Hemos visto en el último tiempo como el gobierno ha invertido enormemente en infraestructura deportiva, renovando y modernizando estadios a lo largo de todo el país, algo que, sin duda, el deporte (más bien dicho, el fútbol) se merecía hace largo tiempo. Si vamos a Coquimbo o a la comuna de la Florida en Santiago, por ejemplo, podemos decir con orgullo que nuestros estadios son de los mejores de Sudamérica y tienen poco que envidiarle a los enormes coliseos Europeos, guardando ciertas proporciones, por supuesto.Hasta aquí todo bien, pero imagínese que al entrar a alguno de estos hermosos estadios, sufre un accidente y debe acudir al hospital más cercano, puesto que sus ingresos le impiden acceder al servicio privado de salud. ¿Sigue siendo todo “a la Europea”? No, y estamos bastante lejos de aquello. Probablemente usted sacará un número y esperará durante horas por una atención que, lamentablemente, no será la mejor. Nos daremos cuenta en poco tiempo de la falta de infraestructura y de profesionales de la salud, así como de la ausencia de recursos básicos como camillas, jeringas, y muchos otros accesorios. Observaremos médicos exhaustos por realizar turnos eternos, mujeres dando a luz en los baños, salas de espera diminutas y un sinfín de otras enormes fisuras que hacen que la salud en Chile deba caminar en muletas, o en silla de ruedas a estas alturas.
Y el problema no termina acá, si miramos ahora la formación de profesionales de esta área, también podemos notar una serie de deficiencias, que van desde la, a veces, escasa preparación académica hasta las paupérrimas condiciones en que los estudiantes deben realizar sus prácticas clínicas. Y aquí me refiero particularmente a la educación estatal: Que las universidades con mayor tradición de este país deban pelearse un cupo en hospitales que se caen a pedazos es una de las escenas más tristes que pueda verse. Las universidades privadas no presentan problemas en este aspecto por razones obvias, pero se debe poner atención en lo otro, lo académico.
Es válido entonces preguntarse si las prioridades del gobierno están bien enfocadas. Resulta impactante ver la cantidad de negligencias médicas que ocurren en el hospital de Talca y contrastar esto con los grandiosos estadios que se han construido.
Algún pensador más crítico podría llegar a inferir que, dado el arrastre masivo que tiene el fútbol, el gobierno ha renovado estos estadios para mantener a la ciudadanía contenta, ganando de paso mayor popularidad en las encuestas. Algo así como una inyección de anestesia, que nos mantenga tranquilos mientras el problema de la salud (y otros tantos) actúe, irónicamente, como la más mortal de las enfermedades. Y realmente no se necesita ser paranoico para llegar a deducciones de este tipo, las razones están a la vista.
Entonces: ¿Problema de prioridades o anestesia para las masas? A pesar de su importancia, la respuesta a esta interrogante pasa a segundo plano, lo primordial aquí es que la salud está enferma, y necesita un tratamiento de urgencia. Una hemorragia no se sana con un simple parche.
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