La Suprema avala ahora secuestro de párvulos

Publicado el jul 30, 2009 | 11 Comentarios

Fallo favorable a chilena que engañó a padre de parvulito agrava desprestigio del alto tribunal y estimula a otras mujeres irresponsables y egoístas a imitar una conducta criminal

 

La buena noticia, que surge a fines de julio,  es que el gran número de casos en que el aparato judicial y administrativo ha abusado de papás e hijos, violando así los derechos humanos de un importante número de ciudadanos, ha servido para crear conciencia de que no es posible mantener este horror.AMOR DE PAPA, que lucha por la efectiva igualdad de derechos para hombres y mujeres, ha conseguido el compromiso formal de dos de los candidatos que aparecen con mayores posibilidades en las próximas elecciones presidenciales, los señores Sebastián Piñera y Marco Enríquez-Ominami. Ambos se han comprometido, en caso de llegar a la Presidencia, a promover las reformas legales y administrativas indispensables para terminar con tanto abuso y discriminación en perjuicio de miles de menores, incluso bebitos, situaciòn que daña el alma de Chile y estimulan la maldad e irresponsabilidad de mujeres despechadas o desquiciadas.

Quienes no han pasado por esta experiencia límite no saben lo que significa ni, tampoco, el riesgo a que están expuestos como padres, hermanos, tíos, abuelos. Si les toca en forma directa o través de un familiar cercano saber lo que significa ser exiliado de un hijo por parte de jueces ineptas o resentidas, carentes de todo sentido de justicia o del más mínimo criterio de equidad, entonces se darán cuenta que no hay en esta columna ni una pizca de exageración.

 Raúl Gutiérrez Valenzuela, periodista
Julio de 2009

APENAS UN PAR de días después de haber rebajado a tan solo 500 días la pena, remitida, es decir sin cárcel, a los responsables de un jardín infantil que pusieron una mordaza en la boca de un bebito para que no siguiera llorando, ocasionándole la muerte, la Corte Suprema ha emitido un nuevo fallo que comprueba que ella es un peligro para la infancia y la niñez en nuestro país, al igual que en otra época fue cómplice de torturadores y violadores de los derechos humanos.

En un fallo que sugiere la conveniencia de recurrir a organismos internacionales para proteger la integridad física y psicológica de nuestros niños, la Corte Suprema dio el favor a la secuestradora de un españolito de cuatro años, anulando los pronunciamientos de los respectivos juzgado de familia y corte apelaciones

La favorecida por este supremazo fue una ciudadana chilena que partió hace tiempo a España, donde vivió diez años y engendró un hijo con un nacional de aquel país. Algún tiempo atrás obtuvo el permiso del padre de la criatura para traerla por algunas semanas de visita a Chile, pero una vez acá dio a conocer su decisión de quedarse indefinidamente aquí. En otras palabras, sacó al españolito a la mala de Europa, burlándose de la buena fe de su ex pareja.

Esta decisión unilateral fue denunciada por el padre del niño, acusando a su ex mujer de secuestro, exactamente lo que hacen muchas mujeres cuando los padres incurren en la misma conducta. El Tribunal de Familia y luego la Corte de Apelaciones respectivos dieron el favor al padre de la criatura, pero la Corte Suprema decidió dar un vuelco y aprobar la conducta de la mujer, condenando de esta manera al padre a vivir separado de su criatura.

CORTE SUPREMA, MAXIMO DESPRESTIGIO
La verdad es que desde hace mucho tiempo la Corte Suprema de Justicia es una de las instituciones más desprestigiadas del país, según lo comprueban en forma sistemática y abrumadora diversas investigaciones de opinión pública.

Décadas atrás, cuando en Chile se instauró una brutal dictadura, el máximo tribunal cerró los ojos cobardemente ante las tropelías que se perpetraban en materia de derechos humanos e incluso llegó a justificar tanto horror, pese a los corajudos esfuerzos de algunos jueces y ministros de tribunales de alzada.

Con el advenimiento de la democracia la Corte Suprema ha ido renovando sus integrantes, pero no su espíritu, por lo que ha sido incapaz de recuperar el mínimo de prestigio moral que una instancia tan elevada debe tener para legitimarse ante los ojos de los ciudadanos.

Se diría que al acceder del máximo tribunal, los jueces sufren una extraña regresión intelectual y sobre todo ética. Pasan a convencerse de que sus atribuciones les han sido concedidas no por el pueblo, sino directamente por alguna abusiva divinidad y, por lo tanto, actúan de manera errática y arbitraria, seguros de gozar de una impunidad absoluta.

Muchos abogados plantean en voz baja críticas demoledoras al máximo tribunal, pero no se atreven a liquidar sus carreras. También los periodistas son presa del miedo, de modo que, entre ellos, sólo un padre que conoce lo que es el dolor de verse exiliado de su hijo puede tener el coraje de denunciar tamaña perversión, aun a riesgo de quedar a merced de quienes no vacilarían en convertirse en jueces y parte al mismo tiempo.

Algún legalista o leguleyo retrucará que los postulantes a la Suprema son seleccionados por el Gobierno y deben ser aporbados por el Senado, aparte de que los ministros de ese tribunal peuden ser objeto de una acusación constitucional y destituidos por el Congreso. Sin embargo, la designación es un mero trámite, que se basa en los acuerdos cupulares de los partidos políticos y un examen casi escolar ante los senadores, nada parecido del severo escrutinio público que tiene lugar en Estados Unidos; y en cuanto a la destitución, se trata de un intento casi imposible y que requiere asimismo el acuerdo de las cúpulas de los partidos, otras instituciones cuyo desprestigio y falta de legitimidad compite con el de la Corte Suprema. En definitiva, los ciudadanos quedamos en la indefensión.

Fluye entonces que una de las razones más sólidas para favorecer una asamblea constituyente en Chile que modifique sustancialmente la Constitución que nos rige, es el imperativo de reformar el sistema judicial y en especial la Corte Suprema. Es imperioso que sus integrantes respondan por las decisiones que adoptan y no sigan considerándose semidioses, habilitados para perpetrar brutales agresiones contra la justicia y los derechos humanos.

PREJUICIOS DECIMONONICOS
La mujer que obtuvo finalmente este fallo a su favor ha señalado que acaba de recuperar su confianza en la justicia humana y la divina, aduciendo que no habría sido ella, la madre, capaz de retornar a Barcelona donde permaneció largo tiempo, estableció una relación de pareja y decidió convertirse en madre de la criatura, ya que de vuelta en Chile se percató de que allá  en Europa las condiciones de vida son muy difíciles e ingratas. O sea, no habría estado dispuesta a sacrificarse por su hijo para asegurarle la cercanía del padre del parvulito ni para permitirle a éste que se criara en la patria donde nació.

Esa argumentación abusiva y egoísta ha sido bendecida por el tribunal máximo del país y es la que utilizan muchos tribunales de familia, donde a despecho de la supuesta igualdad de derechos de los sexos que prevalecería en Chile y de todos los tratados contra la discriminación sexual, los papás varones continúan siendo subvalorados y vejados, lo que repercute sobre el bienestar de muchos niños.

Esta situación obedece a la persistencia del prejuicio decimonónico de que los niños necesitan básicamente para su desarrollo físico, intelectual y espiritual estar cerca de la madre, en tanto que del padre se puede fácilmente prescindir. Es la mentalidad de las rabiosas feministas que proliferan en las instancias de poder y de varones que les sirven de tontos útiles. Aparte de mostrar una ignorancia criminal de todo el desarrollo de la psicología moderna, la cual realza el papel clave del padre, por presencia o ausencia, en la formación de niños y niñas, estos jueces dejan en la indefensión a los varones que aman a sus hijos e incentivan, por el contrario, a muchos hombres a desentenderse de sus hijos para evitarse los dolores y ultrajes que situaciones de este tipo les pueden ocasionar.

JUSTICIA DIVINA
La “triunfadora” ha pretendido que con este caso “se ha hecho justicia divina”. Cabe esperar, sin embargo, que la justicia de Dios, que es Padre para los cristianos, sea de bastante mayor calidad que la de los integrantes de la Corte Suprema.

Justicia Divina sería, señora, que, llegado a la adolescencia, su hijo descubriera el inmenso egoísmo que la llevó a usted a actuar a usted de este modo y le diera la espalda, no queriendo saber más de usted. O que usted se diera cuenta, desesperada, de que, a diferencia de lo que postulan las feministas de clítoris beligerante, educar y encauzar a un niño sin la presencia del padre es tarea bastante ardua para una mujer que al mismo tiempo quiera desarrollarse como persona.

El juicio que muchos hijos hacen de la conducta de sus madres constituye un castigo demoledor para numerosas madres que separan a sus hijos de los padres con el objeto de vengarse por agravios personales, supuestos o reales, que sufrieron ellas en su relación de pareja. Intentar transferirlos al hijo, sobre todo cuando se trata de un parvulito, constituye no sólo una demostración de egoísmo y cobardía, sino de insensatez, que se termina pagando caro por más que sea cohonestada por jueces ineptos o irresponsables.

Justicia Divina sería que usted fuese convocada a dar cuentas de por qué usted, que decidió tener una criatura con ese hombre al que en los tribunales y los medios de comunicación, denigró, se sintió autorizada para hacerlo víctima de una injusticia tan grande como separarlo de su hijo, al tiempo que se presentaba como víctima en Chile.

Muchos padres chilenos que se han sentido vejados con el fallo con que la Corte Suprema la favoreció a esta dama y que temen que estimule a numerosas mujeres egoístas e irresponsables a imitarla, desean en verdad que a la postre se haga justicia divina en este caso.


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