Ad portas de un nuevo partido político
Está en formación un nuevo partido político (cuyo nombre está por definr), que pretende recoger las inquetudes del grupo de chilenos que votaron por MEO en las pasadas elecciones. Entre las características que tendrá esta nueva agrupación, se ha mencionado la de ser “programática y no ideológica”, lo cual parece más concreto que el término “progresista”, que parecer no tiene un significado muy claro y específico dado que en la reciente campaña presidencial todos los sectores políticos se han manifestado como tales.
Estrictamente hablando, no existe una opción política que no sea doctrinaria. En un sentido amplio una doctrina, es un cuerpo de ideas que puede ser utilizado para referenciar acciones o actitudes, es este caso políticas y por lo tanto es inherente a ellas. Asi consideradas las cosas, la pregunta es entonces ¿cual es el sentido de la nueva propuesta?. La respuesta, es que no hay un sentido o significado unico que compartan todos sus adherentes. Están desde los que han abandonado la concertación, hasta gente que no ha participado nunca en política o aun personas que han apoyado a la derecha tradicional pero que ven en este movimiento la posibilidad de algo nuevo.Justamente aquí está una de las dificultades de este nuevo movimiento, poder armónizar al altamente ideologizado sector que viene de la concertación, con otra gente, para las cuales las palabras “izquierda”, “derecha”, “Pinochet”, “dictadura” y otras, tienen un sentido muy diferente. Claramente esto se advirtió en los comandos que apoyaron la campaña de MEO, muchos de sus partidarios supusieron erróneamente que los votos de segunda vuelta de Marco eran casi en su totalidad para Eduardo Frei, porque no concebían al nuevo referente sino como un continuador de la izquierda tradicional, sólo que sin sus vicios. Sin desconocer que esta visión es la mayoritaria, no es menos cierto que existen en el conglomerado, personas que piensan bastante diferente. Ahora bien, es precisamente éste, el sector clave, que va a definir si el nuevo partido es simplemente un apéndice más de la izquierda tradicional o una opción que puede interesar tambien a sectores más amplios, incluyendo a la considerable masa de nuevos votantes que ahora quedan automáticamente inscritos en los registros electorales al modificarse la ley electoral.
La idea de formar un partido “programático”, no es nueva en absoluto, la raiz del PPD se funda en un concepto parecido: “partido instrumental” y fue el punto de partida para la concertación, cuando el “programa” era absolutamente claro y simple: unirse para derrotar a la dictadura y volver a la democracia. El problema comienza cuando el enemigo se desdibuja o se vuelve menos visible. una posibilidad es invocar los fantasmas del pasado y mantener a los votantes cautivos del odio, miedo y desconfianza, como lo hizo la concertación con el resultado que ya conocemos. Otra manera, es simplemente analizar lo que ha sucedido en todos estos años de retorno de la democracia: La Concertación, que se dice de “izquierda” y defensora de los más desposeídos, no ha logrado disminuir en lo más mínimo la distribución y concentración de la riqueza en el pais, siendo esto así. ¿Porqué el pais está dividido políticamente de una forma que no guarda relación con el bienestar social que ofrece el modelo? Si esta distribución no se compadece con la realidad social, entonces hay un error fundamental en la manera de plantearse frente a los electores. Este es el raciocinio fundamental a la hora de adherir a la idea de una partido “programático”. El mayor problema parece ser, que por lo menos en las palabras, todos dicen cosas parecidas. Mágicamente las palabras “progresismo”, “cambio” y otras relacionadas están en todos los sectores, por lo que el mensaje a entregar tiene una primera barrera: distinguirse de aquellos que aparentemente, ofrecen lo mismo.
Mas que por las palabras, la suerte del nuevo partido, se va a definir por la manera en que se conjuguen tres factores relacionados ( obviamente fuera del aspecto fundamental del financiamiento).
Mística, gestión propuesta: Si pueden ofrecer una perspectiva abierta a ideas diversas, con mecanismos de
participación claros y expeditos, renovación efectiva y periódica de dirigentes, claridad en las finanzas, dejando en claro que la vida va haber que ganársela sin el partido…y si a estas y otras ideas de las llamadas “progresistas”, le agregamos el uso intensivo de las nuevas tecnologías (como internet por ejemplo), entonces hay una posibilidad de éxito de la mano de la figura de Marco Enríquez-Ominami o aún sin él.
De los tres factores mencionados el más tangible es la propuesta. Tienen que hacer llegar un mensaje claro y directo, del tipo: “La distribución de la riqueza del pais es la clave, y ésta, va de la mano con la educación”. Si son capaces de focalizarse en ideas fuerza como la mencionada (dos o tres a lo sumo), entonces puede llegar a cobrar protagonismo un partido programático y no ideológico como lo ha manifestado su líder.
Está por verse lo que sucederá, porque la política la hacen seres humanos, los que bajo las mismas circunstancias y oportunidades, tienden a repetir los mismos comportamientos. Con esto quiero decir que “evitar los vicios del pasado” no va a ser tan fácil.
Héctor Garzo Toro

























Un partido con programa y sin ideología sería como un barco a la deriva. Sin timón, ni los que quisieran evitar un estrellón podrían salvarse del naufragio.
Muy buen artículo y viene a ordenar algunas ideas.
La palabra “ideología” ya no es aplicable en estos tiempos, pues está tremendamente desprestigiada y le da a todo un tufillo rancio y hasta un sinónimo sinónimo de dictadura ya sea izquierda o derecha.
Creo que la palabra más acorde a los nuevos tiempos y que identificaría al nuevo movimiento sería “Fundamentos”, pues el nacimiento de ese nuevo partido estaría fundamentado en lograr cumplir todas las cosas que se han aplazado hasta el momento.
Creo que el sitial más propicio para ese partido no sería la izquierda, pues se transformaría y sería absorbidos por los glaucos de siempre, si no que debería ser de centro duro independiente. De esa forma lograría ser atractivo para toda esa masa de nuevos votantes y atraería a los descontentos de izquierda o derecha.
Claro que un requisito básico sería que lo fundaran personas que nada han tenido que ver con la sucia política actual. Nuevos líderes; personas que no están contaminadas con las ya mencionadas rancias ideologías ni que hayan sido señaladas reconocidamente como los que sólo buscan el beneficio personal.
Creo que el triste espectáculo que dio MEO, lo inhabilita para ser fundador de una iniciativa de ese tipo.
A buscar esos líderes entre la gente nueva.
¿Desde cuando la palabra ideología no es aplicable? ¿quién lo dictaminó? ¿el Gran Hermano? esta afirmación de JavierR parece tomada de la novela Mil Novecientos Ochenta y Cuatro de Orwell, ¿se nos trata acaso de imponer alguna neolengua?.
La ideología es el conjunto de ideas que definen la visión de una sociedad en sus aspectos macro (económicos, políticos, sociales, culturales, etc.) por lo tanto es un término siempre vigente. Para que el término ideología no existiera tendríamos que vivir en un mundo sin ideas (aunque a veces pareciera que para allá va la cosa), sería como desterrar la palabra política por más negativas sean las nociones que esta palabra signifique para el ciudadano común. Otra cosa distinta es que a nuestros amigos de derecha les disguste el término ideología por ser profusamente usado por Marx y la izquierda.
En el momento actual creo que trata de evitarse el término ideología, como una forma de eludir el análisis y el debate sobre las características y los consiguientes defectos del sistema neoliberal imperante a escala global, lo cual no quiere decir que la ideología sea inexistente como concepto. En otras palabras se trata que vivamos con el neoliberalismo a cuestas pero sin darnos cuenta, (en Chile la Concertación pudo administrar el sistema neoliberal, manteniendo un país relativamente en calma durante veinte años) para esto lo importante es que el individuo común viva preocupado de la subsistencia cotidiana bajo el permanente bombardeo de banalidad y entretenimiento inagotable, que inhiba su capacidad de cuestionamiento sobre los modelos que nos imponen y nos explotan.