Por Rafael Garay
En los últimos días fuimos testigos de la última baja de tasa de política monetaria del Banco Central. Esta, se fijó en 0,5%. En aquella oportunidad señalé que el efecto sobre las personas sería más bien marginal, y que, en el caso de las empresas –fundamentalmente las de mayor tamaño con capacidad de licitación de créditos- .
Sin necesidad de dar nombres específicos, no por precaución, sino por lo extendida de la práctica, los invito a analizar la evolución de tasas de tarjetas de crédito, las que rondan aún el 4,0% mensual. Esto significa que los efectos de varias de las rebajas de tasas han sido, en términos estrictos, cero.
Frente a esto, es importante entender que las tasas son de fijación libre, con el tope que establece la ley a través de la tasa máxima convencional para operaciones de corto plazo. Creo que en esta oportunidad, las instituciones financieras están siendo demasiado conservadoras, demasiado temerosas frente al riesgo, y están generando altas utilidades y trabas al flujo normal de los créditos. Veamos qué dirá la autoridad actual, y cuáles serán las posturas de los candidatos presidenciales frente a lo que considero un entorno de excesivas ganancias para operadores grandes, a costa de sacrificios de las personas y de las empresas más pequeñas. Esto es lamentable, es una transferencia neta de riqueza desde sectores más vulnerables, hacia conglomerados más poderosos. Y ahora ¿quién podrá defendernos?
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