En Viña del Mar, lo mismo que en otras importantes comunas del país, comienza a imponerse un criterio básico de justicia y racionalidad, en orden a que las calles existen para desplazarse y que quien las usa para estacionarse, pues que cancele minuto a minuto
Raúl Gutiérrez V., periodista
Viña del Mar, agosto de 2009
ME GUSTARÍA MUCHO tener un piano de cola en mi departamento. Aunque no sepa yo tocar ni el timbre, no cabe duda de que imprimiría un toque de distinción a mi hogar. Lo malo es que no lo puedo comprar, y no porque no pueda pagar su precio, que a estas alturas de mi vida me podrìa dar el lujo, sino básicamente porque no dispongo del espacio para albergarlo.
Decenas de miles de personas se compran un automóvil sin tener dónde estacionarlo y parten de la base de que poseen el derecho inalienable de dejarlo en las noches o en general cuando no lo ocupan al frente del edificio o de la casa en que habitan. Eso pudo ser cierto 20, 30 o 50 años atrás cuando el número de móviles era escaso. Pero a medida que el número de móviles aumenta en forma exponencial, empujado por una política criminal que no privilegia el transporte público y no toma en cuenta el medio ambiente, ni la calidad de vida en las ciudades, ni los intereses de los peatones, el espacio disponible en las calles escasea y la situación va camino de tornarse inmanejable.
En los condominios, los dueños de automóviles se estacionan sobre las veredas e incluso sobre los jardines, y hasta en la cancha de tenis o al lado de la piscina. En los estacionamientos de los templos del consumo, que eso son los malls, los descriteriados no sólo ocupan los estacionamientos destinados a los inválidos o las mujeres embarazadas o los ancianos, sino que, al no encontrar espacio, se instalan en las pistas de desplazamiento, provocando tacos y graves riesgos.
USANDO LAS CALLES PARA ESTACIONAR
Viña del Mar y Valparaíso son un par de ejemplos dramáticos de lo está pasando en el país entero. Abundan los antisociales que se estacionan al llegar a la esquina, con lo que impiden la visual y exponen a los conductores -ellos mismos cuando ponen en marcha su vehículo- que llegan a una esquina con disco pare. Como resulta imposible darse cuenta de si se aproxima otro vehículo hacia la intersección, no queda otra que tirarse a la aventura. Cabe agregar que las calles con tres carriles en la llamada Población Vergara, centro de Viña del Mar, son utilizadas básicamente para estacionar, ya que los vehículos se instalan junto a las veredas izquierda y derecha, con lo que dejan disponible apenas un carril para el desplazamiento de los móviles, el cual es permanentemente ocupado además por quienes se tratan de ubicar o van saliendo de sus lugares de estacionamientos, con lo que el tráfico se enlentece hasta la exasperación. Tenemos entonces que las calles no están hechas para circular, sino para estacionarse, un absurdo a ojos vista.
En Valparaíso, en especial en los cerros más turísticos, los escasos espacios para estacionar son ocupados a menudo por personas que llegan temprano a sus trabajos y se retiran a última hora en la tarde, impidiendo de esta manera una sana rotación. Es decir, de nuevo, utilizan un espacio tremendamente escaso, no para circular, no para estacionarse por breve lapso para cumplir alguna diligencia o hacer alguna actividad acotada, sino como si fuese propiedad privada.
Si yo no tengo donde guardar el auto y si quiero salir con el vehículo a congestionar y contaminar porque privilegio antes que nada mi comodidad, pues bien, que pague a la comunidad por las externalidades negativas, así se llama en términos técnicos, que yo ocasiono, lo cual supone pagar por el tiempo que utilizo la calle como estacionamiento. Y si carezco de los medios para hacerlo, pues bien, no puedo tener automóvil, por la misma razón por la que yo he debido renunciar a mis pretensiones de instalar un piano de cola en mi departamento y deseché hace tiempo el sueño de tener un velero estacionado en el club de yates frente al edificio en que vivo en Recreo. Lo demás es cháchara demagógica.
CAUTELANDO EL BIEN COMUN
Por eso es que me parece digno de aplauso, es decir plausible y encomiable que la Municipalidad de Viña del Mar se haya decidido a licitar los cupos para estacionamientos en las calles de la llamada Población Vergara, es decir en el centro de la ciudad. Ello le permitirá asumir algún control sobre esa muchedumbre de personas que ejercen como cuidadores informales, en su mayoría cesantes disfrazados, algunos de ellos delincuentes, los cuales cobran por sus supuestos servicios. Porque no es cierto que estacionemos de forma gratuita en las calles del Gran Valparaíso: al momento de partir, los conductores casi siempre se encuentran con alguien que hace aspavientos de ayudarle a salir, aunque no lo haya visto al llegar, y que extiende la mano para recibir algunas monedas. El monto de la propina es en ocasiones, sobre todo en las noches, fijado en forma arbitraria por estos “cuidadores”, quienes en ocasiones exigen incluso el pago por anticipado, aparte de utilizar el espacio público para lavar vehículos y otras actividades menos recomendables.
Al licitar los cupos de estacionamientos en las calles, seguramente la autoridad tomará en cuenta que no puede destinar para estos fines ambos lados (izquierdo y derecho) de una vía, a menos que ésta sea muy ancha. Ello redundará en una mayor velocidad y en condiciones más seguras de desplazamiento de los móviles.
De otro lado, quienes dejan estacionados sus vehículos durante toda la jornada laboral tendrán que pensarlo dos veces, lo cual favorecerá el uso de los colectivos y una utilización más racional del automóvil particular, incentivando a los vecinos a ponerse de acuerdo y compartir el transporte, en lugar de insistir en la utilización de enormes 4×4 con un solo pasajero a bordo. Todo ello no puede menos que merecer el apoyo de quienes tienen conciencia ecológica y están informados de que eso del calentamiento global no tiene que ver con la conducta sexual de los chilenos, sino que constituye una amenaza gravísima para el futuro de nuestros hijos y con mayor razón de nuestros nietos.
La medida proveerá algunos ingresos adicionales a la municipalidad de Viña del Mar, lo que podría despertar el afán de imitación de las comunas adyacentes. No debiera traducirse en mayor cesantía pues para cubrir jornadas de 12 horas diarias (de 9 a 21 horas, de lunes a domingo) se requiere más de dos personas por cuadra.
En consecuencia, es de esperar que las presiones de los populistas, aprovechadores e inconscientes, no arriben a puerto y que muy pronto este sistema se imponga en Viña de Mar lo mismo en Valparaíso, donde sufrimos graves problemas de congestión, pese que la ciudad puerto dispone de unos cuantos estacionamientos subterráneos. Entre esos populistas que degradan la actividad política es preciso mencionar al diputado Rodrigo González, de triste memoria como alcalde de de Viña del Mar, cargo del que fue destituido hace años y no precisamente por un desempeño impecable, y otro diputado que en su sueño imposible de convertirse en senador no escatima acciones mediáticas.
Está el problema, claro, de los residentes, que creen tener derecho constitucional a estacionar sus vehículos en la calle frente a la puerta de su casa o edificio. Pues bien, eso constituye simplemente un abuso: cuando compraron o se instalaron a vivir en esa casa o departamento, debieron haber considerado que carecían de estacionamiento. No tenían por qué suponer que siempre iban a disponer de un espacio para dejar su móvil. (¡Los propietarios de departamentos que cuentan con estacionamiento deben pagar contribuciones incluso por ese lujo!) Pues que vendan su automóvil o que arrienden un estacionamiento en las proximidades.
El principio que me parece clarísimo, racional y de bien común, es que las calles, que son un bien tan escaso, sobre todo en ciudades de topografía complicada como son básicamente Valparaíso y en menor medida Viña del Mar, están hechas para circular y no para estacionarse. Y el que quiera usarlas para estacionarse, pues que pague.
EL TRIUNFO DE LA RACIONALIDAD
Felizmente, pese a la gravitación que tienen en nuestro país los demagogos y populistas, la vigencia de estos criterios se va imponiendo por doquier. “Si un santiaguino suele estacionar por varias horas en algunas de las vías más céntricas de Las Condes, en adelante deberá pensarlo dos veces, pues en 22 calles de la comuna comenzó a regir un sistema de tarificación con cobradores humanos”, informaba a fines de julio la prensa capitalina.
El jefe comunal dijo que el espíritu de la disposición es “desincentivar la ocupación permanente” de estacionamientos que ocurre en estas zonas, para que haya “una mayor rotación”. Allí los autos “llegan muy temprano y se van muy tarde. Esa presión afecta la calidad de vida de estos barrios”. Respecto de la situación de los residentes de esas calles, el alcalde advirtió que el cobro es para todos, ya que se supone que ellos tienen estacionamiento en sus casas.
¡Aleluya, la sensatez y el sentido de equidad se van imponiendo!
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