Aprovechando que han pasado ya varios días de iniciada la transmisión de la franja política televisiva de las cuatro candidaturas presidenciales y, por consiguiente, sospechando que las vivezas pasionales de la fanaticada está lo suficientemente disminuida para realizar una evaluación serena y reflexiva sobre ellas, propongo repasemos lo exteriorizado por los genios creativos detrás de la última pomada del año y, si es posible, comentemos sobre los recados de cada candidato.
Me confieso miembro de un grupo informal de respetables que manifestamos hace ya un rato tener expectativas sobre la franja y, más allá de la importancia de la estética de estas obras, del poder que las imágenes, sonidos y palabras tendrían para ir al acecho del votante indeciso, por una parte, y la astucia de los directores para poner en el ambiente las emociones y sensaciones, como en su minuto ejemplifiqué con la Teletón, que permitan al electorado suponer que estamos frente a algo importante, de vida o muerte, por la otra.
Pese a las criticas iniciales sobre la apuesta de Piñera, representada notablemente por los berrinches de mi colega Eugenio Tirón al compararlo con el Pentágono, me pareció acertado mostrar a este equipo de profesionales que lo asesora al candidato de la Alianza en su programa de gobierno; y es que, te guste o no, da la sensación de que están listos para gobernar. Es decir, si hay algo importante en la última etapa para las campañas de todos los postulantes a La Moneda es la potencia que imprimes para “exponer” tu peso (político e individual) para regir los destinos de Chile. Su ornamenta cinematográfica me recordó aquellos comerciales de IBM, bien logrado y considerando la evolución de los capítulos, creo que podrá sortear la incoherencia entre imagen y mensaje, mezclando elementos emocionales, como por ejemplo, el discurso de proclamación en el Arena donde incluso vimos a Sebastián levantando la mirada al cielo para pedirle a Dios que lo ilumine. La música, pese a la evidente copia diabólica (al revés) de un tema de Illapu, bien potable.
A Marco Enríquez-Ominami le resultó más cómodo materializar su temida (y alabada) rebeldía. A punta de golpes logró dar coherencia a un discurso innovador, pero asimismo en contradicción con el propósito de la franja: amenazar a un indeciso de que votar por ti es la alternativa correcta. No estoy seguro de los beneficios de sobreutilizar la provocación e irreverencia en un electorado más conservador de lo que está dispuesto a reconocer. Es decir, uno podrá matarse de la risa con la propuesta del semanario The Clinic, pero eso no quiere decir que me vaya a comprometer con una suscripción. ¿Se entiende?
Ahora bien, curiosamente la propuesta de Jorge Arrate es en lo audiovisual, con mucho respeto claro, de una pobreza sorprendente y es que la carencia económica no debería ser un obstáculo para él ya que tiene en sus filas a mentes y realizadores geniales del mundo del teatro, el cine y la televisión. Aclaro que el mensaje está muy bien, pero el color, la escenografía, la imagen que debería potenciar el discurso de Jorge está por debajo de las expectativas que me creé y, creo, que la de muchos acostumbrados a ver otras piezas más memorables de la izquierda dura chilena.
Por último, el uso que hace Eduardo Frei de sus cisnco minutos es el más parecido a la propuesta de la Teletón que sugerí hace unas semanas, me encantó ver gente “real”, sin embargo es débil por cuanto se nota demasiado el esfuerzo de asemejarlo con la franja televisiva realizada para la campaña del NO. Esa renovación tan anunciada por su comando contrasta con la entrega de un candidato “igualito” al ex Presidente. Es decir, si te haz esforzado por decir que lo realizado en el pasado queda en el pasado y ahora sólo resta concentrase en el futuro, uno esperaría que aquel anhelo, por lo menos en lo estético, se viera reflejado en pantalla. Quizás la propuesta del Gobierno aventura con la antigüedad del padrón electoral para recordarnos tiempos mejores. Lo ignoro, pero no me parece un buen trabajo considerando en general las nuevas expectativas de los chilenos. La música, bien, entretenida y actualizada, casi como si se le encargaran a Cristina Aguilera o Britney Spears.
Es decir y en resumen, puedo sospechar que esta franja política, hasta el momento, no estaría cumpliendo con el objetivo de convencer a ese porcentaje de electores que insisten en poner nerviosos a moros y cristianos. Aún quedan unos pocos días para mejorar muchachos. Anímense e impáctennos.
Matías Carrozzi
Sociólogo
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