PARA ENTENDER CABALMENTE el espíritu cívico de los chilenos quizás sea necesario viajar al pasado cercano y anclar la nave en la época del radicalismo, con mayor precisión en las décadas de los años 1930-40 y 50.Si bien el concepto ‘republicanismo’ tuvo posibilidad de encarnarse en nuestro país a partir del primer gobierno de Arturo Alessandri Palma (1920-1925), fueron las administraciones encabezadas por el Partido Radical las que lo concretaron con evidente éxito ciudadano y político. Pero también fueron, precisamente, algunos dirigentes radicales quienes primero lo traicionaron.
Merced a la antigua Constitución Política del año 1925, en nuestro país se impuso el concepto del republicanismo por sobre las ideologías político-partidistas, ya que estas, por muy distantes que fueran entre sí, siempre mantuvieron en alto la ejecución de las normas que toda república impetra y, a la vez, respetaron -en lo principal- esas normativas.
No obstante, a partir de fines de la década de 1960 lo anterior comenzó a cambiar brusca y lamentablemente. Con pasos agigantados el republicanismo fue cediendo terreno a interpretaciones antojadizas de la derecha y de la izquierda, dos sectores que decidieron declararse una lucha sin cuartel ni límites morales, echando mano para tales efectos a todos los medios que estaban a su disposición, incluyendo la prensa. Finalmente, en septiembre de 1973 la derecha utilizó a las Fuerzas Armadas y dio el golpe de estado atropellando y aboliendo derechos, historia y…tradición republicana.
La palabra ‘república’, derivada del latín = res publica (es decir, la cosa pública), básicamente constituye la forma de estado en que el pueblo ostenta la soberanía y delega el poder del gobierno en sus representantes electos.
Literariamente, se ha definido a la república como la forma de gobierno de los países en los que el pueblo tiene la soberanía o facultad para el ejercicio del poder, aunque este sea delegado -por el pueblo soberano- en gobernantes que elige periódicamente. Toda república debe estar fundamentada entonces en el “imperio de la ley” y no en el “imperio de los hombres”.
Una república es, por lo tanto, independiente de los vaivenes políticos, y tanto los gobernantes como los gobernados se someten por igual a un conjunto de principios fundamentales normalmente establecidos en una constitución. La república es absolutamente incompatible con tiranías, monarquías, dictaduras, personalismos, etc.
Es importante señalar que en el estado republicano puro, el gobierno se convierte en instrumento de ejecución de los deseos del pueblo que lo ha elegido, siendo por tanto democracia y república una misma cosa.
CHILE, HOY
Han transcurrido treinta y seis años desde aquel mes de septiembre en que la fuerza bruta ‘desalojó’ de los cargos públicos a un sistema republicano, el cual ya se encontraba malherido y tambaleante producto de la batalla por el poder que se manifestara a diario en luchas callejeras y desorden expandido a lo ancho y largo del país.
Lo anterior comenzó a desarrollarse a partir de los últimos años de la década de los ’60, pues cuando la extrema derecha y la ultra izquierda pisparon que en las elecciones venideras cabía la posibilidad de un triunfo del izquierdismo moderado, comenzaron a sucederse algunos hechos que redundaron posteriormente en luchas callejeras sin cuartel así como en asonadas e intentos de golpes de estado (recordemos, entre otros eventos lamentables, la “toma” del regimiento Tacna por parte del general Roberto Viaux Marambio azuzando a la oficialidad en contra del gobierno de Frei Montalva…o los miembros del MIR asaltando supermercados y agencias bancarias).
Si bien es cierto todas y cada una de las tiendas políticas realizan sus personales (y muy discrepantes) análisis de la tragedia acaecida en aquellos años, es hoy más imperioso que antes reconocer que el pueblo, la gente, la ciudadanía -tal vez sin mencionarlo explícitamente- muestra tendencia inequívoca a reposicionar en el país ese inmortal ‘republicanismo’ que tantos réditos positivos entregó a la nación en el pasado, pues gracias a él hubo relaciones inter e intra partidos que hoy nos parecen casi imposibles de reeditar en procura del bien común.
A escasos meses de una nueva elección presidencial, el temor de algunos (tal vez de muchos) estriba en una potencial y feroz arremetida del poder económico en desmedro de las mayorías, lo que amenazaría con traducirse en una plutocracia sin límites donde el poder político, social y económico lo ostentarían sólo quienes poseen las fuentes de riqueza y, de esa manera, las acciones del gobierno beneficiarían únicamente a aquellos que lo administran y apoyan financieramente, no ateniéndose al mandato de la voluntad general.
Lo anterior ya ocurrió entre 1973 y 1990, por lo que no se trata de una fantasía o de un imposible…menos aún si los grupos de poder económico han estado muy distantes del apoyo popular, pues fue en 1958 la última vez que uno de sus representantes -Jorge Alessandri Rodríguez- accedió a la primera magistratura mediante elecciones democráticas. De ahí en más, y sin espacio para el error ni la duda, los sectores derechistas fueron lenta y progresivamente abandonando el republicanismo al considerar que por su intermedio difícilmente podrían acceder de nuevo al gobierno. Así llegaron finalmente al once de septiembre de 1973.
No obstante, hoy, sin ambages ni dilaciones, todos los tiendas partidistas han declarado su irrestricto amor y apego al sistema democrático, pero, hasta ahora, ¿qué partido político criollo manifiesta público interés en reposicionar el republicanismo, no sólo como forma de gobierno sino como sistema de vida para toda nuestra comunidad nacional?
Ese es, quizá, el principal escollo que muchos chilenos encuentran al momento de sufragar por tal o cual candidato, ya que existe conciencia de que, por ejemplo, la actual derecha política es más plutocrática y clasista que republicana. Lo cual, hasta el año 1964 los factores estaban invertidos…asunto que también, en alguna importante medida, atañe a los sectores de izquierda que optaron por “construir” una revolución desde las bases de la democracia, sin el apoyo ni interés mayoritario y decidido de la población.
Nuestro electorado -a pesar de la farandulización ex profeso aplicada por el establishment- barrunta, intuye, que el sistema menos dañino para el país y su gente es el republicanismo, tal cual se ha definido sucintamente en estas líneas. Y no olvidemos que, tarde o temprano, la vox populis vox Dei impone sus criterios y sus términos castigando electoralmente a las tiendas políticas que, en lo hechos, se alejan de ese concepto.
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