Las idilicas playas brasileñas.
Hugo Pérez White
Las playas de Copacabana acarician las costas de Río de Janeiro en Brasil, rodeada de altos e imponentes edificios muchos de ellos hoteles para solaz de los turistas que de alguna manera hacen rememorar las playas de Viña del Mar en Chile, Punta del Este en Uruguay, Mar del Plata en Argentina y otros balnearios importantes del cono sur de América que alguna vez hemos visto a través de la televisión o visitadas como turistas cuyas imágenes llenas de colorido invitan a gozar de sus suaves arenas.-
En la época de invierno, en el mes de julio y con intensos fríos en nuestro país, en Río la temperatura no baja de los 24 grados como promedio, debiendo usarse aire acondicionado en las piezas de los hoteles y el calor obliga a dormir sólo con sábanas en las camas.-
Los bañistas aprovechan el sol desde sus primeros rayos hasta caer la noche y no es la apetencia por el baño lo que prima, sino más que nada es el descanso y el aire tibio del atlántico, acariciador y bronceador que invade el ambiente playero.-
Llama la atención la obsesión de hombres y mujeres desde jóvenes y hasta septuagenarios, por el ejercicio físico, caminatas programadas trotes y carreras, que se constituyen en todo un espectáculo.-
Al caer la noche, una multitud de artesanos y vendedores ambulantes se instalan en las aceras para ofrecer sus mercancías, así como habitualmente se hace en calles de Santiago y también en otras ciudades del país motivo más que suficiente para la proliferación de robos callejeros por lo cual es necesario tomar todas las precauciones del caso.-
En las playas se practica mucho el “tenis fútbol”, demostración de habilidad técnica para dominar el balón con todo el cuerpo, menos con las manos.-
Las playas de Brasil, son como sábanas calientes, bañadas por las tibias aguas del océano atlántico, que invitan a descansar.-
Después de recorrer la carretera panamericana que va de Río de Janeiro a Sao Paulo, se puede visitar una ciudad muy simpática y acogedora llamada Itacurussa, distante a unos 100 kilómetros de Río de Janeiro, para embarcarse rumbo a las islas tropicales y vivir un día de esparcimiento.-
En este pequeño puerto los hombres y mujeres trabajadores que viven en ese lugar sólo duermen allí, porque a las 4 de la mañana ya empiezan a movilizarse hacia sus trabajos ejercidos en la capital, pese a la enorme distancia que deben recorrer en trenes o buses para hacer lo mismo en las tardes, llegando ya de noche a casa para estar aunque sea un momento con sus hijos y siempre cuidando sus trabajos lo que es digno de destacar demostrando su alto grado de responsabilidad laboral.-



































