Por Arturo Alejandro Muñoz
ANTE LA PERSPECTIVA de que en La Moneda se instale un gobierno poco representativo de los ideales y objetivos de la democracia -tal como esta es entendida por la mayoría de los ciudadanos-, comienzan a surgir aprensiones y temores que se creía estaban ya superados por el paso y el peso de los años.
Vox populis vox Dei, reza el viejo adagio, lo cual no significa necesariamente que el populis jamás se equivoca, ni mete la pata o no se pega patinazos de padre y señor mío. En esta ocasión, ese mismo ‘pueblo’ pareciera estar optando por una administración de derecha, ultra conservadora y definitivamente enemiga de lo social, de lo solidario y, más importante aún, adversaria declarada de todo lo que sea ‘nacional’, amén de constituir también una férrea oposición a cualquier ley que beneficie –aunque sea un mínimo céntimo- a la clase trabajadora.
¿Es posible que el 50% de los chilenos desee contar con un gobierno de esas características, como también es posible que ese mismo porcentaje de compatriotas no tenga ningún interés en preservar los recursos naturales del país, ni en tener una sindicalización protegida legalmente, o en disponer de educación pública gratuita y de calidad, o servicios de salud gratuitos y de buen nivel? ¿Por qué no? ¿Alguien cree que no hay chilenos con inclinaciones a la privatización total del Estado? Claro que los hay, y no son pocos, pero tampoco son la mayoría.
Esos conciudadanos (como diría algún viejo radical) juran a pie juntillas que Sebastián Piñera podría realizar “un magnífico gobierno”, y yo no estoy en condiciones de negarlo, pues sé que el financista-empresario, sentado en La Moneda, hará tumba y turumba la muy gorda caja fiscal que le dejarán Bachelet y Velasco, ya que con esos miles de millones de dólares efectuará un asistencialismo a todo dar, gastando como sólo él sabe hacerlo, a lo rico. El problema sobrevendrá cuatro años más tarde, cuando esta misma ciudadanía –embelesada con tantas autoridades dispendiosas- vuelva a emitir su preferencia por la continuidad gubernativa de la derecha…pero, en ese momento ya no habrá caja fiscal ‘gorda’ y la única herramienta que encontrará a mano esa segunda administración ultra conservadora será: ¡¡privatizar, privatizar, privatizar!!, privatizar desde Codelco hasta la última escuelita rural metida en los faldeos cordilleranos sureños allá en Huachalaloma.
Para ese momento ya será tarde todo…todo… pues el pueblo (el populis) se encontrará muchísimo más desinformado e ignorante de lo que hoy presenta como cara ciudadana (que ya es maña y débil), porque –y he aquí lo que debe ser considerado de alta peligrosidad- durante cuatro largos años el país habrá sido carne y sangre para una prensa absolutamente derechista, privatizadora, anti latinomericanista y anti sindicalista que reinará en el país sin contrapeso alguno.
Las cadenas periodísticas EMOL y COPESA con sus diarios regionales, además de canales de televisión abierta como Chilevisión (del grupo Piñera), Mega (del grupo Claro), Canal 13 (del Opus Dei) y TVN (en manos del gobierno derechista), abrirán los brazos para recibir al ‘hijo pródigo’, el diario “La Nación”, que como se sabe es administrado por el gobierno de turno, dejando a Chile sin un solo medio que tenga una línea editorial diferente a la del nuevo establishment, pues publicaciones como El Siglo, El Mostrador, el Ciudadano y El Periodista, verán surgir ante sus narices impensadas sagas de trabas, obstáculos legales e imposiciones burocráticas que, en definitiva, les harán perder semana a semana su actual espacio, hasta producirles la muerte por inanición económica, o sencillamente por la aplicación del nuevo status político que conoceremos pronto: la persecución “legal”.
No será muy distinta la suerte que habrán de correr decenas de medios informativos virtuales, ya que hoy estamos en condiciones de asegurar que obra en manos de los asesores de Sebastián Piñera un “borrador” en el cual se contemplan muchas de las mismas medidas que el gobierno de China Comunista ha tomado en materias de Internet. “Si la ONU nada ha dicho a ese respecto por lo de China, ¿por qué debería decir algo si nosotros en Chile aplicáramos lo mismo?”, es lo que se repite sotto voce en el grupo Tantauco. “Además –dicen- los comunistas de acá tendrán que aplaudirnos si ponemos en práctica ciertas medidas que realizan los comunistas de allá”. Los dados están por lanzarse.
Nada nuevo bajo el sol, pues la propia Concertación señaló el camino asfixiando a decenas de medios, a esos mismos medios que lucharon contra la dictadura a puro ñeque y arrojo, permitiéndole a los guarapos concertacionistas arribar finalmente al gobierno para traicionar a quienes les salvaron del naufragio político entre los años 1982 y 1988: es decir, a los trabajadores organizados en sindicatos, federaciones y confederaciones.
Y queda pendiente una materia cuyo principal contenido no se encuentra a disposición del público, todavía. ¿Qué aprendió Piñera a bordo de aquel avión colombiano cuando el inefable Álvaro Uribe lo paseó por una parte del cielo cafetero? ¿Cuántas de las barbaridades y arreglines que ese mandatario impuso a punta de bayonetas gringas en su país irá a copiar Piñera?
Personalmente tengo pocas dudas respecto a que Uribe es el referente sagrado para los derechistas ex pinochetistas de nuestro vapuleado Pelotillehue, por lo que desde ahora en más resultaría conveniente repasar la historia última de la política de Uribe en Colombia, para así ir cayendo en cuenta de lo que nuestro financista empresario realizará en este, nuestro austral país.
Luego de las dudas quemantes expuestas en las líneas anteriores, vuelvo a la pregunta de fondo: ¿es posible que el 50% de los chilenos desee contar con un gobierno de esas características, como también es posible que ese mismo porcentaje de compatriotas no tenga ningún interés en preservar los recursos naturales del país, ni en tener una sindicalización protegida legalmente, o en disponer de educación pública gratuita y de calidad, o servicios de salud gratuitos y de buen nivel?
Y a esa pregunta, agrego otra de inmediato: ¿ese 50% de chilenos, tiene clara información y conciencia respecto de lo que está eligiendo a través del sufragio? Si hoy esos compatriotas no tienen ninguna de ambas (información ni conciencia), menos la tendrán en cuatro años más, ya que durante ese tiempo Chile estará sometido al imperio de esa muy “peculiar libertad de prensa”, la cual poseerá siempre una exclusiva y única línea editorial.
Recibe todas la actualizaciones en tu correo electrónico.

Participa activamente en nuestro medio - Opina sobre este artículo