UNA DE DOS, o la ambición y necesidad por llegar a La Moneda es mucha, o simplemente a estas alturas del partido el socialismo es una alternativa más exitosa para gobernar que el ultra neoliberalismo.
Las últimas semanas de campaña para la segunda vuelta electoral han estado marcadas por sorpresas de grueso calibre, muy especialmente las referidas a promesas y dichos emanados de los labios de Sebastián Piñera y, también, de su señora esposa.
Doña Cecilia Morel anduvo politiqueando por estos rumbos campesinos de la provincia de Cachapoal, se reunió con algunos concejales de RN y de la UDI quienes le acompañaron en su objetivo principal: conversar con las trabajadoras temporeras que se encontraban laborando en algunos fundos agrofrutícolas y packings de la zona.
A nombre de su marido les prometió el oro, el moro, la seca y la meca. Sueldos dignos (eso dijo, lo cual puede haber significado: “no las porquerías que les pagan hoy”), derechos de sindicalización, legislar en beneficio de perfeccionar los contratos para aumentar los fondos de pensión sin necesidad de “sacarle otro trocito” a los salarios (que, como se sabe, son definitivamente bajos), obligar a las empresas agrofrutícolas a disponer de un ambiente de trabajo moderno, limpio, seguro. En fin, un montón de promesas similares a las propuestas socialistas que, sin lugar a dudas, deben haber molestado a los dueños de esas empresas, las cuales llevan décadas acostumbradas a colocar las reglas del juego y pagar salarios exiguos.
“O la señora Cecilia Morel es una demagoga, o es una socialista escondida bajo la capa de la libre empresa”, apuntó el contador de uno de esos fundos. Y si la duda había prendido en muchas personas que tuvieron la oportunidad de escuchar a la esposa del candidato, días después, el mismo Sebastián Piñera refrendó su “new look” filo progresista haciendo declaraciones que –amén del soponcio inyectado a personajes como Kast, Novoa, Moreira y otros- flirtearon abiertamente con los programas ofrecidos por el Juntos Podemos, la Concertación y, obvio, Marco Enríquez Ominami.
Ya en casi nada se diferencia el programa de la Alianza (según lo que explicita su candidato en todas y cada una de las regiones visitadas) del programa que la Concertación prometió -tome nota- en la campaña de segunda vuelta de Ricardo Lagos. Claro, la Concertación lo prometió casi con llanto en sus ojos, pero jamás tuvo intenciones de cumplirlo… y ahora, ocho años más tarde, vivazmente, Piñera lo recoge y lo hace flamear cual bandera novísima.
¡¡Pero, si ha ofrecido incluso crear un Ministerio Social, al más puro estilo peronista de los años ’50!! ¿Cecilia Morel querrá imitar a Evita? Si es Piñera quien triunfe este 17 de enero, junto al ya manido concepto del ‘emprendimiento’, parece que se viene con fuerzas un nuevo período de asistencialismo merced a la voluminosa caja fiscal que el empresario heredará de la administración Bachelet-Velasco.
En estos últimos días de campaña las ideas socialistas han seguido fluyendo como aceite fenicio por los lugares donde Piñera habla, pasa y (com)promete acciones futuras que se traslapan con la libertad de opción sexual, el amor joven sin ambages, los derechos legales de las parejas gay, y un largo etcétera que ha preocupado incluso a los más acérrimos socialistas, quienes ven en estas arremetidas un futuro incierto para la huestes de Escalona si el pueblo abraza como verdaderas las promesas mencionadas (y firmadas algunas ante la prensa) por el candidato empresario.
Por cierto, mayor es la preocupación (¿o ya será molestia a estas alturas?) en las filas de los principales socios de Sebastián, la gente de la UDI, que comprueban casi con espanto cómo algunos de los principales e intransables conceptos valóricos que han venido defendiendo desde que Atila abandonó Roma, hoy están tambaleando merced a la burda necesidad de agenciarse el gobierno… algo que, en esencia, no necesitan para seguir administrando Chile desde las oficinas de bancos, financieras, empresas y salones del Congreso Nacional donde el derecho a veto lo tienen asegurado merced al sistema binominal impuesto a bayonetazos por Pinochet.
Por ello, entonces, supongamos (y sólo supongamos) que ya instalado en La Moneda, Sebastián Piñera comience en los hechos concretos a dar cumplimiento a sus ofertas y promesas de campaña, en particular las que ha mencionado estos últimos días, las progresistas absolutas, entonces, ¿la UDI, la extrema derecha, el empresariado transnacional y local, le seguirán apoyando como hasta ahora lo han hecho?
No quiero caer en juegos de ficción, pero algo me dice que si lo anterior se cumple, vale decir, si Piñera realiza en terreno lo que ha venido ofreciendo, Chile podría vivir situaciones similares a las que en Honduras experimentó otro presidente derechista –Manuel Zelaya- que quiso gobernar en beneficio de las mayorías pero fue desbancado por quienes en el pasado constituían sus baluartes electorales: los empresarios-
Y si ello ocurre, ¿quién sería el ‘micheletti’ criollo?
Pero, a no caer en el juego pirotécnico de la derecha empresarial, pues a las promesas demagógicas anteriormente mencionadas, Piñera opone –siempre bajo la mesa y a escondidas de la gran masa electoral- su verdadero programa ultra neoliberal, del que hemos rescatado –en beneficio del presente artículo- algunos aspectos principales de la planificación que la Alianza por Chile tiene para aplicar al mundo del trabajo.
Helo aquí.
a) Movilidad laboral
Modificar el sistema de indemnización por años de servicios por un mecanismo de pago a todo evento, equivalente a 15 días por cada año de servicios.
En caso de despido, la empresa pagará solamente el 50% de lo que actualmente cancela y la cantidad de años acumulables será un máximo de tres, pues la ‘idea del socialista’ Piñera es permitir que la empresa, por sí y ante sí, determine pagarle al trabajador despedido un bono cuyo monto resuelva…¡¡la propia empresa!!
b) Jornada extraordinaria
Banco de horas extraordinarias anuales, equivalente a trabajar en promedio una hora extra al día, lo que representa 290 horas extraordinarias en el año.
Hoy, legalmente, las horas extras laborales autorizadas son 480 horas anuales, a pagar por el empleador. La intención del ‘socialista’ Piñera es limitar las horas extra sólo 290 horas anuales, disminuyéndolas en un 40%.
c) Flexibilidad salarial que asegure empleo a jóvenes entre 18 y 24 años, junto con facilitar su especialización. Garantizar un salario mínimo por cuatro años, que pueda aumentar ante buenos resultados económicos.
Los jóvenes regalarán entonces su trabajo durante cuatro años recibiendo un sueldo mínimo fijo, y si la empresa estima que hay buenos resultados, podría aumentar el salario. En palabras breves, se eliminan los reajustes legales.
d) Creación del Consejo Nacional del Trabajo, compuesto por cinco personas propuestas por el Ejecutivo y ratificadas por el Senado, que supervigile la aplicación de las normas laborales y previsionales y dicte normativas macro de criterios fiscalizadores.
Modificación de todos los Juzgados Laborales, los que actualmente resguardan y entregan protección a los trabajadores y sus remuneraciones y condiciones laborales.
Esta medida pretende dejar desprotegida a la fuerza laboral y tornar inútiles a los sindicatos.
Esta es, en parte, la verdadera planificación gubernativa del ‘socialista’ de última hora Sebastián Piñera. Si este programa no lo cumple, la sombra del ‘micheletazo’ se le vendrá encima. Por ello, toda la verborrea supuestamente progresista que ha venido lenguajeando a lo largo de Chile, sólo constituye ‘marea derechista’, pues el programa real que interpreta el sentir de la conservadora y ultramontana Alianza por Chile es el que puede inducirse de estas últimas líneas.
Arturo Alejandro Muñoz
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