Poco antes de ser declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, en julio de 2003, el Congreso resolvió que nuestra ciudad Puerto sería la Capital Cultural de Chile. Aquello implicaba que Valparaíso sería la sede del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, organismo encargado de apoyar el desarrollo de las artes y la difusión de la cultura, contribuyendo a conservar, incrementar y poner al alcance de las personas el patrimonio cultural de la nación y potenciando su participación de éstas en la vida cultural del país.Han pasado casi seis años desde entonces y hoy vemos que lo que más ha resguardado el Consejo fueron las antiguas dependencias de Correos de Chile, donde se implementan básicamente políticas made in Santiago.
La concepción de una nueva institucionalidad cultural, que buscaba descentralizar el funcionamiento de las entidades estatales, y la señal de instalar su sede en Valparaíso, no ha pasado de ser mucho más que un gesto.
Lo cierto es que el reconocimiento de Valparaíso como un bien que constituye una riqueza de gran significado para el mundo, debiera implicar decisiones y responsabilidades que, a mi juicio, no hemos asumido como corresponde. Aparte de los presuntos malos usos de dineros destinados por el Banco Interamericano de Desarrollo por su nuevo status, en Valparaíso han faltado medidas audaces.
Junto con garantizar la sobrevivencia de íconos históricos de la urbanidad porteña -los troles, los ascensores- es necesario, entre otras cosas, establecer una Zona Franca Cultural, para liberar del pago de impuestos a los creadores de las diversas disciplinas artísticas y a las llamadas industrias culturales. Una resolución de este tipo podría dar a Valparaíso el sitial que no le ha dado la instalación del Consejo ad hoc mirando hacia la Bahía.
Asimismo, debemos estructurar nuestro quehacer en esa dirección, conviniendo que hasta ahora no hay grandes obras de restauración, rescate ni reciclaje de edificios ni barrios, ni políticas estratégicas en ese sentido.
Esto no tiene que ver con desinterés de las personas. El pasado Día del Patrimonio volvimos a confirmar que sí hay interés y una manera concreta de fortalecerlo sería conmemorando dicha jornada el último domingo de cada mes y no sólo una vez al año. El Artículo 19 de la Constitución Política asegura a todas las personas el derecho a la educación y define como una tarea del Estado fomentarla en todos sus niveles, estimulando la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la nación.
Lamentablemente, hoy las historias de nuestras comunidades -y con ellas, las propias, las personales- van desapareciendo tras la aplanadora del progreso. Es urgente aunar fuerzas y escuchar a las organizaciones ciudadanas que hace tiempo nadan contra la corriente,acogerlas y fijar criterios para que el “desarrollo” no signifique demoler el pasado, sino rescatar lo mejor de éste, para convivir con él. Yo quiero renovar mi compromiso con estas causas y convertirlas en una bandera de lucha en el Senado.
Francisco Chahuán
Diputado y Candidato a Senador V Costa
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