“Mi abuelo me enseñó desde muy chica que no había que dejar de trabajar y de pensar, porque si no, uno se empezaba a poner triste”, dijo Javiera en el 2004, según relata la Revista del Sabado. Mal consejo de su abuelo médico; tambien lo fueron su padre, su tio y su tio abuelo. En la misma misma revista un familiar dice: “Ella venía mal de antes y nos dimos cuenta muy tarde”….”La fortaleza que demostraba Javiera resultaba engañosa sobre su verdadero estado de ánimo”. ¿Es mala la depresion y peor aun ocultarla?
La Depresión no es mala y no es bueno ocultarla, lo malo es no pedir apoyo cuando se la padece o buscar ayuda sin obtenerla.
La pérdida de una relación importante, una carencia prolongada, la falta de algunos bienes esenciales o la abundancia de agresiones ambientales, pueden llevar a la persona a sufrir un daño, ya no de la tranquilidad o de la serenidad como sucede en la ansiedad o angustia, si no del ánimo, de la propia capacidad de lucha para enfrentar el mal. La pérdida del ánimo también se puede acompañar de angustia o dolor del alma, pero el hecho central es la pérdida de las ganas de luchar. También se puede encontrar personas más o menos susceptibles al agente agresivo ambiental, las más sensibles, pero nadie es invulnerable.
¿Sirve para algo la pena o depresión? ¿Es un síndrome que puede ayudar, a vivir mejor? Sin duda que sí. Por ejemplo, ante la pérdida de un ser querido es normal que se produzca un detente, un duelo, una pérdida del ánimo para seguir el camino, pero ello se acompaña de una mayor apertura o sensibilidad. En ese estado la persona se hace más receptiva a incorporar nuevas relaciones o a potenciar alguna antigua que le permitan, no suplantar lo perdido sino crear nuevos vínculos que faciliten la adaptación al mundo post quebranto.
Sería anormal que una persona que sufriese una pérdida importante dijese, “aquí no ha pasado nada”. Sería como si alguien perdiese una pierna y negase la importancia del daño, la necesidad de parar la caminata, de curar la herida, de construir una prótesis, de cambiar de oficio. Pues bien, si así sucediese y caminara, esa persona se caería de bruces.
La depresión se produce porque la pérdida es muy grande o por la acumulación de pequeñas pérdidas. La pérdida del apetito, del deseo sexual son parte de la pérdida de ganas de vivir. La angustia que acompaña al depresivo es normal, siempre duele perder algo. La depresión es más intensa en la mañana, pues el paciente, a medida que pasa el día, se va mejorando en la interacción con los demás.
Ahora bien, quien ha perdido la capacidad de luchar, quien tiene necesidad de reconstruir un mundo que repare una grave perdida de relaciones, necesita cambiar, estar abierto a quien le ofrezca aprender a vivir de otra manera y para ello demanda ayuda. A veces lo hace muy despacio, porque lo hace desde el fondo del pozo. Si la pena desaparece con medicamentos, no se pide ayuda porque la persona presenta una apariencia de estar bien. La cultura nuestra está llena de ritos que movilizan a la comunidad para enfrentar la pena, ante la muerte, ante el mal de amor, ante el daño.
En los grados extremos de Depresión, cuando hay riesgo de suicidio, la movilización de las relaciones humanas implica la compañía permanente y si ello no es posible, no hay recursos para ello, hay que hospitalizar…. pero sin drogas.
”No llores cuando se ponga el sol, tus lágrimas no te dejaran ver las estrellas” dice el viejo adagio; propongo innovarlo: “puedes llorar cuando se ponga el sol, las lágrimas limpiarán tus ojos para ver mejor las estrellas”.
Por Miguel Solar
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