El Ministro de Hacienda Andrés Velasco, por estos días vilipendiado por sus torpezas y omisiones, no podrá ni lo dejarán asumir nada formal en el comando de Eduardo Frei y es que si se cumplieran las amenazas de invasión a la candidatura oficialista, la señora Michelle Bachelet Jeria se vería obligada a reasumir en propiedad (y potestad) el cargo de Presidente de la República de Chile, situación nada de agradable para ella y es que se la ve muy mona y cómoda estudiando la estrategia para que Fernando González vuelva a jugar por su país en la Copa Davis, dando entrevistas a distintos programas de televisión y viajando a países lejanos, muy lejanos, en una suerte de “gira de estudios” tan típica para los alumnos que quieren despedirse de sus compañeros de colegio.
Michelle Bachelet hace un rato que ya “las paró” y sabe que poner en riesgo su capital social (político no tiene) es un desperdicio. ¿Para qué quemarse por nada?. Jamás fue hincha de los partidos de la Concertación, así que mejor gastar, viajar y saludar. El cobre vuelve a estar por las nubes, la gallá la quiere y a poco de dejar el sillón, es poco probable que los candidatos le paren los carros. Por ello y de no mediar una catástrofe a lo Ricardo Lagos Escobar, donde el ex emperador chileno al finalizar su reinado gozó también del cariño popular, una vez reemplazados los muchachos del segundo piso sólo quedaron sus frutos y ausencias, la Michelle tiene cuatro años para preparar su repostulación presidencial.
A la Michelle, sin lugar a dudas, no le preocupa mayormente que los gremios tengan paralizado el país ni que millones de chilenos tengan que soportar y recibir sin protestas significativas las consecuencias de su renuncia voluntaria a conducir el país; mucho menos que su bloque esté a la deriva, sin cabeza. No señoras y señores, Bachelet sabe que mientras el “sentir popular” la tenga por allá arriba en las encuestas, no corre riesgos y podrá seguir disfrutando de los beneficios de ser intocable.
Por eso no es sorprendente analizar los sondeos y advertir que los mismos que la encumbran por sobre el 80% de popularidad la condenan con igual porcentaje en las áreas de seguridad, empleo, salud, educación, corrupción, y otros items que las encuestadoras identifican como temas sensibles y prioritarios para los ciudadanos. Es decir, ni bien se disipen las nubes, despidan a los caciques del segundo piso y no se cuente con las platas para seguir alimentando el aparato comunicacional que la protege, el peligro que asecha a la Presidente es que su Gobierno sea catalogado, con bastante evidencia por cierto, como uno de los más rascas de la historia de la Concertación en el poder.
Pero da lo mismo, ¿cierto Michelle?. La adquisición de conciencias da sus frutos y el financiamiento de la cariñocracia beneficia a nuestra mandataria. Por lo demás no es tan fácil lograr esos niveles de popularidad. Hay que gastar a lo menos tres veces más de lo que produce el país. Hay que escoger colaboradores que hagan el trabajo sucio, de esos que puedan meterse en las patas de los caballos sin que te salpique el barro. De esos que si la cosa no resulta, puedas despedir sin más. Hay que contratar encuestólogos capaces de manipular la realidad a tal punto que todos crean que estamos fantástico. De esos que no trepidarán en decir que si en Chile una persona toma dos piscolas y otra ninguna, los genios del segundo piso prepararán a la Carolina Tohá para que diga que “estadísticamente” en Chile dos personas tomaron una piscola. Se dan cuenta, si no es fácil la cosa.
En fin, a riesgo de ser insultado nuevamente por criticar a la Presidente y decir lo que ninguno de los niños en carrera se atreve (es más fácil sumarse a la manipulada mayoría) me gustaría ver menos caritas, jingles, eslogan y panfletos. Esfuércense muchachos y permitan a la Michelle terminar como diva su administración, total, hay varios haciendo su pega, ¿o no?.
Matías Carrozzi
Sociólogo

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