Malos augurios emanan del futuro gobierno derechista; Piñera puso vergonzosas condiciones a la prensa para responder entrevistas, y en Coltauco un grupito de matones amenazó telefónicamente al alcalde PS
Arturo Alejandro Muñoz
CUANDO ALGUIEN PREGUNTA por qué se está fraguando una oposición férrea al futuro gobierno derechista de Sebastián Piñera, es habitual escuchar argumentos tan baladíes y simplones como “sólo los tontitos y los fanáticos de izquierda le temen a una administración derechista”.
Nada más equivocado que ese argumento insulso, pues quienes conocieron en carne propia el mal llamado ‘gobierno’ de la dictadura militar, conocieron también el verdadero rostro y la auténtica alma del conglomerado conservador opusdeístico.
Los lectores pueden estar seguros de que ese rostro y esa alma distan kilométricamente de los rostros y almas que hoy nos ha querido ‘vender’ la derecha encabezada por Sebastián Piñera.
El recién electo Presidente de la República aún no asume el cargo y en ciertas comunas alejadas de las metrópolis ya comenzaron las amenazas abiertas -anónimas por cierto, típicas de cobardes y bravucones-, contra autoridades locales que no pertenecen a las cofradías de la Alianza por Chile y, también, contra personas que poseen alguna mínima notoriedad pública, pero que han manifestado una ideología distinta a la que distingue a los fundamentalistas del neoliberalismo.
En la comuna de Coltauco (Provincia de Cachapoal), lo anterior ya ocurrió. Ha comenzado la “cacería de brujas” por parte de grupúsculos de derechistas afiebrados, los que escondidos en el anonimato se comunicaron telefónicamente con el domicilio particular de Rubén Jorquera, alcalde (PS) de esa comuna, para amenazarle con las penas del infierno. El llamado telefónico fue recibido por la esposa del edil, cuya persona, hijos y domicilio, nada tienen que ver con la gestión municipal.
Pero a estos descerebrados poco les importa, sólo quieren sembrar el pánico para asfixiar cualquier tipo de oposición e imponer -urbi et orbi-, la idea de que el fundamentalismo ultraderechista -vástago del pinochetismo- ha regresado en gloria y majestad.
Creen trabajar en beneficio de alguno de sus patrones, presumiendo que les será retribuida su servidumbre, aunque los porfiados hechos indican que más allá de una sonrisa o un breve palmoteo en la espalda, no habrá premio ni galvano.
Olvidan que ellos, para el patrón, tienen sólo calidad de inquilinos, de ‘empleados’ mal remunerados; pero, con fútil esperanza de que, algún día, recibirán parte de las sobras que restaron en la mesa del amo. Son, simplemente, la gleba del feudal, vale decir, aquellos individuos que jamás podrán siquiera acercarse al jardín del domicilio o palacete de su patrón porque, para este, resulta de mayor importancia el cuidado de sus mascotas que la salud de uno de esos asalariados que le sirven con la perruna lealtad propia de los lacayos.
Es posible que los 52 años lejos del gobierno por la vía democrática hayan hecho mella en los espíritus de algunos derechistas. Los últimos avatares políticos gubernamentales que registra la derecha criolla, se relacionan con el apoyo y participación prestadas a la dictadura militar, cuya administración careció de críticas públicas no porque ellas inexistieran, sino debido a que cualquier comentario o acción que contrariase los lineamientos de la tiranía era aplacado de inmediato y violentamente por medio de las armas, la cesantía, los allanamientos, las torturas y el asesinato.
Muchos de los principales dirigentes de la Alianza por Chile se formaron, crecieron y se instruyeron al amparo del sistema dictatorial, por lo que mal pueden asegurar ahora que “aman la democracia”, dado que nunca la vivieron, la aprendieron ni la defendieron.
Y si tales dirigentes presentan estas falencias, resulta válido preguntarse qué tipo de carencias pueden tener algunos simples simpatizantes de esa corriente política, ya que muchos de ellos, amén de no haberse formado en democracia ni haber aprendido los basamentos mínimos de la Educación Cívica, tampoco presentan bondades en materias culturales, muy especialmente al referirse lo anterior a personas de bajo nivel educacional que viven –desde siempre- en comunas rurales donde al patrón latifundista lo confunden con una divinidad.
Resulta sano recomendar a las futuras autoridades que al tomar el control del gobierno el próximo mes de marzo, pongan extremo celo en lo que sus partidarios realizan en comunas pequeñas y pueblos alejados de las grandes urbes, ya que en esos lugares poco importa a la gente lo que sucede en las altas esferas nacionales e internacionales, pues interesa sólo aquello que ocurre en sus entornos cercanos y según lo que allí acaezca es como responden posteriormente en materia política.
La Concertación, y su fracaso en estas elecciones, puede dar fe de cuán cierto es lo que se asevera en las líneas anteriores, pues desatendió las necesidades reales de la ciudadanía, ocupándose preferentemente de todo lo macro, tanto en economía como en materias de legislación variopinta’, y por añadidura, en beneficio directo de los dueños del dinero, los empresarios.
Esta Derecha inexperta en materias de administración institucional democrática a nivel de gobierno central, debe aprender rápidamente que una cosa es la crítica, la oposición legal y la libertad de expresión, pero otro asunto, muy distinto, es la presión indebida, la amenaza a la integridad física de las personas y a sus bienes materiales, así como la siembra de pánico –anónima y cobarde-, buscando mantener aterrorizada a una población porque un significativo porcentaje de ella no concuerda con los lineamientos neoliberales y estratificadores de los nuevos mandantes.
Es, finalmente, oportuno aseverar que a los descerebrados que profirieron bravuconadas y amenazas contra el alcalde de Coltauco vía telefónica les ha salido el tiro por la culata, pues ya son miles los coltauquinos (incluyendo decenas de aquellos que no votaron por él) que han cerrado filas en torno a la figura del edil, como también lo han hecho en torno a Rubén Jorquera en su calidad de persona.
Contrariamente a la intención que debe haber movido a esos delincuentes, el alcalde Jorquera, hoy, no sólo por los múltiples trabajos que ha impulsado en beneficio de la comuna sino también producto de esas cobardes amenazas, de seguro cuenta ya con más votación que aquella mediante la cual logró el sillón del municipio.
Post Data: Horas después de haber despachado este artículo a los medios con los cuales colaboro, recibí de manos de un amigo las líneas escritas por el ex director del FONDART nacional, el poeta Jorge Montealegre, cuya reciente desagradable experiencia reafirma lo dicho en el artículo que usted acaba de leer. Escribe Montealegre:::
“” “¡Llegó una amenaza!”, avisó Abril con un papel en la mano. Lo dijo más risueña que asustada. Con cara de pregunta. ¿Será una broma? El papel era un pequeño afiche de “la bomba 4” que reparte el diario La Cuarta: por ambos lados lleva la fotografía de una modelo voluptuosa, semidesnuda, erotizada: casi porno. “En paños menores”, habría dicho mi padre. Lo perturbador es que sobre los senos de una y en las piernas de la otra estaba rayada la palabra “CAGARON”. Con letras grandes, con rabia.
¿Quiénes “cagaron”? Las de la casa. Pía Barros, mi esposa, y mis hijas Abril y Miranda. En nuestra casa nunca hemos sido paranoicos, pero con los horrores de la dictadura –que el Presidente electo llama “errores”- se nos acabó para siempre aquello de que “estas cosas no pasan en Chile”.
Broma de mal gusto o amenaza macabra, no pude dejar de relacionarla con la euforia fascistoide de quienes celebraban “el cambio” gritando: “¡General Pinochet este triunfo es para usted!”. También, recordé un trabajo que hice sobre “las representaciones sociales discriminatorias en el diario La Cuarta”; ahí analicé también sus fotografías.
Si bien detecté las mutilaciones simbólicas que sufre la mujer en la edición de esas imágenes, no pensé en ese placer-desprecio que al parecer sienten esos lectores –los más machos- que en el fondo odian a las mujeres. Y están felices.
Para ellos se acaba la humillación de tener una mujer en La Moneda. Y rayan las fotos de mujeres para amenazar a otras mujeres, especialmente a aquellas –como la escritora Pía Barros y muchas otras también admirables- que no han tenido pelos en la lengua para reivindicar su feminismo, su adhesión a la presidenta y congénere.
En nuestra casa votamos izquierda. No sé qué tan minoría podamos ser en el barrio. En mi casa hay mujeres valerosas (todas ellas feministas con el favor de mi dios). Me violenta que sean observadas y amenazadas por el machismo más feroz y grosero; ese que se ha “envalentonado”, ganador, anónimo, celebrando un cambio que promete retroceso y desalojo con revancha.
Ojalá no pase en todos los barrios de Chile. Ni sea el sello que marque los cuatro años que vienen.
Jorge Montealegre
Viernes 22 de enero de 2010
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