Los primeras acciones de Obama comentadas por algunos chilenos que viven en USA

Publicado el ene 15, 2010 | 3 Comentarios

Por Arturo Alejandro Muñoz.

Obama_GodYO FUI UNO de aquellos miles de latinoamericanos, millones quizás, que se estremecieron positivamente con ese histórico “yes, we can” enarbolado por Barack Obama a lo largo de su campaña presidencial.

Y fui también uno de los tantos habitantes del sur del mundo que sintió humedecerse sus ojos el día en que Obama –ante una multitud de esperanzados norteamericanos- alzó sus brazos en señal de victoria.

Reconozco que a poco transitar, la marcha del presidente comenzó a dejar en mi boca un cierto sabor amargo, un hálito demasiado conocido producto de las reiteradas actitudes y acciones del establishment norteamericano en relación con aquel ‘resto del mundo’, que le interesa en cuanto constituye recursos naturales y aumento de su propio poder omnímodo.

Es cierto que Obama, al inicio de su mandato, ha frustrado muchas esperanzas. Lo de Colombia y su asociación con Álvaro Uribe instalando múltiples bases militares en el corazón del país cafetero, es una de las más dolorosas para el orgullo y la democracia latinoamericana. A ese acuerdo sería válido aplicarle los mismos argumentos y críticas que explicitaron -en su momento-los dirigentes y medios de prensa estadounidense a la “asesoría militar” prestada por la ex Unión Soviética a Cuba.

Su actitud permanente de crítica (casi de enfrentamiento) con gobiernos que no constituyen parte de su propia cofradía, pero que están donde están merced al ejercicio indesmentible de la democracia plena y la soberanía absoluta de sus respectivos pueblos (me refiero a Ecuador, Bolivia y Venezuela… y a veces a la Argentina y a Brasil), muestra resabios frescos de la política del ‘patio trasero’, clasista y predadora, que Washington ha aplicado –en exclusivo beneficio propio- a las naciones ubicadas al sur del río Bravo desde comienzos del siglo diecinueve a la fecha.

Es por ello que respecto a América Latina su política está lejos de ser encomiable. Hoy, por ejemplo, envía miles y miles de millones de dólares en ayuda militar a Colombia, y está aumentando el número de ‘consejeros’ en ese país, poniendo en serio riesgo la paz interna de Venezuela y el equilibrio regional.

Es cierto que Obama denunció el golpe de estado en Honduras (de forma tímida y balbuceante), pero permitió que Hillary Clinton, desde Washington y en foros internacionales, criticara a Manuel Zelaya por su actuación y opiniones, dando un amplio respiro a los golpistas encabezados por Micheletti.

No obstante, analizar desde Chile las medidas que pueda tomar o dejar de aplicar internamente un mandatario del país más poderoso del mundo, resulta ser un intento, por lo bajo y sinceramente, poco objetivo.

Pretender, con ojos latinoamericanos, que un presidente de Estados Unidos logre dar un giro radical, un golpe de timón espectacular, a la administración no ya del gobierno, sino del establishment local (y por tanto, mundial), en cuanto a abandonar aquellos apetitos e intereses que le permiten continuar siendo primera potencia, constituye una ensoñación rayana en la fantasía e ignorancia.

Por esas razones conviene efectuar sólo aproximaciones al análisis cauto, mejor informado (y por tanto más certero), recurriendo a las opiniones de compatriotas que viven en USA desde hace largas tres o más décadas, y que se desenvuelven exitosamente en ese país merced a sus capacidades profesionales (académicas específicamente) que cuentan con un amplio reconocimiento de las autoridades locales, tanto como de la población que ellos atienden.

Elba Andrade, académica de Citadel, en South Carolina, mantiene con el autor de estas líneas una correspondencia suficiente para lograr entender y aquilatar lo que una mayoría de ciudadanos estadounidenses piensa de su mandatario.

Es por tanto indispensable -si se desea contar con un análisis de mayor equilibrio y certeza- conocer el pensamiento, la satisfacción o la decepción que envuelve a los habitantes del país del norte en cuanto a la forma de conducir sus destinos que ha administrado hasta este momento el presidente Obama.

Las opiniones de Elba Andrade, relevantes en cuanto luces sobre el entorno, se desglosan no sólo de 30 años de permanencia en Estados Unidos sino, principalmente, de su calidad de investigadora y docente que puede analizar –con mirada latinoamericana, pero académica y asertiva- la realidad de aquel país y su actual tránsito de la mano del presidente Barack Obama quien, como ya dije en líneas anteriores, más de alguna frustración nos ha proporcionado a los habitantes del sur del mundo, pero como muy bien aclara Elba Andrade…

… al interior de esa poderosa nación de América del Norte también hay esperanzas que han sido frustradas. Entre otras se le critica a Obama, por ejemplo, el haber permitido a los bancos apropiarse de billones de dólares pidiendo en cambio solamente un alto a los salarios de los ejecutivos. Ello ha traído satisfacción a un nivel populista, pero no ha ayudado directamente al pueblo.

Obama tuvo a la banca a sus pies, pero en el momento de actuar no le ordenó parar los remates de casas y bajar los altos intereses hipotecarios.

En cuanto a las libertades civiles es cierto que él no ha cambiado nada del Military Commissions Act (que permite al presidente negar el habeas corpus a cualquier ciudadano de ese país), como tampoco ha revisado el Patriot Act que todavía permite a la policía entrar a tu casa si tú no estás allí; ni tampoco, hasta ahora, ha cambiado la ley de espionaje que expande la habilidad de las organizaciones como FBI o CIA de monitorear a todos los ciudadanos.

En cuanto a los derechos de los homosexuales no ha levantado el bando de “no preguntes, no digas”. Tampoco ha llamado a rechazar el Acta de Defensa Matrimonial de la derecha ultra conservadora. Pero sí es cierto, y loable, que haya invitado a los lideres del movimiento gay a la Casa Blanca dando la Medalla de la Libertad a Billie Jean King y póstumamente a Harvey Mills, el dirigente homosexual asesinado (incluso Hollywood realizó un excelente film al respecto, con Sean Penn como protagonista principal).

En cuanto a la tortura, hay que reconocer que su retórica ha sido refrescante e inequívoca, pero sus acciones no lo han sido tanto, pues ha rehusado enjuiciar a los culpables que ordenaron, supervisaron o justificaron esa deleznable e inhumana práctica. La cárcel de Guantánamo sigue allí, como si nada hubiese pasado jamás. Pero en verdad es el Guantánamo yanqui quien sigue allí, tan inmoralmente como permanecen Gibraltar y las Malvinas en manos inglesas.

Desgraciadamente, Obama ha continuado la política de Bush en cuanto al eufemismo de las “rendiciones” que dan derecho a interrogar a prisioneros en otros lugares.

Como contrapartida, sí ha dicho al respecto que habrá más control en los envíos. En cuanto a la guerra, su política es doble, pues por un lado establece una fecha de retiro en Irak y, por otra parte, decide aumentar el número de tropas en Afganistán.

Pero, Obama ha hecho también buenas cosas –para el interés del ciudadano corriente- que deben de ser entendidas dentro del contexto norteamericano y no con anteojeras. En su primera semana firmó la ley Lilly Ledbetter que da a las mujeres más amplitud para enjuiciar la discriminación sexual que es cosa aberrante y común en el mundo.

Levantó también la mordaza que existía a nivel internacional permitiendo a los grupos que reciben ayuda del país gringo a mencionar las opciones de planificación familiar incluyendo el aborto.

En sus primeras semanas, firmó una ley que dio a millones de niños de bajos ingresos la posibilidad cierta de tener acceso a un seguro de salud.

En cuanto al medio ambiente ha revertido la política de Bush, permitiendo a los estados imponer estándares de carbono más altos que los impuestos por el gobierno federal.

Ha declarado que EEUU ya no impedirá a ninguno de sus aliados ni de sus conciudadanos (léase ‘empresas’) firmar tratados globales para limitar los gases del efecto invernadero.

Se ha unido a la comunidad internacional firmando una ley que prohíbe la exportación de bombas de racimo.

Ha llamado a la transparencia en el gobierno y ha hecho más fácil para la prensa y el público obtener documentos vía el Acta de Libertad de Información.

Su sentido común ha prevalecido cuando ha levantado la prohibición de investigar con las células del cordón umbilical y ha nombrado en el cargo ad hoc a Gil Kerliwoske, quien no cree en la “guerra a las drogas”, sino que favorece el tratamiento por sobre el encarcelamiento.

También nombró a Hilda Solís, una mujer que SÍ CREE en los derechos laborales y Obama incluso ha apoyado un par de huelgas en EEUU, lo cual ningún presidente anterior había hecho.

Además, ha colocado en la Corte Suprema a una eminente latina, Sonia Sotomayor, puertorriqueña del Bronx.

Podríamos seguir enumerando acciones y medidas, pero el punto principal es que ha habido algunos –aún escasos- cambios positivos.

Se ha elevado el tono en Washington y se han restaurado medidas inteligentes y de civilidad. No olvidemos que en abril, en Praga, Obama se refirió al desarme nuclear y que en El Cairo reconoció el papel de USA en el derrocamiento del gobierno iraní en 1953.

Asimismo se ha referido a Palestina y a Israel en ciertos términos que, por lo menos hasta el período de Bush, resultaban inconcebibles para el parlamento judío.

En suma, puede que la retórica supere los hechos, pero es buena retórica, aunque sin duda el presidente de Estados Unidos está demasiado preocupado por lo que el establishment yanqui pueda pensar de él.

Como alguien dijo (y cito textualmente): “Obama conoce bien las situaciones, es fluente en las medidas de izquierda, habla progresistamente, pero no camina demasiado.”

Sí…es cierto, el presidente Obama ”no camina demasiado” (según nuestros intereses latinoamericanos), pero camina; de eso no hay duda.

Independiente de quién sea mandatario en Chile, me asiste la certeza de que deberemos preocuparnos por lo que haga, no haga o deje de hacer, el presidente de EEUU, Barack Obama, quien -a mi juicio- se encuentra librando una batalla contra el establishment yanqui racista y expansionista imperial, aunque hasta ahora lo hace en solitario y tibiamente.

Lo que importa entonces es saber si, terminada su administración, todo aquello que hoy está realizando al interior de su país, continuará en pie o, simplemente, un futuro mandatario lo enviará al tacho de desperdicios.

He ahí la cuestión principal, ya que estos primeros tibios pasos bien podrían convertirse mañana en trancos largos y seguros… como también es posible, muy posible, que regresen a fojas cero.


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