Por Michael W. Defoe
Según y de acuerdo a la Constitución Nacional de Hondura, el Artículo 239 dice lo siguiente:- “El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Vicepresidente de la República. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de toda función pública.”
Luego, el Artículo 374 prohíbe cualquier cambio que se haga a lo ya estipulado en la constitución en relación a los términos presidenciales que limita los años del presidente en poder:”-Artículo 374.- No podrán reformarse, en ningún caso, el artículo anterior, el presente artículo, los artículos constitucionales que se refieren a la forma de gobierno, al territorio nacional, al período presidencial, a la prohibición para ser nuevamente Presidente de la República, el ciudadano que lo haya desempeñado bajo cualquier título y el referente a quienes no pueden ser Presidentes de la República por el período subsiguiente.”
Si seguimos la regla constitucional de Hondura, queda claro entonces que la propuesta del referéndum que Zelaya propuso el día 24 de marzo de 2009 y que debía decretarse por el poder ejecutivo el día 28 de junio para hacer un referéndum nacional sobre subsecuentes cambios de la constitución nacional de honduras le daría la posibilidad de reelección presidencial.
Claro está que los 375 artículos pueden ser enmendados por dos terceras partes del congreso, pero ocho de ellos contienen firmas inviolables que no pueden ser enmendadas y estos ocho incluye los términos presidenciales. Por eso la Corte de Justicia Hondureña considero ilegal la movida de Zelaya lo que le costó el arresto y el exilio en Costa Rica, país desde donde pide su regreso al poder presidencial.
El lector pensará, y ¿por qué Zelaya empujó el plebiscito para un referéndum si se daba la posibilidad de que su reelección fuera invalida, según los ocho artículos constitucionales?
Todo se debe a la influencia bolivariana de Hugo Chávez cuando Manuel Zelaya anunció que Honduras entraba en la “Alternativa Bolivariana para las Américas” (ALBA). Organización latinoamericana que se autodenomina como el “comercio justo y bloque de justicia social que promueve el cambio económico entre naciones latinoamericanas de izquierda”.
La entrada de Hondura en ALBA lograría beneficios y subsidios de bajo interés de pago además de 25 millones de dólares en ayuda para desarrollo infraestructural de Hondura. Buena parte de ese dinero habría de ser pagado en materias primas, bonos y servicios exportados a Venezuela en el lapso de 25 años con el interés de tan solo 1%.
Dicha negociación, Chevés/Zelaya robustecería la presidencia de Zelaya poniéndolo en control económico de los sectores claves de la economía nacional del país.
Este plan lograría ciertas mejoras sociales para el empobrecido sector indígena, lidiaría contra la corrupción oligárquica, corporaciones y transnacionales, espejo washingtoniano de otrora.
Alivianar la violación de los derechos humanos y domeñar el crimen hondureño que es uno de los más altos de Centro América, amén de que Hondura es unos de los países más empobrecidos del hemisferio y la intención era subir un peldaño más.
Por supuesto que este comercio bolivariano se presentaba como algo positivo, tal vez como algo sabroso para un posible cambio constitucional del país que haría el truco de alivianar y conseguir nuevas reformas sociales, aunque sea de mentira ya que la política latinoamericana en Centro América, según lo demuestra la historia, funciona como un edificio en construcción: “nunca termina de levantarse”, de acuerdo a palabras del escritor Carlos Fuentes. Pero ya vemos en cuestión del momento, que el colectivo burócrata hondureño, incluso buena parte del pueblo más desposeído no aceptó tal enmienda y decidió cortar por lo sano en base a las garantías que entregaba la constitución del país.
El “cambio” de la revolución chaviana al referéndum hondureño fue de absoluto rechazó, a pesar del jugoso tratado de ALBA. Pues, no logró tocar el espíritu revolucionario del pueblo, y quizás esa decisión fue respuesta y remanente del trauma-colectivo de la horrenda experiencia de los años “invasores” de Regan. Esto es teniendo en cuenta que en honduras los escuadrones de la muerte mataban sin discriminación alguna a la población indígena que había sido contaminada con ideales-marxistas y que ahora el mismo ideal con Zelaya amenazaba cortar los privilegios y libertad de acción de la misma elite-oligárquica y burócrata que desterró a Manuel Zelaya.
Queda claro que este golpe de Estado, no fue causado por los “intereses imperialistas norteamericanos”, y que bueno que así sea porque no todo viene de arriba para castigar los de abajo, aunque no faltará quienes digan lo contrario.Tampoco se podrá decir que el presidente Obama le hace juego al cinismo político de su administración al pedir que se restaure al trono a Zelaya, pues, a Obama le conviene políticamente la pacificación de las republicas centro americanas en fe de sus apostólicos llamados a la paz y democracia global.
Por otra parte, Hugo Chávez, inhabilitado de acusaciones contra su homólogo norteamericano, no le quedó otra que pedir a Obama que intervenga a favor de Zelaya (y a la espera de que Obama haya leído su regalito galeano…) y anuncia que hará todo lo posible, incluyendo el desplazar fuerza militar si el convoy de político que mandó a honduras fuera detenido, todo esto, para que Zelaya regrese al país y retome su contrato presidencial.
Este golpe de estado en Honduras, de alguna manera demuestra que no todo en latinoamérica es bolivariano, chavista o populista de izquierda, aunque la misma pobreza es ya un indicio suficiente para operar dentro del campo ideológico de izquierda como opción. Por otra parte, ese campo ideológico se presenta contradictorio sea bien por el deterioro de la economía venezolana desde que Chávez tomó el poder como algo sintomático de la afinidad política que tiene con su papá Fidel Castro que ha mantenido la isla con cincuenta años de dictadura militar.
Por cierto que esa evidencia histórica es una violación a la libertad del hombre y democracia de cualquier nación que se pone en jaque con ideas ideológicas y que no permiten otras opciones más tolerantes, libertarias y democráticas para levantar a un país.
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