Cuestión de piel

Publicado el ene 27, 2010 | Deje un comentario

guanacoEn las últimas horas de ayer lunes, un cabo de carabineros, perteneciente a fuerzas especiales, denunció haber resultado lesionado, con graves erosiones y quemaduras en su piel producto de un chorro de agua lanzado por el tristemente célebre “guanaco”, arma con que la policía uniformada de Chile disuelve o “persuade” a los manifestantes para que se retiren de lugares públicos.

El policía, quien participaba junto a una veintena de colegas en una suerte de “ceremonia de iniciación” tras una jornada de entrenamiento, estampó tal denuncia ante la fiscalía respectiva y está siendo asesorado por un abogado penalista.

Ante preguntas de los periodistas que cubren ese frente, el director general de la mencionada institución negó que carabineros de Chile utilicen ese tipo de métodos que “atentan contra la integridad de las personas”, pese a que el comandante a cargo del entrenamiento subrayó –según grabación de video hecha pública- que es usual que los uniformados reciban algo de su propia medicina.

Gordon, quien es el responsable máximo de esa policía en Chile, remató diciendo que “tal vez ese funcionario tenga un tipo de piel más sensible, pues ningún otro de sus compañeros habría dado muestras de estar lesionado ni presentó denuncia alguna”. La verdad es que el resto de los “iniciados” se juega la pega, general, y en estos tiempos está dura la cosa.

Fuerzas especiales, en mi tiempo de estudiante allá en la ciudad de Concepción, se llamaba Grupo Móvil, y le bautizamos como “bruto móvil”, y no fueron pocas las veces en que debimos correr evitando el apaleo, los gases lacrimógenos y el chorro del guanaco, así como el sadismo de un suboficial  conocido como “el vietnamita”, tanto por sus rasgos asiáticos y color de piel como por su destreza en las patadas y los combos. Probablemente también porque muchas veces marchamos en contra de la guerra que en aquél entonces libraba la todopoderosa maquinaria militar gringa en contra de un país paupérrimo y digno en el sudeste asiático, con las consecuencias que todos conocemos.

En 2006, cuando los estudiantes secundarios chilenos marcharon por miles exigiendo el cese de la educación municipalizada y un mayor aporte estatal para mejorar la calidad de la misma, entre otras demandas, centenares resultaron heridos y decenas debieron acudir a hospitales debido a quemaduras en su rostro y piel. Entonces, se hablaba de gases lacrimógenos y agua lanzada por el guanaco mezclada con elementos altamente nocivos para la salud humana, pero la noticia se disipó con la misma rapidez que la irritante nube de humo que cubrió las calles de Concepción, Temuco, Santiago y Valparaíso.

Estamos a un mes y medio de la asunción de Piñera al poder y del inicio de clases, cuando con toda seguridad serán muchos quienes demuestren su repudio a las nuevas autoridades y su desdén por quienes son los responsables políticos de que ello suceda: la Concertación, y allí también estarán apostados el guanaco, el zorrillo, el carnicero, las cucas y un vasto despliegue de fuerzas especiales para reprimir a quienes protesten.

Veremos si la denuncia del cabo de carabineros surte algún efecto que permita al menos controlar la adquisición de ese tipo de elementos “disuasivos” que forman parte del arsenal de la policía chilena, o si todo quedará reducido a una cuestión de piel y ese cabo deberá buscar empleo en alguna empresa de seguridad o como rondín.

Por mi parte, me alegra que el “vietnamita” esté tan o más viejo que yo, pues ambos corremos más lento, aunque yo aún no me jubilo.

Enrique Fernández Moreno.


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