No basta traerlos al mundo / porque es obligatorio/ porque son la base del matrimonio… / No basta con llevarlos / a la escuela a que aprendan… / No basta, que de afecto / tú le has dado bien poco / todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo. / No basta porque cuando quiso hablar de un problema / tú le dijiste niño: “será mañana / es muy tarde, estoy cansado”. / No basta con comprarle curiosos objetos / no basta cuando lo que necesita es afecto / aprender a dar valor a las cosas / porque tú no le serás eterno.
Franco de Vita
Por Raúl Gutiérrez V., fundador y ex editor de GRANVALPARAISO.CL
Agosto de 2009
EL DÍA DEL niño es sin duda una creación publicitaria, orientada a mejorar las ventas de la industria y el comercio, pero ofrece también una oportunidad privilegiada para que los adultos reflexionemos acerca de la forma en que tratamos a nuestros niños, es decir a quienes nos han de suceder, que serán adultos cuando nosotros ya hayamos partido o estemos ancianos.
Abundan las señales de avances ostensibles en relación a la forma en que tratamos a nuestros niños. La indignación que suscitan hoy en día prácticas que en otra época resultaban normales -brutales castigos físicos, pedofilia o trabajo masivo y extenuante de pre adolescentes- son muestras de un progreso en la conciencia ética en la sociedad. Entre nosotros, por otro lado, ha disminuido la incidencia de la pobreza material. La desnutrición infantil se bate en retirada y los piececitos azulosos de frío a los que aludía Gabriela Mistral se hacen más difíciles de encontrar, incluso en los barrios más pobres.
Pero surgen problemas y desafíos sin precedentes. Los niños van camino de convertirse en un producto escaso, debido a que las exigencias del sistema económico y/o las decisiones de las mujeres o las parejas han llevado a que el número de hijos por hogar caiga sustancialmente y estemos ahora al borde de lo que los expertos llaman la tasa de reposición, es decir, ante la situación inédita de que la población chilena se congele o comience incluso a disminuir, con una creciente gravitación de los adultos y los viejos.
Por otro lado, sufrimos las consecuencias de la creciente incapacidad de los padres por asumir sus responsabilidades. Muchos de ellos se afanan en sus trabajos, creyendo que basta con proveer el sustento material para sus hijos para cumplir la tarea que la paternidad o la maternidad impone; pero los niños necesitan sobre todo afecto y compañía y no sólo de uno, sino que de ambos padres, estén ellos juntos o se hayan separado. Papás y mamás tienen la obligación de educar a sus hijos, vale decir, transmitirles valores y enseñanzas y mostrarles sobre todo ejemplos que los ayuden a encauzarse por una vida buena y feliz, no obstante las limitaciones y estrecheces que les toque vivir.
La conocida psicóloga Pilar Sordo considera que el 80% de los problemas de nuestros niños y adolescentes obedecen a que sus papás les han dado todo. Son una generación sin hambre de vida, de sueños y de fuerza de voluntad, factor clave de la felicidad. Junto con el día del niño, éste debiera, entonces, ser el día de los padres. La publicidad destina un día para la mamá y otro para el papá, para que los hijos los homenajeen, pero debiera existir un día de los padres y madres para que ellos reflexionaran en conjunto acerca de la forma en que están tratando de cumplir el rol que les compete. En la medida que por incapacidad o por otorgar prioridad a otros aspectos, dejan de cumplir el papel que les asiste y pretendan transferírselo a profesores o la escuela, están ocasionando un daño muy grave a sus niños e imponiendo a la sociedad un costo que ésta no puede asumir.
Muchos de los problemas de delincuencia, drogadicción y conductas antisociales de nuestros jóvenes son el resultado de padres y madres que no supieron estar a la altura de las exigencias que ese rol les impone en la sociedad actual. El desafío de los padres e incluso de la sociedad en su conjunto para relacionarse con los niños es bastante más complejo del que conocieron generaciones anteriores, cuando imperaba el criterio de que ” la letra con sangre entra”.
La tarea hoy es conjugar el afecto, la ternura, con la severidad para imponer normas y deberes a nuestros niños, de los cuales siempre seremos padres y no amigos ni camaradas, porque para acercarnos a ellos no podemos desvirtuar el papel y la responsabilidad que nos asisten.
El amor que la gran mayoría que los papás y mamás sienten por sus hijos es muy grande, en buena medida porque un porcentaje creciente de ellos, a diferencia de lo que sucedió por siglos y milenios, es ahora voluntariamente querido al momento de la gestación. Ese amor tiene que expresarse de manera eficiente para que con esta mezcla de ternura y rigor podamos ayudarle a crecer y a convertirse en personas buenas y con una felicidad que no dependerá de su capacidad de consumir.
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