Lo que está pasando en Corea del Norte es grave, pues las últimas pruebas nucleares y balísticas suponen una amenaza para la seguridad de un mundo que -aunque se haya acabado la Guerra Fría- siempre será vulnerable frente a las armas de destrucción masiva, y un desafío político y diplomático de aristas muy complejas.Aunque sabemos muy poco de lo que pasa en Corea del Norte, hay alguna coincidencia entre los analistas en que el régimen comunista -un arcaismo vetusto que no fue alcanzado por el deshielo pos caída de la Unión Soviética- tiene por prioridad número uno, perpetuar a como de lugar su poder en un país pobrísimo y lleno de problemas humanitarios.
Por eso la política de Pyongyang de gastarse todo lo que tiene en desarrollo nuclear responde a crear una coraza de aislamiento que le permita tener una amenaza sobre sí que aune a los norcoreanos. Por lo mismo, es de esperar que Corea del Norte no juegue con la posibilidad concreta de una guerra, pero debe tensionar la situación internacional para que así parezca.
A Estados Unidos, Japón y Corea del Sur no le queda otra opción que responder al desafío, por la vía de las sanciones económicas y la diplomacia, lo que lo deja atado de manos en cuanto a la iniciativa beligerante y deben adoptar la templanza para evitar ceder en la guerra de nervios que les plantea su rival. Al menos en Estados Unidos los halcones no han graznado gritos de guerra.
No es fácil, pues saben que el objetivo final de Corea del Norte es negociar, ganando beneficios económicos que les permita aliviar la penosa situación económica del país, que es algo que finalmente tendrán que ceder, a no ser que quieran enrojecer más el conflicto. Esto tendrá un costo para la administración de Barack Obama, el que se medirá en grados de desprestigio por “debilidad”, lo que condiciona su actuar frente a cualquier otro desafío lanzado por los enemigos de Estados Unidos.
Por eso es tan clave para Estados Unidos lograr la meta diplomática de una condena universal y categórica contra Corea del Norte, pero tampoco es fácil, porque ni Rusia ni China quieren ceder el protagonismo internacional de Estados Unidos en una zona geográfica que es de su influencia directa, por lo que no pareciese como viable que Pekín y Moscú aparezcan detrás de un Washington líder en asuntos internacionales, a menos que Obama “pague” ese liderazgo, cediendo en otros asuntos concernientes a otras regiones, lo que finalmente lo terminará debilitando igual.
En síntesis el mundo no está ad portas de una guerra nuclear -incluso es posible que Corea del Norte no tenga aún (pero lo tendrá) la teconología para poner ojivas nucleares en misiles con posibilidades de llegar a blanco- pero se ha establecido un empate terrorífico que agrega una fuente más de amenaza en momentos en que la situación global es -en lo inmediato- compleja por la crisis económica -y en lo mediato- por otros problemas graves como el calentamiento global, que requiere de estabilidad y entendimiento para solucionarse.
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