Joel Muñoz
La victoria electoral de la derecha nos deja libres de seguir justificando la democracia a medias. Nos deja libres de seguir fomentando creencias, discursos y narrativas, de una democracia que nunca llegó a ser plena. Nos permite darnos cuenta que quedamos en libertad de acción…y de pensamiento.
Sostengo que hoy es tiempo de libertades. Estuvimos presos mucho tiempo. No sólo en una prisión física, también lo estuvimos en una prisión social, emocional, sicológica, material, conciente e inconciente, como víctimas del miedo. Expresado todo esto en un formato político y cultural del cual no nos podíamos mover.
El terror y la violencia de casi dos décadas modelaron la respuesta del miedo, acondicionaron la sociedad, marcaron los límites de los sueños y de los ideales. Cuando el cuerpo, las emociones y el espíritu fueron suficientemente formateados a sangre y fuego, como se moldean los metales o el vidrio en los hornos , entonces vino un espacio de libertad institucional y social, con condiciones que todos conocemos.
Los administradores de la libertad a medias crearon un “relato” o “narrativa” de la vida que le llamaron transición o “libertad y democracia en la medida de lo posible”. Así, nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras emociones y afectos, como nuestra manera de hacer las cosas, fueron condicionados a vivir en la medida de lo posible, una cuota de permiso para vivir administrada por nuestros representantes y comprada por nosotros mismos. Recordemos que el lenguaje crea la realidad, y ése fue el discurso eternamente repetido hasta que llegó su fecha de vencimiento.
No sólo vivimos con el miedo a ser castigados por dictaduras, por ejercer nuestra libertad. Nos hicimos cargo también de no ser libres por mantener los males menores. Renunciamos concientemente a expresar libremente nuestras ideas, nuestro desacuerdo, nuestras propuestas, nuestras diferencias. Renunciamos a ser enteros. Hemos sido sólo la mitad de nosotros mismos.
No sólo le tuvimos miedo a las viejos fantasmas uniformados. También le tuvimos miedo a las autoridades civiles elegidas democráticamente. Les concedimos un poder sobre nosotros que nunca debió ser y que ellos alimentaron de un modo extraordinario. Nadie pensó que en realidad su poder provenía de nosotros y no de ellos. Y que todo era para servir, no para servirse.
Presos del miedo y del paradigma de “lo posible”, encarcelados en un espacio de razones interminables para no ejercer la libertad, nos fuimos adaptando, nos fuimos autoconvenciendo y formateando a una democracia inconclusa, aceptándola como definitiva. Nos fuimos acostumbrando a vivir a medias, permitiendo que otros se hicieran cargo de las negociaciones para alcanzar unos pocos puntos más de libertad, igualdad, derechos…Así, quienes construyeron la sociedad del miedo concedieron algunos puntos para lavar su conciencia y su imagen hasta que recuperaron todo su poder, ahora vestidos de civil, de hombres libres y democráticos.
Hemos vivido la experiencia de transitar en los temores. Ahora podemos vivir la experiencia de liberarnos, podemos experimentar la definitiva y esencial pérdida de todos los miedos. Principalmente los de adentro, los internos. Podemos ahora declararnos en libertad de acción para vencer el temor a los fantasmas creados e instalados en casi cuarenta años de historia, más todos los creados en su correspondiente prehistoria.
El modelaje del miedo ha hecho de este pueblo un ejemplo de “deber ser”. Somos un ejemplo para el mundo de buen comportamiento, nota siete en conducta y en buenos modales, aunque ello nos haya significado perder lo mejor de nosotros.
Muchos estudios sobre Desarrollo Humano en los últimos tiempos han comprobado cómo la mayoría de chilenos y chilenas vive sin sentido de la vida, con ausencia de sueños, con sentimientos permanentes de exclusión, con baja autoestima, con falta de reconocimiento afectivo y material, endeudados, con sentimientos de infelicidad permanente, con exceso de consumo de tranquilizantes y antidepresivos, con la enfermedad del trabajolismo acompañada de una bajísima productividad…con presentismo, una nueva patología social, ir trabajar y hacer nada. Todo acompañado de aumento del alcoholismo, la drogadicción, la violencia intrafamiliar, la violencia en colegios, femicidios, consumismo…
Es hora de la independencia y la liberación de la cárcel interna. Es hora de descubrir lo que hay dentro de cada uno y echarlo afuera. Desde allí podemos reinventarnos. Nadie, desde afuera nos puede reinventar. No podemos comprarnos cuentos que no vengan desde lo más profundo de cada cual. La construcción social de futuro, para que sea nuestra, sana, sostenible y con sentido, no puede nacer de nuevos inventores de “relatos” y “narrativas” que nos conviertan en seguidores adaptados, nuevamente en ovejas.
La libertad es producto de la capacidad de ampliar la mirada, ampliar el estado de conciencia. Respirar profundo y ver más allá, imaginar y visualizar la vida que realmente queremos y ponernos en acción para construirla en acuerdo con otros que quieren lo mismo. Ser más libres, más felices, más integrados, más humanos, más creativos, más sanos, mejores en todos los sentidos.
Abrir las compuertas a las posibilidades expresivas, a las necesidades contenidas, a los sueños postergados, a las ideas reprimidas, esa es la magnífica posibilidad que tenemos. Reinventarnos es descubrir nuestros trasfondos, no los discursos y maquillajes superficiales. Ya no tenemos que andar por la vida justificando a la Concertación y a nadie. Somos libres de mirar también al nuevo gobierno y mantenerlo a raya. Somos libres de crear alternativas.
Nada sacan quienes quieren marcar la pauta apresuradamente de lo que vendrá o lo que tiene que venir. Escucharnos, crear el espacio de soñar y visualizar futuros, con plena libertad, sin cohersión de ningún tipo, así podemos reinventar una auténtica libertad y una auténtica democracia.
(*) Durante muchos años dirigiendo y coordinando grupos de creadores he podido comprobar que este es el único método para estar en la experiencia de la libertad y la construcción de futuro, de cuerpo presente, con el beneficio de generar grandes ideas y sentidos comunes para el bien de cada uno y de todos.
Recibe todas la actualizaciones en tu correo electrónico.

Participa activamente en nuestro medio - Opina sobre este artículo