Y finalmente los guarismos electorales no fueron muy cercanos a aquellos que venían siendo publicados por la prensa ‘oficial’ del duopolio, ya que hubo dos significativas sorpresas, a saber: Jorge Arrate superó con creces el escuálido 3,0% que le pronosticaban las encuestas, y Marco Enríquez estuvo muy por debajo del 25% que esas mismas encuestas le adosaban.
Jorge Arrate = 6,25
Marco Enríquez = 20,13%
Sebastián Piñera = 44,05%
Eduardo Frei = 29,60%
¿Dónde está lo principal, lo relevante? Luego de 20 años de gobiernos consecutivos, la Concertación vive su peor momento, su más trágica realidad… y de negro pronóstico, para ser sincero, pues solamente el 06% del total de sufragios es el que, nominalmente, separaría a Sebastián Piñera del sillón de O’Higgins, y como contrapartida, Eduardo Frei se encuentra separado del mismo sillón por más del 20% de los votos a nivel nacional.
¡Difícil tarea entonces es la que espera a la Concertación de aquí al 17 de enero del 2010! Aunque en el comando del candidato oficialista aún no reina el pánico ni la total desazón, pues dicen que todavía “hay patria” para luchar en enero próximo.
En el comando de Piñera tampoco están sacando cuentas alegres con la rapidez del rayo, ni se han mareado con el típico exitismo facilón de la gente de la calle, pues hay conciencia de que en la puerta del horno puede quemarse el pan; y respecto de triunfalismos espurios en la derecha hay experiencia, ya que les basta recordar lo que aconteció en otras campañas presidenciales, específicamente en la primera vuelta de Joaquín Lavín contra Ricardo Lagos, toda vez que treinta días después de aquella triunfal primera vuelta fue la Concertación quien derrotó a la Alianza sin discusiones mayores.
Pero, lo principal radica en que nunca antes la Concertación había sido tan vapuleada y derrotada como ocurrió esta vez. No se trata de una gran sorpresa, pues el fracaso político concertacionista se venía anunciando desde hace, a lo menos, dos años. El problema fue que ningún dirigente de ese bloque lo tomó en serio, creyendo que el pueblo continuaría privilegiándoles sus corruptelas, errores gruesos, familisterio, traiciones y mentirillas varias.
Poco a poco el choclo de la Concerta fue desgranándose hasta dejar la coronta a la vista. Primero abandonaron el barco los derechistas de apellidos Schaulsohn, Flores, Valenzuela van Treek y Zaldívar; le siguieron después los tibios, como Mulet y compañía, hasta que finalmente se apean del vehículo oficial los llamados ‘díscolos’, entre ellos: Navarro, Escobar, Enríquez-Ominami, Ominami mismo, Trivelli, etc. A partir de ese momento no se requería ser analista político para barruntar que a la Concertación le aguardaban días negros.
Si el 17 de enero se produce lo que hasta este momento se observa como muy posible, es decir, el triunfo de la derecha en la segunda vuelta electoral, el dominó político deberá ser revuelto nuevamente antes de repartir las fichas, pues, quiérase o no, con el triunfo de Sebastián Piñera se avizorarían claramente en lontananza los históricos “tres tercios” de la política chilena.
Vea usted cómo se estaría formando el nuevo cuadro en el escenario político criollo a partir del desguace de la Concertación.
A la derecha de la cancha, la Derecha (obviamente), es decir, RN y UDI, junto a los colgajos sobrevivientes del pinochetismo y de algunos partidos regionalistas que, en esta pasada electoral, les fue definitivamente mal, muy, pero muy mal.
Al centro del campo de juego, los restos de una vieja y desgastada Concertación, v.gr.: la DC junto al PPD y a un pequeño sector del PS y del PRSD.
Y finalmente, al costado izquierdo de la cancha: por supuesto, la Izquierda, la misma de antaño pero con maquillaje moderno, conformada por el PC, gran parte del PS, PH, IC, PRSD, y los náufragos del ‘marquismo’… que tratarían de no perder pan y pedazo, por lo que más temprano que tarde ingresarían –mayoritariamente- a este conglomerado (aunque cabe la posibilidad de que la actual dirigencia del ‘marquismo’ se una a esta corriente pero exigiendo –car’e palos- la conducción de la misma).
No obstante, los problemas seguirían siendo los que conocemos desde hace 30 años, ya que el sistema económico continuaría incólume sin que nadie le haga siquiera una revisión técnica. Además, la saga de privatizaciones titulada “vendamos Chile a luca el kilo” continuará prosperando en beneficio de aquellas escasas familias que llevan pegadas a la teta fiscal y a la expoliación total de los recursos naturales y humanos ya muchas décadas, e incluso siglos en algunos casos.
Y, por último, la brecha económica no sería estrechada ni acortada, puesto que las facilidades oficiales y gubernamentales seguirían siendo regaladas al mismo sector de ayer: el empresariado nacional y transnacional, en detrimento de las grandes mayorías trabajadoras.
Importante es observar cómo, desde hoy y hasta el 16 de enero próximo, las dos candidaturas que lucharán en esa segunda vuelta (Piñera y Frei) se esmerarán en distribuir ofertones a diestra y siniestra, en prometer el oro y el moro, la seca y la meca, pero ninguno de ellos hará referencias al fondo del problema, con lo que protocolizarán –una vez más- el perfecto estado de salud de un sistema que privilegia como único y exclusivo logro social el tener dinero para consumir… o consumir mediante dinero plástico a riesgo de endeudar incluso a la tercera y cuarta generaciones.
Por todo ello, ¿Piñera o Frei? Da lo mismo… es como elegir sólo entre hallulla y marraqueta… pero sin carne, tomate ni pebre.
Arturo Alejandro Muñoz
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