Para que el olvido siga lleno de memoria

Publicado el Feb 16, 2010 | 1 Comentario

aaaaaaaaaaaaMarzo de 1990. En el acceso principal al Congreso Nacional ubicado en la ciudad de Valparaíso, centenares de personas se apostan en las inmediaciones para presenciar un histórico traspaso de mando: Augusto Pinochet, quien encabezó el golpe cívico-militar en contra del gobierno del Presidente Salvador Allende, y que se mantuvo a sangre y fuego en el poder por 17 años, entregará la banda presidencial a Patricio Aylwin. Nerviosos, los carabineros que resguardan el lugar hacen duros esfuerzos por contener a una multitud ávida de convertirse en partícipe de un hecho que pasaría a la historia.
Militares montados a caballo, guardias de seguridad, representantes de instituciones, policías de civil y uniformados, bandas marciales y un sinnúmero de personas, forman un mar humano en las agitadas calles del puerto, mientras que en cada esquina y desde las ventanas que miran desde edificios cercanos, pancartas y lienzos recuerdan nombres de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y consignas que reclaman verdad y justicia; libertad a los presos políticos, juicio y castigo.
El rostro del Presidente-mártir ondea en banderas rojas, verdes, rojinegras. Una pareja de jóvenes se besa apasionadamente y se declara su amor sin percatarse de la cercana presencia de un hombre ya mayor, que sostiene firme la mano de un niño, probablemente su nieto, mientras desde su garganta apretada emerge el grito de “compañero Salvador Allende, presente”.
Recuerdo que quienes cubríamos tan relevante hecho, entre los cuales había corresponsales extranjeros y periodistas locales, quedamos atónitos cuando, de un momento a otro, aparecen veloces 3 o 4 vehículos que se estacionan justo enfrente de las escalinatas de acceso al Congreso. Hombres fuertemente armados descienden de los autos Mercedes Benz, rodean los coches formando dos anillos de seguridad y, empuñando fusiles automáticos y pistolas, resguardan la tarea que habrían de acometer, segundos después, algunos de sus acompañantes: desde los portamaletas de los autos, agentes del Estado, pertenecientes a la Dina/Cni u otros organismos represivos sacan armamento de guerra en grandes cantidades y los trasladan a otros automóviles para luego desaparecer entre sonidos de motores, frenazos, órdenes, flashes de cámaras fotográficas, empujones, gritos y abucheos, dejando dos de los autos, sin ocupantes en su interior, en el sitio.
Han transcurrido casi 20 años desde ese momento que, por cierto, captaron también las cámaras de televisión; y pese a que la fotografía digital no era tan masiva entonces como hoy, sí existen cientos de registros gráficos y audiovisuales.
Una vez finalizada la ceremonia oficial al interior del Parlamento, y ya investido el primer mandatario demócrata cristiano, la algarabía se tomó las calles de Valparaíso, a la vez que policías y algunos militares las emprendían a golpe de lumazos o utilizando las fustas que portaban los jinetes en contra de la prensa y la muchedumbre. Manifestaciones espontáneas de repudio a quienes habían detentado el poder absoluto desde el golpe ocurrido en septiembre de 1973, tomas de calles y el uso de gas lacrimógeno, despidió a la comitiva del primer presidente que llevó la Concertación de Partidos por la Democracia a La Moneda.
Febrero de 2010. Apretones de manos, reuniones bilaterales, recorridos por dependencias de gobierno para que quienes serán los nuevos inquilinos a contar del próximo mes no se extravíen entre los vericuetos del poder. El presidente electo saluda a la presidenta saliente. Políticos que han apoyado a la Concertación posan impertérritos para las cámaras junto a sus nuevos colegas. Un ex ministro de Vivienda y de Defensa y ex alcalde de Santiago, militante del mismo partido de Patricio Aylwin, encarna el caradurismo, el descaro, la inconsecuencia y el oportunismo vil, aceptando un ministerio en el nuevo gobierno, mientras que la flamante vocera de Sebastián Píñera intenta disimular su nerviosismo ante las preguntas de los reporteros en su primera aparición pública.
Frases como “servicio público”, “amor a la Patria”, “compromiso y lealtad” o “unidad nacional” se entremezclan con otras tales como “conflicto de intereses”, “negocios y política” y “abultadas arcas fiscales”.
En menos de un mes aparecerá marzo, y con él un nuevo traspaso del mando: ordenadito, pulcro, ensayado como guión de teatro. Probablemente habrá mucha gente rodeando el Congreso Nacional. Quizá pancartas y lienzos. Tal vez una que otra manifestación y el carro lanza agua hará lo suyo. Y tal vez también imágenes de archivo de la televisión muestren aquella escena del cambio de armamento de un automóvil a otro, si es que la autocensura, la desmemoria y la inercia no dicen otra cosa.

1 comment

  1. Tu relato me impresiono, lo describes muy bien…se que sera duro o penoso para muchos chilenos,esos chilenos que no olvidamos lo que paso para el 73…aun llevamos cicatrices, esas que no se sanan a pesar del tiempo.
    Ahora solo nos resta esperar que pasara cuando asuma Piñera. Para mi los DC son unos colitas de chanchos…veletas…No te impresiones que Aylwin este junto a ellos, ya que si mal no recuerdo fue uno de los que estuvo de acuerdo para que se le hiciera el Golpe de Estado a Salvador Allende.

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