Marco Enríquez-Ominami ha oficializado su apoyo al “candidato del 29%” basándose en sus diferencias insalvables con el proyecto que encarna Sebastián Piñera. Se extraen varias conclusiones de este “apoyo”, que también permite aventurar un eventual futuro político del díscolo socialista.
Primero que todo, es importante notar que esto no parece formar parte de la seguidilla de salvavidas que han llegado a la candidatura oficialista. M.E-O así lo aclaró en su último discurso. Esto, más que apoyo a Frei, es un voto en contra de la Derecha, ya que, según él, un gobierno de este sector significaría un enorme retroceso para el país. El díscolo realizó duras críticas hacia el senador DC y su sector y pronosticó una fuerte oposición por parte de su nueva opción política. Si esto último se cumple, sería un error tildar este gesto como un salvavidas o apoyo. Habrá que esperar.
Segundo, este gesto, aunque contradictorio con su diagnóstico de una Concertación “fenecida”, parece coherente con sus colores políticos. Algo, después de todo, “esperable” después de haber militado durante mucho tiempo en la Concertación. Tal vez muchos esperaban un llamado a anular en el balotaje, pero sus orígenes socialistas, sumados al abismo que lo separa de la Derecha, lo obligó a tomar esta opción. Creo que el mayor culpable de la decisión del díscolo es el sector ultra conservador que apoya a a Piñera, la UDI.
Ahora, el problema es el siguiente: ¿Qué pasa con las intenciones Marquistas por formar una nueva fuerza si él mismo está apoyando a una de las dos existentes? Su voto, de alguna forma, está apoyando no solo a Frei, sino que también a la permanencia de este duopolio Derecho-Concertacionista. Un autogol del ex-candidato.
Otro problema para el díscolo: Faltando tan poco para las elecciones, y considerando que M.E-O dejó en libertad de acción a su electorado, creo que este anuncio no tendrá incidencia mayor en las elecciones de segunda vuelta. ¿Por qué esto es un problema? En el escenario de que las palabras del ex candidato no tengan eco en el balotaje, la única consecuencia de su anuncio de última hora será la pérdida de credibilidad. El 20% que lo apoyó en la primera vuelta quedará decepcionado y los disidentes tendrán herramientas para decir que esta candidatura independiente no tenía tanto peso como parecía.
En un escenario distinto, es decir, que el voto de M.E-O sí afecte la elección del próximo presidente, la opinión pública tendrá fundamentos para pensar que esta candidatura fue solo un “arreglín”, y muy efectivo: Puso sobre la mesa las fallas y los desgastes de la Concertación para que esta los aceptara y prometiera soluciones. Una especie de mea culpa premeditado.
Malas noticias para el díscolo entonces … Si durante los próximos 4 años no encarna una oposición real al gobierno de turno, su opción quedará como un “fue lindo mientras duró” y, para algunos, como un simple arreglo político. Depende de él que su proyecto no quede en nada. Tiene cuatro años para disipar dudas, liderar un proyecto importante y volver a reencantar a gran parte del decepcionado 20% de personas que creyó en sus convicciones e ideales, pero que hoy lo ve caer en el juego de los “dos grandes”.
Su opción es comprensible y respetable, pero le juega en contra.
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