Catalina de los Ríos y Lisperguer: una feminista contra la Inquisición.

Publicado el feb 15, 2010 | 22 Comentarios

222Estigmatizada por la institucionalidad imperante, Catalina de Los Ríos y Lisperguer nació en 1605, falleciendo en 1665, viviendo una historia de rebeldía que cruzó el siglo XVII de la Capitanía de Chile, realizándose en contra de ella un asesinato de imagen, con el cual se la sometió en vida, a la exclusión y al escarnio social de los poderosos de la época.
Su gran pecado fue oponerse a la expropiación de sus tierras y bienes que pretendió hacer la Iglesia Católica, en función de las condiciones imperantes, donde una mujer viuda y su hija no tenían derecho a administrar los bienes en herencia y estos debían pasar a manos de la Iglesia, quien debía proveerles lo que necesitasen, pero enviándolas quizás a un convento de claustro que las sepultaba literalmente en vida.
La Catrala chica, como la llamaban sus seres queridos, era como su madre, distinguida y elegante y, como se diría en buen chileno, “parada en las hilachas”. Ambas mujeres de avanzada que no aceptaban yugos y que eran capaces de llevar la vida con autonomía y dignidad. Sin embargo, enfrentarían en esa lucha a un poder tenebroso, la Inquisición, con sus sibilinas y crueles maniobras, en donde se las quiso acusar de abusos que, de haber sido ciertos, no se diferenciaban de los aplicados por los encomenderos varones a sus encomendados.
La ambición de poder que caracterizó esa institución de muerte y tortura, quiso hacerse de los grandes territorios que poseía Catalina, como la Hacienda El Ingenio que era productora de Azúcar y que cruzaba lo que es hoy la Cuarta y Quinta Regiones, llegando hasta la Sexta, en la Leonera, donde estaban las últimas encomiendas que formaban su fortuna.
La manipulación comunicacional, las calumnias, los falsos testimonios obtenidos por presiones o torturas, llevaron a lapidar la imagen de Catalina de Los Ríos acusándola de los peores crímenes, de los cuales siempre se defendió con una osadía ejemplar, convirtiéndose en una mujer señera que, inteligentemente, fue capaz de imponer un rol de mujer emprendedora, autónoma y desafiante del corrupto sistema conservador de la época. A ella se le asesinó su imagen, su nombre y su honra, colocándosele el apodo de Quintrala, deformación del su sobrenombre familiar de Catrala, derivado familiar de Catalina.
Lo extraño es cómo Chile se quedó con esa historia oficial distorsionada, mezquina, machista y conservadora, llena de mentiras construidas por la codicia y la calumnia, sin que a la fecha haya surgido una reivindicación histórica del sentido que tuvo su posición en aras de la libertad de culto, de la dignificación de la mujer en la sociedad, del laicismo y la libertad de pensamiento.
Catalina de Los Ríos y Lisperguer fue una víctima de los poderes fácticos de una época oscura de la colonia, donde el mal se vistió de Iglesia acusando de pecados a todo aquel que osara oponerse a sus designios maléficos. Catalina de Los Ríos merece justicia y nunca escuché de las feministas algo trasnochadas del Siglo XX, referirse a ella en su dimensión de mujer luchadora y valiente, que fue capaz de doblarle la mano a la curia torturadora de la Inquisición y sus redes de influencia.
Libertina, osada, respetable en su lucha, Catalina de Los Ríos y Lisperguer lucho toda su vida por los derechos de la mujer a decidir su vida, manejar su patrimonio y ser dueña de su cuerpo y dueña de su destino, responsable de sus acciones, sin doblar su digna y elegante figura frente a los cínicos y serviles funcionarios de la monarquía y la Iglesia corrupta.
Espero que se revea su historia, caricaturizada por los escribas obsecuentes de su tiempo y que se reconstruya su epopeya de coraje y pundonor. Catalina de Los Ríos y Lisperguer merece una reparación histórica.

Chañaral, 15 de febrero de 2010


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