En política, si uno gana, el otro pierde. Excepto en Chile, donde todos ganan.
Y sucedió una vez más la noche del 13 de diciembre: ganó el que sacó el primer
lugar; el que llegó segundo con un 29.6 % también lo consideró un ?triunfo?.
Me declaro incompetente para entender este tipo de razonamiento. A lo mejor
es esto lo que llaman ganar por nariz. Ganaron los que bajaron su votación,
los que perdieron sólo pocos diputados porque pensaban que iban a perder
más, los que obtuvieron menor porcentaje del esperado, pero mayor del que
les asignaban sus contendores, los que obtuvieron tres diputados, porque
les significó un 300% de aumento. En suma, todos aparecen contentos?ante
las cámaras de televisión, a lo menos.
Mauricio Pilleux Dresdner
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