé un salto adelante y se convierta en un producto de exportación que pase a ser esperado con interés año a año por miles de personas.
Debe tenerse en cuenta que en diciembre, en vísperas de la llegada del nuevo año, son muchas las personas que andan en la búsqueda de un regalo que sea de costo modesto, digamos $5.000, y que suscite simpatía y agrado en el beneficiario. Un calendario como el que confecciona Cormuval desde hace varios años y en el que cada mes aparece adornado con alguna imagen de Valparaíso vista por ojos de niños, constituye un acompañamiento seguro durante todo el año, que hará que el receptor del regalo recuerde en forma permanente a quien tuvo la gentileza de ofrecérselo, el cual por otra parte hará un gran negocio al obtener un resultado estupendo a muy bajo costo. Cabe pensar incluso que habrá empresas o instituciones que quieran encargar importantes partidas de este calendario para ofrecérselo a sus clientes.
No puede ignorarse que se trata de una apuesta que entraña algunos riesgos, pero ellos parecen razonables y las potencialidades son sustanciales. Habría que ponerse manos a la obra a la brevedad a fin de establecer la viabilidad de esta iniciativa, pero lo que parece inconcebible, por grave que sea la crisis económica, es interrumpir la producción de este calendario justo para el año en que la Patria cumpla su Bicentenario.

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