El Mercurio censura a CREYENTES

Publicado el ago 25, 2009 | Comentarios desactivados

Por Raúl Gutiérrez, editor Creyentes.cl

AUNQUE SE DA aires de defensor  insobornable de las libertades, sobre todo de la libre expresión, El Mercurio y toda la enorme cadena de diarios y medios de comunicación que esta empresa posee a lo largo de Chile tiene un historial siniestro que nunca está de más recordar y que ha causado enormes daños y sufrimientos al país.

La familia controladora de El Mercurio se la jugó abiertamente, a comienzos de los 70, para impedir el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de aquel entonces. Hay evidencias irrefutables, tras la desclasificación de archivos del Gobierno de Estados Unidos, de que la Central de Inteligencia Americana, la tristemente célebre CIA, financió generosamente la empresa de los Edwards en los años siguientes para que ayudara a preparar el terreno del golpe militar de septiembre de 1973.

Bajo la dictadura militar, El Mercurio no sólo ocultó los crímenes que perpetró la dictadura, sino que se erigió en su mentor intelectual, entregando justificación política, económica y moral, si es que esto cabe, a una dictadura que era bastante tosca en todos esos aspectos. El Mercurio y su cadena callaron en forma deliberada y ostensible las masivas violaciones a los derechos humanos y otros abusos de la dictadura, faltando gravemente a los deberes de la prensa.

El general Pinochet supo recompensar debidamente apoyo tan decisivo, otorgando grandes regalías económicas y salvando incluso de la quiebra a la empresa en la década de los 80, mediante créditos altamente subsidiados.

Por desgracia, los sucesivos gobiernos de la Concertación han mantenido este trato ampliamente favorable al diario El Mercurio y su cadena periodística, prodigándole abundante publicidad del sector público, la misma que han negado de forma sistemática a otros medios alternativos, política que ha significado la desaparición de numerosos diarios y revistas, al punto que en vísperas del Bicentenario el pluralismo de la prensa nacional es menor que el que imperaba hacia fines de la dictadura. Esto constituye uno de los peores pecados que ha perpetrado la Concertación de Partidos por la Democracia, ya que en definitiva ha significado dejar en manos de personas de una muy cuestionable estatura moral, la definición de los temas de debate público.

Por desgracia, la falta de pluralismo en la prensa, fenómeno que deja de manifiesto una democracia de pacotilla, no constituye un tema de mayor importancia en la campaña presidencial y parlamentaria en la que estamos enfrascados, o en la que, mejor dicho, están enfrascados los políticos. Pero los periodistas profesionales se encuentran con frecuencia con demostraciones evidentes de la forma en que la gran prensa que controla las mentes de los chilenos, manipula las informaciones a su amaño y en beneficio de sus intereses, silencia determinados hechos, infla otros hasta el punto de transformarlos en temas de interés nacional, con lo que degrada el debate e impide que los chilenos tomen conciencia de determinadas situaciones, que favorecen los intereses económicos o ideológicos de los dueños de la prensa en Chile.

COMO EN LA DICTADURA
Interesados en promover nuestro sitio www.creyentes.cl a fin de disponer de un mayor caudal de visitantes, quisimos publicar un aviso a dos columnas que costaba cerca de medio millón de pesos en la edición dominical de El Mercurio, con algunos de los títulos que contiene nuestro sitio. Nunca nos imaginamos que este pequeño aviso de un contenido que nos parecía casi inocente, iba a ser objeto de una enorme tramitación.

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Cuando se lo entregamos a la agente comercial de El Mercurio en Viña del Mar, ésta no puso reparos, limitándose a señalarnos que la publicación de este aviso en la edición dominical tendría un costo cercano a los 500 mil pesos, e iba en una sección seleccionada por nosotros y no donde cayera. Estuvimos resignados a pagar tan alto precio, esperando que esto se tradujera en un número importante de lectores que podrían después convertirse en fieles visitantes de creyentes.cl.

Grande fue nuestra sorpresa cuando al día siguiente recibimos un mail de la agente comercial indicándonos que el diario había rechazado el aviso porque “su contenido no se compadecía con la línea editorial de El Mercurio”. Intentamos recibir explicaciones de algún ejecutivo, pero nos estrellamos con una muralla de silencio. El mismo diario que publica, lo mismo que muchos de otros órganos de la cadena que posee a lo largo de Chile, innumerables avisos pagados por reclutadores de prostitutas para disponer de carne joven para explotar en saunas, casas de masajes, cafés con piernas o prostíbulos, se muestra profundamente pacato al impedir la publicación de nuestro inocente texto.

Recibimos al final de estos trámites una llamada en la que se nos ofrecía publicar el aviso como una inserción, alterando su texto, de manera de advertir que se trataba de un foro cristiano: replicamos que en realidad no era un foro cristiano, sino que religioso, ya que pretendemos dar cabida no sólo a las expresiones del cristianismo, sino que también, como le consta a nuestros lectores, al budismo, al islamismo, al judaísmo y en general a toda la expresión religiosa. Manifestamos enseguida nuestro rechazo absoluto a que esto fuera presentado como una inserción.

Se nos planteó finalmente la posibilidad de insertar el aviso en el diario Las Últimas Noticias, que se caracteriza por su mayor relajamiento en materias de sexualidad y farándula, pero también se nos exigía advertir que se trataba de una inserción, lo que reducía el espacio disponible para el texto. En definitiva, decidimos prescindir de la posibilidad de utilizar El Mercurio u otros diarios de su cadena para publicitar el sitio creyentes.cl.

Nos quedó, sin embargo, una amarga sensación. Este periodista ejerció buena parte de su tarea profesional en tiempos de la dictadura, cuando cada artículo que se escribía debía ser sometido a la consideración de un censor oculto. La arbitrariedad con que operaban estos funcionarios era casi hilarante, si no fuese porque su cometido significaba un atentado a uno de los derechos fundamentales de toda persona. Ocurría a veces que artículos que podían parecer peligrosos para la sensibilidad de la dictadura eran aprobados sin mayores problemas, en tanto que en otros casos artículos que parecían no contener mayores amenazas a los intereses del régimen eran simplemente expurgados o recortados de tal manera que era imposible reprocesarlos.

Acá, al cabo de casi 20 años de supuesta normalización democrática, el ciudadano que quiere promover un sitio electrónico de ideas, de planteamientos, de argumentos, de puntos de vista, se encuentra con que la más poderosa empresa periodística del país le impide promocionar su iniciativa y lo hace con la mayor impunidad, mientras, por otra parte, quiebra lanzas en contra del presidente de Venezuela Hugo Chávez, por atentar supuestamente contra la libre expresión.

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