¿Es campaña o es jarana? (Ah…ya… es farándula)

Publicado el nov 09, 2009 | 2 Comentarios

jaranaPARAFERNALIA, JARANA, PAYASEO, circo sin pan, acciones vergonzosas y payaseo surtido…eso -todo junto y multiplicado por cien- ha sido la actual campaña política a lo largo y ancho del país. Nuestros candidatos no ofrecen más porque  carecen de lo esencial, pero les sobra hipocresía y cara de palo.   

 

“Llegó el circo”, grita la chiquillería cuando se entera de que en su comuna o en su barrio deambula el comando de alguno de los candidatos a cualquier cosa (Presidencia de la República, Senado, Cámara de Diputados) promoviendo su futuro sueldo personal, o su dieta, según sea el caso.

 

Y no es para menos  tanta algarabía, ya que esa visita asegura malabarismo  callejero, batucadas bufonescas, saltimbanquis de tercera categoría y   varias payasadas de parte del mismísimo ‘honorable’ que muestra una inclaudicable afición pública por dar, dar y dar (dar jugo, dar la hora, dar pena y dar vergüenza ajena).

 

Es así que la gente puede ver marchando por las calles céntricas de un pueblo -con paso circunspecto- a candidatos vestidos de blanco, con gorritos de hospital, estetoscopio  colgando del cogote y una sonrisa de huevón a la vela que provoca la sana envidia de todos los mentecatos. “Es doctor”, explica una viejita que lo sigue embobada a la espera de que el matasanos le  regale una píldora, una pastilla, un tónico o cualquier especie que no le signifique dinero (a la vieja, por cierto). Los cabros chicos, en cambio, lo corretean sin misericordia, colgándose de su delantal exigiéndole algunos dulcecitos de                               menta o de eucalipto.

 

Tampoco faltan aquellos ciudadanos a los que  les  agradaría  meterle el estetoscopio en cierta parte de la anatomía para comprobar si el susodicho presenta una conexión directa del esfínter con el cerebro, y después cobrarle por Fonasa.

 

Hay otros candidatos peores, más ridículos aun. Están aquellos que se dejan arrastrar al centro del ruedo para  bailar lo que no saben ni pueden. La cueca…a eso me refiero. Mueven el esqueleto tal como si les estuvieran pinchando ‘los huevos’ con un alfiler gigante, mientras la gallada le aviva el almanaque para que el ánimo del candidato  nunca decaiga,  a  pesar de la vergüenza que íntimamente invade a algunos de sus asesores que todavía conservan una pizca de racionalidad.

 

Por cierto, el irreverente público se desternilla de risa agradeciendo el espectáculo cómico gratuito, y los periodistas alcanzan siete u ocho “orgasmos profesionales” gracias a las fotografías y tomas de videos que logran para sus respectivos medios de prensa. Es el acabóse de la imbecilidad, pero la estulticia y la ordinariez son quienes mandan y ordenan en las actuales campañas políticas.

 

Imagínese que hasta abandonó el terno y la corbata un tipo que durante toda su vida adulta jamás usó jeans ni sandalias… pero, ahora se chasconea y desabrocha los dos primeros  botones de sus camisas, todo ello por sugerencia de su mujer que -bueno es recordarlo- nadie puede calificar como ‘clase media’, ya que se ubica entre las 20 damas más cuicas de la sociedad chilena, y entre las tres primeras de la sociedad agrícola curicana con sangre vasca.  La ‘imagen es todo’, reza un comercial… y la política de hoy es exactamente eso: un comercial…por todos los poros y desde todos los ángulos…un acto comercial.

 

Y para qué hablar de ese otro candidato que ha hecho mil y una maromas, o mejor dicho ha hecho el loco más de mil veces en menos de un año. Anduvo a caballo sin saber galopar, se vistió de pascuense, de chilote y de poblador;  le hicieron una hidroterapia ante las cámaras de televisión, bautizó unos perros como si fueran cristianos, se calzó la camiseta del club de fútbol más popular y pingadilla del país a pesar que su corazoncito feudal  late por allá en La Dehesa; como si fuera poco, jugó a los palmetazos con un lobo marino que casi se lo engulle, permitió que un negro con  pinta de esclavo egipcio lo masajeara como a una vestal en una camilla mientras a las hembras que le acompañaban se les hacía agua la boca mirando al energúmeno color caoba. 

 

Pero, una cosa es la farandulización del payaseo (lo que representa el summun de los summun de la estulticia), y algo muy distinto es creer que su ‘hueveo’ mediático puede atropellar derechos de terceras personas resbalando en la frontera de lo ilícito. Fíjense en esta noticia que se ha publicado en diarios extranjeros (de Paraguay, Argentina y México), pero JAMÁS en Chile donde Emol, Copesa y la televisión abierta tapan mañosamente toda información que pueda afectar los intereses de sus ‘ídolos’ políticos:

 

“”Fernán Martínez, representante del popular cantautor colombiano Juanes, se declaró molesto por la utilización de una de sus canciones en la campaña electoral del inversionista Sebastián Piñera, candidato de la derecha a la Presidencia de Chile. Martínez, consideró “ilegal” la utilización del tema “Es tiempo de cambiar” en la campaña de Piñera, y sugirió que ya se habrían decidido acciones legales en contra del  empresario financista.”"

 

Bueno, todos sabemos que don Sebas es compulsivamente irrespetuoso con las normas éticas básicas (algo muy propio de los grandes empresarios que parecieran creer que la gente es sólo hormiguerío).

 

Sano es  recordar algunos asuntillos poco felices para la imagen de este muchachín encumbrado por las encuestas realizada por empresas que pertenecen a sus socios (o a sus deudores),  como por ejemplo: la muy sucia y deleznable jugada financiero-comercial que le hizo al ya fallecido ultra pinochetista Ricardo Claro con el asunto de las tarjetas plásticas; o recordar la quiebra del Banco de Talca, la compra de acciones de LAN por información privilegiada, la voluminosa multa que le aplicaron a LAN en EEUU cuando él dirigía personalmente esa empresa, la preparación de un fallido ‘plan de inteligencia’ contra la tontorrona Evelyn Mathei que en ese entonces fungía de ‘niñita de las monjas’,  etc., etc., y ahora esto: una posible demanda en su contra, proveniente del exterior, y nada menos que del ‘staff’ de un cantante exitoso y conocido internacionalmente.  

 

En Chile tenemos candidatos para todos los gustos, para todas las pitanzas;  también los hay  jugando al fútbol o corriendo maratones…bueno, intentando hacerlo, en verdad, ya que jamás  jugó ni con un balde en la playa. Pero se nota a la legua que sus asesores contratan  cabrería para que trote al lado del candidato y los chiquillos muevan los pies durante un par de minutos, dejando que el postulante a parlamentario (o primer mandatario) en los últimos cinco metros adelante al grupo y -oh maravilla- les gane a todos. Deportivamente, es lenteja… pero habla como ametralladora, contradiciendo el viejo y sabio dicho que reza: “habla lento y piensa rápido”. Aquí el asunto es al revés.

 

Giles al cubo hay por montones en Chile, mas, los políticos hipócritas superan todo porcentaje. ¿Qué decir de aquel candidato que se puso un chamanto doñihuano creyendo que era la casulla que usan los curas? (no es broma…lo preguntó a sus acompañantes ya que desconocía completamente la prenda y aseguró que “yo vi al Papa Juan Pablo Segundo con una de estas, por eso me confundí”); se las dio de huaso, pero apenas le llevaron un caballo comenzó a tiritar (el candidato, no el  pingo) pues le tenía pánico a las alturas, y montar el jamelgo era para él algo así como subir al teleférico santiaguino.

 

Pero la campaña es la campaña, y montó el animal… qué diablos. Tres viejos tuvieron que hacer esfuerzos para subirlo al corcel; allí quedó el candidato petrificado como una estalactita, desesperadamente agarrado a dos manos de las crines de la pobre bestia, sonriendo  bobaliconamente ante los flashes y celulares. Sus acompañantes tuvieron que llevar el caballo al interior de un establo para apear al candidato ‘dignamente’ -y sin público presente-  pues estaba más helado que talón de pingüino y tan tieso como pañuelo almidonado.

 

Pese a que el espacio disponible para un artículo ya se termina, no podemos dejar sin mencionar a cierto conocido fresco de cutis que se repostula a un sillón de la Cámara de Diputados, y que viene a aparecer recién ahora por su distrito luego de cuatro años de santa ausencia. Para que no lo empapelen a  garabatos, el ‘honorable’ contrata los servicios de una mini empresa rasqueli dedicada al faranduleo barato, y arrienda algún teatro en pueblo chico para invitar a todas las féminas a un “mujerazo”.

 

El mentado ‘mujerazo’ no es otra cosa que las actuaciones de unos tipos que dicen ser el “doble del doble de…” (Luis Miguel, Arjona, Solís, etc.), sin echar mano ni siquiera al karaoke, sino que, abiertamente, haciendo la mímica mientras en el audio suena la versión del cantante original. Y como no todo debe ser jarana, el candidato invita también a la gallada a un Bingo gratuito, donde los premios los ha donado él (eso aseguran sus relacionadores públicos).  Al menos los  electores saben que cada cuatro años, con ese diputado, tienen asegurado un bingo y un show de quinta categoría…ambos gratis.  

 

Y LA POLÍTICA EN SERIO, ¿CUÁNDO?

 

Qué lejanos están aquellos días en que los postulantes a La Moneda o al Congreso tenían ideas válidas, poseían cultura (cívica y general), hablaban bien, leían de corrido, mostraban dignidad en sus campañas y eran consecuentes con sus postulados ideológicos (incluso hubo quienes dieron la vida por defender y respetar sus ideales).

 

Ya no encontramos líderes como los de antaño. Nunca más, al parecer, podremos ser guiados por personajes de prosapia significativa y con  calidad de estadistas, como Pedro Aguirre Cerda, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende, etc.

 

Hoy en política todo es una bufonería, un circo, un carnaval de máscaras y tambores. Las ideas no existen, los programas serios tampoco. Candidatos de aquí, de allá y de acullá se igualan en la torpeza de sus declaraciones, en el ridículo de sus  acciones y en la búsqueda inagotable de agenciarse parte del poder para mejor servir a los amos foráneos de las transnacionales,  y de ese modo continuar enriqueciendo a sus propias familias hasta el hartazgo casi faraónico, sin detenerse ante la depredación de nuestro país, al que venden socarronamente al mejor postor…extranjero.  

 

Pero, en fin, es lo que hay no más.  No tenemos otra cosa, y la culpa es solamente nuestra.  Imposible sacarnos el pillo. Hemos dejado -por nuestra pusilanimidad y perenne inquilinaje en que nadamos- las manos y bolsillos sueltos a todos nuestros representantes políticos, sin jamás exigirles cuentas claras, ni demandar a voz en cuello contar con el muy necesario, sano e imprescindible ‘poder revocatorio’ para sacar de un solo paraguazo a cuanto  ladrón, ignorante, vivaracho, mentiroso, clasista, corrupto y racista se ha encaramado en uno de los poderes del estado…incluyendo a jueces y magistrados,  que no quepa duda.


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