EL VUELO INTELECTUAL y ético de de los cerebros de la candidatura presidencial de Eduardo Frei Ruiz-Tagle es comparable al de una gallina. Un par de aleteos y se vienen de nuevo guarda abajo los pobres.
Ahora, movidos básicamente, claro, por cálculos electorales, están lanzados en una campaña de apoyo a la distribución a destajo de la píldora del día después. De esta manera quieren ganar votos en los sectores que se precian de ser más buena onda, más liberales, menos atadosos en materia del sexo casual, aunque se trate de menores de edad y el compuesto químico sea entregado a menores de edad a espaldas de sus padres.
Pero los genios de la campaña parecen incapaces de despegarse un centímetro de la visión puramente zoológica de los seres humanos. Porque los llamados progresistas parecen, en general, convencidos de que el tema involucra a vacas. ratas o conejas, sin detenerse a pensar que detrás de cada adolescente que llega a pedir la píldora de emergencia a un consultorio se esconde un drama que no se soluciona con el fácil expediente de regalarle una caja de pastillas.
A lo sumo les da a estos progresistas farsantes para visualizar a las solicitantes como mamíferos superiores en la escala zoológica, dotados de mayor inteligencia, digamos chimpancés, a las cuales es factible adiestrar para que eviten llegar nuevamente a situaciones extremas. No vaya a ser cosa que mes por medio anden exigiendo este combinado químico que es harto caro. La receta consiste entonces en entregarles más píldoras, ahora anticonceptivas, para que se las tomen 21 días al mes… y problema solucionado.
La educación sexual que estos políticos falsamente “progresistas” preconizan para nuestros niños y jóvenes no merece en realidad ese nombre, ya que se limita a un simple adiestramiento, semejante al que los domadores imponen a los animales de los circos.
La auténtica educación sexual apela al intelecto y la conciencia de los niños y jóvenes, ayudándolos a descubrir el desafío de respetar su cuerpo y desarrollar su capacidad de amar a fin de crecer como personas.
Pero esas son complejidades excesivas para los encargados de la campaña de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. ¡Y pensar que el padre del candidato tenía claro que el político, sobre todo si se proclama progresista, debe educar a las masas que lo siguen y aprovechar todas las oportunidades para elevar el nivel de conciencia de sus conciudadanos!
No faltarán, de seguro, los inteligentes que dirán que cuando llega una mujer a pedir la píldora, no es el momento para consejerías, sermones ni gestos de acogida, ya que lo único que interesa a la solicitante en ese momento es tragarse cuanto antes el bendito compuesto. Planteadas así las cosas, nunca habrá ocasión para llevar adelante programas de educación afectiva para padres e hijos, ya que siempre existirá la urgencia de apagar incendios y siempre será más fácil distribuir píldoras y condones y dar algunas instrucciones prácticas que meterse en honduras y complejidades más propias de seres humanos.
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