A los Mapuches les pido: Reformemos juntos las empresas chilenas.

Publicado el jul 28, 2009 | 2 Comentarios

“Hoy que el fuego y la ambición, arrasan rucas y ranchos; cuelgo mi flor en sus ganchos
como roja maldición. Y con profunda aflicción voy a ocultar mi pesar, en la selva secular, donde mis pumas rugieran, donde mis indios me esperan, para ayudarme a llorar”. Si los 4 Hermanos Silva cantaron hoy El Copihue Rojo, esta terminaría con “… ayudarme a luchar”.Así es, luchar es lo que caracteriza hoy a este milenario movimiento de empresarios campesinos, productores eficientes con su modo de producción familiar-comunitario; pocos habitantes rurales no mapuches pueden vivir con 5 hectáreas que es el promedio de sus propiedades.
Inspirado en Bengoa, llamo ‘modo de producción familiar-comunitario’ aquel que permite a muchas familias nucleares entrelazadas por parentescos, en el ancestral territorio de un Lof o Barrio, practiquen múltiples intercambios de bienes y servicios; el que tiene lanas negocia con el que tiene telar y quien hace el poncho negocia con el que sale a vender los excedentes. Y así con los animales, los productos de la huerta y chacra y la fuerza de trabajo o mingako o vuelta de mano o la mediería con la tierra. Estos mercados locales, entrelazados con otros vecinos, funcionan con la regla de la reciprocidad. Dicha regla, regla de oro de la sociedad mapuche, genera un capital de confianzas interpersonales base de cualquier economía; en este caso, dada su alta cuantía contribuye a la eficiencia por los bajísimos costos de transacción que genera, lo cual se suma a las economías del transporte.
La reciprocidad en que “….todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mt. 7, 12), es reafirmada en cada guillatún.
La falta de reciprocidad con los hermanos y hermanas, con su propio cuerpo o con la tierra es recordada por la machi como etiología o causa de estrés crónico y enfermedad. Tal vez por eso la diabetes y otras patologías crónicas se dan mucho menos en los campesinos y campesinas mapuches.
Los mapuches urbanos, cuando son asalariados, llevan a las empresas donde participan su cultura de la reciprocidad, la cual conecta fácilmente con la socialización de la empresa, tendencia fundamental de la modernidad pues las hace más competentes para producir bueno y barato; además de hacerlo sustentablemente por respetar el capital humano y ambiental.
El movimiento mapuche, por su larga crítica a la encomienda y al inquilinaje representa un nuevo tipo de empresa, tanto como asalariados que van tras compartir la gestión como cuando son empresarios que se obligan a compartir la gestión.
Dada la reciprocidad, el capitalismo actual entre los mapuches es imposible pues la acumulación individual esta limitada; ellos tienen unas relaciones sociales de producción controladas por la sana envidia, sentimiento noble que obliga al que gana a repartir, pues la ganancia es siempre social; el que no comparte es envidiado, arriesga perder el cariño del otro y enfermarse por desnutrición afectiva.
Los mapuches luchan hoy por expandir en la ciudad su modo de producir y convivir y eso a Chile le conviene, le hace bien.


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