Madre Tierra hay una sola

Publicado el dic 28, 2009 | 3 Comentarios

Por Arturo Alejandro Muñoz

tierrakillEL TIEMPO SE AGOTA, y una significativa parte de la humanidad aun no toma conciencia de cuán grave es el peligro que nos acecha por propia irresponsabilidad.

Los líderes de las potencias mundiales tampoco muestran interés en revertir una situación que, a todas luces y sin dudas posibles, en un lapso exiguo desde el punto de vista cósmico podría convertir nuestro planeta en árida y deshabitada roca viajera.

La fotografía que da inicio a estas líneas muestra un sector de la galaxia que conocemos como Vía Láctea, vale decir, a una parte de ese conjunto de sistemas solares y planetarios entre los cuales se sitúa el nuestro (sistema que, por cierto, está perdido y casi invisible en un lugar recóndito del infinito).

A objeto de entender la situación y tener claridad respecto de qué y quiénes somos en esta esquinita del universo, podemos ubicar a nuestro sistema solar en uno de aquellos puntitos (o píxeles) que se hallan en la parte inferior derecha de la foto en cuestión, tomada por la sonda Voyager.

¡Eso somos y ahí estamos! Habitantes de un grano de arena en la vastedad ¿ilimitada? del universo. Convengamos además en otro hecho científicamente cierto; nuestra propia galaxia pareciera ser también un píxel (punto diminuto) en medio de la inmensidad del espacio exterior supuestamente conocido por el ser humano.

Somos perentoriamente ínfimos en todo el sentido de la cosmografía, haya sido esta creada por un ser divino, u originada por un choque monstruoso de gases en aquel big-bang que todavía poco y nada nos explica.

Es así que al interior de este “grano de arena” que habitamos hoy seis mil millones de humanos, ha existido una lucha sin tregua a lo largo de los siglos en orden a determinar cuáles escasas familias se quedarán con el trozo mayor del granito arenoso, incluyendo ello por cierto a los otros humanos que lo pueblan.

Finalmente –y es el momento actual- la fuerza del poder y el poder de la fuerza (ambos en manos de señorones que devastaron territorios completos y tribus enteras) dio paso a un sistema llamado Capitalismo, el cual, en este siglo XXI, transformado ya en una especie de “civilización salvaje”, ha colocado al mundo en situación de emergencia.

El atentado permanente contra la libertad de los pueblos y de la naturaleza realizado conscientemente por las oligarquías de todos los orígenes, mantiene a nuestro mundo en un estado de inestable paz social,de preludio permanente de invasiones bélicas tendientes a conquistar recursos naturales ajenos en beneficio de unos pocos países, de insuficiencia alimentaria, deforestacion, desertificacion y pérdida general de las condiciones de vida.

Nos encontramos a escasos milímetros de perforar insanablemente nuestra propia existencia como género.

Basta de barbarie. Hoy la vida debe ser restaurada. Eso clama el grupo mundial “En defensa de la Humanidad”, el que además agrega:

““Es necesario revertir estas tendencias predatorias y reconstruir la armonía con la naturaleza; detener la carrera del crecimiento que arrasa la vida y que destruye las expectativas de bienestar de los pueblos; parar el saqueo de las mega transnacionales y sus socios menores; desmilitarizar la política y la cotidianidad; cambiar los patrones energéticos y los criterios de la producción.””

“”Se debe producir para garantizar la vida y no vivir sólo para producir ganancias; recuperar la posibilidad de autodeterminarnos; organizarnos para vivir bien (para el buen vivir) y no para buscar un supuesto desarrollo que nos sume en el productivismo capitalista.””

””Defender la vida bajo todas sus formas reclama limitar el poder de los emisarios de la muerte. Es urgente organizarnos para crear YA el nuevo mundo que nuestras utopías han ido perfilando, aquel donde los pueblos y la naturaleza vuelvan a vivir en armonía, autogobernándose y decidiendo libremente sus formas de socialidad.””

Es momento más que propicio para, de una vez por todas, abandonar el concepto Tener trocándolo por SER, pues resulta muy difícil aceptar que la relevancia “planetaria y universal cósmica” consista en que más y más terrenos y seres vivos se encuentren a disposición absoluta de algunos escasos y privilegiados grupos de humanos.

Surge entonces -en cualquier espíritu medianamente libertario y democrático- la duda cartesiana al constatar, por ejemplo, que una familia chilena (dos hermanos y un cuñado) es propietaria de TREINTA fundos en el país.¡¡ Treinta fundos!!… ubicados entre Codegua (Sexta Región) y Purranque-Frutillar (X Región). Como también resulta incomprensible aceptar que una sola persona –extranjera por añadidura- sea quien posea y controle un territorio que representa el 30% de la zona austral de América y el 45% de la reserva de agua dulce del planeta.

PLANETA VIAJERO

Mirada la situación desde una óptica real (verbigracia, cósmica), resulta incluso ridícula e ininteligible la lucha por el poder absoluto al interior de este grano de arena que transita por la vastedad del universo sin otro mando o timón que no sea el de su propia naturaleza.

¿Cuál es entonces el verdadero afán que mueve a ese poder humano y temporal (cortamente temporal) a apropiarse de todo y de todos en este trocito de piedra que nos sirve de domicilio y vehículo espacial? ¿La inmortalidad?

Imposible, ella no ha sido lograda por mujer ni hombre alguno desde que el mundo comenzó a girar, pues la vida en cualquier rincón del universo requiere de dos condiciones para su existencia: nacer y morir. Así es no sólo para los animales que poseen inteligencia y razonamiento, sino también para flora y fauna en general.

Además, contar con el poder total (como ocurrió con los faraones del antiguo Egipto)tampoco asegura inmortalidad, a menos que alguien pueda dar fe respecto a que una momia es un ser vivo, pensante y gobernante.

Buda, Jesucristo y Mahoma, ¿eran físicamente inmortales? Los tres fallecieron; eso dice la Historia real. Sus pensamientos y orientaciones han superado los siglos, pero ello es otra lectura, muy distinta de la que motiva el asunto central de este artículo, ya que lo mismo podríamos decir de Fidias, Cicerón, Buonarotti, Cervantes y Shakespeare, quienes también lograron superar la barrera del tiempo perdurando entre los animales humanos con sus escritos y creaciones.

Todos ellos murieron, se convirtieron finalmente en polvo y ninguno pudo llevarse consigo los réditos de sus trabajos para agenciarse servidumbre, terrenos y poder en el más allá.

Fueron otros –astutos explotadores- los que obtuvieron pingüe maquila de la esforzada vida de los mencionados. Y esos aprovechadores, engordados cual bandada de buitres enun cementerio de elefantes, también descendieron a la misma tierra arcillosa que les vio nacer.

Habida consideración de que todo lo que nace, muere, resulta entonces significativo y vital intentar que el tránsito por esta existencia a bordo del vehículo espacial –el ‘granito de arena’- sea feliz, tranquilo y hermosamente ‘vivible’.

Y, claro, lo dicho en estas últimas líneas (un pasar ‘vivible’) impetra como condición sine qua non mantener nuestro domicilio, nuestro planeta, nuestra locomoción cósmica, en excelente estado de conservación, ya que es el único lugar que poseemos como ‘tierra firme’ en el universo…difícilmente el Hombre hallará un cuerpo celeste con características y geografías tan peculiares y bellas como las que nos acompañan en este planeta durante el tránsito existencial que discurre con paso rápido entre el nacimiento y la muerte.

“”He tomado mi sitio en el cielo como el silencio.

Los siglos de la tierra me caen en los brazos.

Yo soy, amigos…

El viajero sin fin””

(Vicente Huidobro: “El paso del retorno”)


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