Si el gringo, Douglas Tompkins tanto dice que se preocupa por mantener y preservar la riqueza ambiental del paraíso natural de la patagonia chilena y Argentina, debiera este gringo loco y seudo-empresario, beneficiar esos 8,000 kilómetros con industrias hidroeléctricas, negocios, construcción de viviendas, hospitales, escuelas, vías férreas, carreteras, levantar factorías de productos regionales y abrir puertas de trabajo para el pobre que nada tiene y no le queda otra que mirar como los voraces fauces del gringo verde y amburriento se va comiendo de a poco el patrimonio nacional patagónico de Chile y Argentina.
Le digo a Mr. Tompkins que para que chile y argentina lo respete, lo quiera y le abra las puertas a sus caprichos extraterrestres y se naturalice con la criollidad debe hacer lo que los empresarios extranjeros del decimononio chileno de apellidos Walker luego cambiado al José hicieron por esa larga franja de país. Este pájaro extraterrestre (como muchos de su especie liberales-verdes) debe envigorizar esas regiones con sus ciento cincuentas millones de dólares adquiridos de su empresa de ropas para levantar casas habitables para el pobre, asfaltar las carreteras de tierra que haga fácil el acceso regional para el turista y el empresarios de negocios para que esos parques de floresta y fauna de trabajo y crea condiciones óptimas para que el chileno medio que vive hacinado en Santiago y el campesino que vive de su chacrita de papas vaya a hacer familia a estas áreas paradisíacas desoladas que por el momento no produce nada otra que cosa que no sea puro viento.
Douglas Tompkins, en mi vocabulario, es un gringo extraterrestre de los sesentas, aparentemente disociado de la realidad del latinoamericano porque ir a preservar tierras a parajes desolados y que no le pertenecen y no necesitan de su protección es pura loquera fundamentalista o bien avaricia de poseer algo grande a modo de sustituir un vaciamiento espiritual personal que no encuentra en su propio país, sino en lo ajeno. Lo ultimo que chile necesita son loqueras ecológicas porque eso de poseer miles de kilómetros de tierra no entra en cabeza si no se hace para ponerlas a disposición de extraer riquezas. Chile no es un zoológico para hacer antropología o ecología verde, eso es mentira del pájaro verde que ve el patrimonio nacional como si fuera propiamente suyo ya que exige sus derechos aun no siendo ciudadano legitimo. La abundante riqueza natural del sur debiera ser explotada y ponerla a producir para que de plata que es la vida misma y sirva a otros y no para preservarla con marcianadas a menos que quiera el mentado marciano levantar un imperio verde pero productor de riquezas, entonces sí, ahí otro pájaro cantaría.
Déjeme decirle al lector una obviedad (marxista en esencia) y para el que no lo sabe lo dejo picadito aquí: un empresario, es ante todo y primero que nada un hombre de negocios que busca la plata, la ganancia, el excedente, el plusvalía para continuar reproduciéndola para que crezca y se expanda tocando todos los rincones con su varita mágica. Pues, los laberintos ideológicos (ambientalistas-ecológicos, religiosos-talibanescos y políticos) no empañan el fervor que produce la plata en la vida del empresario. Esos conceptualismos culturales no lo atraen ni le tapan la vista frente a las ansias de poder y conquista de ganancias -a no ser que esa producción cultural ideológica le proporcione jugosos dividendos, pero solo como eso, dividendos porque luego se retrae otra vez a lo suyo, el negocio.
En realidad, la plata son los hilos que rigen los destinos del progreso económico y civilizador de cualquier nación. Para el caso chileno no faltaba más que leer un par de novelitas seminales del prolijo escritor, Alberto Blest Gana y su Martín Rivas y también al industrial, historiador y minero, don Benjamín Vicuña Mackenna en su libro de “El cobre i carbón de piedra” para poder comprender cómo el empresario criollo-chileno y extranjero-naturalizado por medio de la sangre de la hermosa mujer chilena pudo levantar a chile de su languidez económica en la que se encontraba en esos fatales años de 1850 en el que los parques de la capital aun se alumbraban con el cebo peruano y que sin embargo si siendo avariciosos capitalistas y especuladores de la plata supieron traer el progreso civilizador al país.
Esas familias ricas y de verdadera filantropía de empresario chileno como el ejemplo de don José Tomas de Urmeneta dejaron una vasta prole como herencia de excelsas riquezas acumuladas a lo largo del espinazo chileno y ahora eso es el legado de la historia nacional del país que se estudia en la secundaria. Los primeros empresarios mineros de cobre y plata no se comparan con la hambrienta avaricia de este pájaro verde Tompkins porque que esos sí fueron hombres de negocios que recorrieron hasta desfallecer de hambre los desérticos y tórridos paramos de Atacama a culo de mula y picota en mano pasando sufrimientos y viscitudes para extraer riqueza de las entrañas desérticas, nos cuenta don Benjamín. Por eso pregunto, ¿qué puede hacer por el chileno un verde Tompkins que ha venido paseándose en su avioneta desde ya hace una década en el territorio nacional, otra cosa que no sea para satisfacer sus caprichos personales extraterrestres y agitar el gallinero nacional?
El empresario chileno y extranjero que se avecinó en chile y se quedó, dejó (aun con su avaricia liberal) y supo traer riquezas al país; dejó viñedos gracias a la pepilla que trajo de Francia, importo eucaliptos, plantas tónicas, levantó la lánguida industria nacional de ese siglo; sustituyó la carreta por el tren británico; creció los campos de trigo fertilizándolos con la maquinaria extraídas del excedente de su venta internacional. Trajo semillas de árboles frutales para que crecieran en lo patios traseros del chileno; explotó el carbón de piedra remplazando el de madera que consumía los bosques y ese poder económico de venta oceánico permitió abrir las primeras refinadoras carboníferas y cobrifero.
Gracia a esa labor empresarial se desarrolló la primera compañía chilena de vapores marítimos, trajo el telégrafo aligerando la lenta velocidad de negocios que en ese entonces tomaba meses a lomo de mula. Ese empresario también levantó la producción de cobre dejando los primeros rieles asentados en los paramos desérticos del Atacama-chico para que el vagón inglés transportara ese cobre extraído de su placenta verde y luego exportarlo a destinatario europeo a partir de sus hoyos o piques de explotación hasta las fundidoras más cercanas donde se apilaban esas barras de cobre rico en los muelles del puerto de Valparaíso.
Mr. Douglas Tompkins con más de 8,000 kilómetros no ha sido capaz de traer ni una pizca de progreso al país porque comprar para luego entregarlo al gobierno de regreso no tiene lógica alguna para nadie, a menos que alguien -algunos- se están beneficiando con este negocio. En Chile lo que se necesita es explotar esos recursos naturales, especialmente los ríos para levantar hidroeléctricas que mejoren la calidad de vida y la economía regional que todavía se alumbra con velas; mientras tanto, hipócritamente, Mr., Douglas tiene sus propios motorcitos eléctricos funcionando día y noche, su lap-top y TV portátil para comunicarse con el resto del mundo y ha desalojado familia enteras de “sus tierras” para protegerlas. ¿Protegerlas de qué?
El extraterrestre, Tompkins se está robando la patagonia chilena y argentina para satisfacer su lotofagia de ser humano insatisfecho, un capricho puramente excéntrico y personal que no beneficia al colectivo social del país de ninguna manera porque no se ha visto nada según lo comprobamos en los diez años de vagancia en Chile y Argentina. El gobierno chileno y argentino debiera expropiar esos paraísos verdes (Parque Pumalín, Chile; Parque de Santa Cruz y Esteros del Iberá, Argentina) y ponerlo de patitas en la frontera con su avioneta de regreso a California porque en su propio país es donde se necesitan paraísos verdes y no en un chile que no está para esas excentricidades marcianas. Este pájaro extraterrestre no entiende que en países en vías de desarrollo como chile, la industria, el alimento y el campo vive de la producción y de lo poco que se gana con la venta de sus papas, de la leche de sus vacas, del salmón de sus de sus ríos; de su trigo de sus árboles frutales, de la madera, etc. Contrario a esto, el marciano verde ha afectado la vida de miles de personas que vivían de esa tierra. En efecto, el paraíso-ecológico del marciano no es otra cosa más que una extensión de su imperialismo verde-fundamentalista.
Por Michael W. Defoe
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