¿El valor de educar?

Publicado el jul 13, 2009 | 11 Comentarios

Por : Arturo Jaque Rojas

A la luz de la relectura de un texto como es el “El valor de educar”, del celebérrimo Fernando Savater, formuló algunas consideraciones pertinentes, a mi modesto entender.

Como primera consideración, cabe señalar que en términos ideales la educación no es desde ningún punto de vista un negocio. Por consiguiente, el Estado tiene un rol indispensable e irrenunciable para garantizar la calidad e igualdad de oportunidades educacionales, las que se brindan en las escuelas y liceos “bajo su tutela”.      En consecuencia, su intervención no se ha de limitar solamente a los aspectos burocráticos generales, sino que también debe supervisar y aportar, con rigor, profesionalismo, sentido de proactividad, un criterio de modernidad y modernización permanentes y la gestación de una carrera funcionaria para quienes desempeñan su tarea de educar, todo lo cual tiene que verificarse al interior del aula.

El devenir del sistema se juega en la sala de clases, donde realmente importa que se cumpla a ciencia y a conciencia con todas las exigencias impuestas para conseguir el objetivo de igualar y promover a los sujetos que proceden de las diversas clases sociales, a través de una enseñanza a la altura de los requerimientos del país y de la época, que es nuestro telón de fondo.      Por demás, resulta impostergable el estudio acucioso del aumento de la inversión en este ámbito -con todos los controles y mecanismos de evaluación y fiscalización que sea necesario-, ya que, ciertamente, huelga decir que no es suficiente para la superación de las diferencias abismantes.

Una de las manifestaciones más evidentes de la brecha entre la educación particular y la pública la constituyen los resultados del SIMCE y PSU durante los últimos años.    A su vez, no se puede perder de vista que el fin último de la educación es la formación integral de seres humanos, de acuerdo con la sociedad en que han venido al mundo, con toda la carga y el sello cultural subsiguiente; función que recae en personas que poseen la experticia para trasmitir ciertos saberes que la sociedad humana ha acumulado y que reputa necesario e imprescindible hacer llegar a las nuevas generaciones.

Sin embargo, dentro de lo que es la lógica con que opera cada sociedad, con toda la unilateralidad que conlleva, es preciso pensar en que debe abrirse a una visión universalista, para que no signifique repetir los feroces y acerados condicionamientos étnicos, religiosos, sociales o políticos; entre ellos, por ejemplo, educar para perpetuar la discriminación de la mujer, o para dar pábulo a rencores y odios entre pueblos, como el chileno y el boliviano. La clave, podría ser poner de manifiesto cuáles son las notas constitutivas del ser humano que nos aproximan y nos permiten entrar en comunión y mancomunión.

En otro sentido, uno de los quebraderos de cabeza a resolver es el tema de la disciplina y su permanente desdibujamiento. Pienso que los encargados de la administración de los establecimientos municipales, desde el Mineduc, pasando por la Seremía, la Dirección Provincial y la Corporación Municipal respectiva, dentro del marco de referencia del nihilismo y relativismo que se han colado y entronizado en nuestra comunidad, actúan con mano blanda y aplican la política del borrón y cuenta nueva. Me pregunto -y, por supuesto pregunto frontalmente a dichas personas-: ¿En sus hogares permiten que sus hijos impongan la ley de la selva, en el sentido de arrollar la autoridad de los adultos que allí viven? ; ¿si una vez que han cometido una falta menor o grave, no se preocupan de impartir un correctivo justo para que el infractor, mediante el reconocimiento de su culpa, encuentre el perdón de sus padres y la reincorporación dentro de su grupo familiar; o lisa y llanamente, los dejan en la impunidad más absoluta, para vacar a sus anchas por la vida?       Por demás, cabe aseverar: que el respeto por la infancia y juventud es sagrado; por su derecho a dar opinión y voto, en ciertos asuntos en que sea posible requerirlo; y que no es tolerable ni aceptable, marginar o privar de la educación a un adolescente o infante como una medida de punición.

Pero-, siguiendo a Savater- considero oportuno y una responsabilidad irrenunciable, inculcarles el principio de realidad; vale decir, que no son el centro del universo; que no todo en este mundo se hace por espontaneidad; que hay leyes, reglas y normas, que es fuerza respetar para no provocar la desintegración del tejido social; y que si no aprenden por la buena: la sociedad se encargará de enmendarles la plana, subsanar las deficiencias de arrastre, en el peor de los escenarios concebibles.

Sería importante que cada cual se esforzara para hacerse cargo de la trascendencia de la educación, aunque hay que aclarar: que, entre otras motivaciones, se trata de despertar el interés por la lectura del libro que sirve de pretexto a esta cavilación. Sobre todo, es preciso plantear que conviene hacer las cosas para que el margen de la improvisación y el error sea minimizado; ya que es uno de los ámbitos donde no conviene cometer yerros peregrinos o gratuitos. Por el contrario, es recomendable y necesario pensar con escrupulosidad los pasos que se van a dar, pues es demasiado lo que está en juego. De lo contrario, se puede hipotecar el más grande capital con que cuenta un pueblo, para edificar un porvenir de grandeza: las personas.


Participa activamente en nuestro medio - Opina sobre este artículo

Granvalparaiso.cl es potenciado por el Hosting en Servidores VPS de Hostname.cl