Eva Soto Acevedo MSc. Ing. Civil Bioquímico, PUCV.
Tal y como lo esbozamos en el artículo anterior, la resilencia tiene mucho que ver con la sustentabilidad, pues permite evidenciar la relación entre el grado de desarrollo y el entorno, ya que muestra como las sociedades se comportan, llevan adelante sus actividades y los impactos asociados a éstas.
Por lo tanto, el enfoque es hacia al factor humano como centro. Y no solamente el hecho o la situación económica, a la cual el PIB u otro indicador es la panacea de todo “lo desarrollado de un país”, esté en vías de ser emergente o no. Lógicamente, no podemos desconocer cuan relevante son los indicadores macroeconómicos de cada nación, pues se vinculan con fondos y otro macrotópicos. Que no citaremos en esta ocasión, ya en el año 1973 Crawford Holling introduce por primera vez el concepto de resiliencia en la literatura ecológica, visionario el hombre pues intenta comprender que los procesos humanos son no lineales, y de paso los ecosistemas han de adaptarse a las perturbaciones y cambios que le hemos estado ocasionando al planeta por los siglos de los siglos.
Ya lo decía Heráclito “No hay nada permanente excepto el cambio”, mucha razón tenía, son transformaciones humanas complejas, que pueden o no seguir un comportamiento más o menos lógico, o bien deslindar en lo errático y en la insanía urbana que nos llena de consumismo, y que aprovechando el aletargamiento (deseado o no) de los individuos, complica el tema territorial, sustentable y la capacidad de retorno, como las fojas cero de los abogados.
Y las transformaciones humanas, si llegan a ocurrir requieren de una majadería extrema, para la concientización y el dichoso y bendito “cambio cultural”, se habla de los niños, el futuro… y los adolescentes, los adultos, los ancianos. Finalmente todos hacemos la sociedad que nos merecemos, no es por sonar apocalíptico, pero si estamos ensimismados y embobados por la cotidianeidad de lo superfluo, para donde vamos como barrio, como ciudad, como comuna, como región y como país. En que momento se actúa, sólo si se toca el bolsillo.
Bueno y si es el bolsillo (no dándole un juicio de valor, en todo caso), que por ahí vayan las iniciativas de ahorro, de poder retornar a un punto de equilibrio, donde internalicemos que es nuestro territorio, nuestro entorno, nuestra comunidad, que efectivamente las campañas no sean mediáticas sino permanente y si son las bases las motivadas (léase juntas vecinales, agrupaciones juveniles, clubes deportivos, de la 5º edad, etc.), con ellos hay que reunirse conversar y actuar. Para poder estabilizar nuestra ciudad en términos de contaminación, de autoestima, de saludo, de salud, de calidad de vida, de diálogo y debate.
Y que si seguimos en este afán de tener y tener cosas, sin sentido alguno, seguiremos inundando nuestros espacios, y llegado un momento colapsará, como ya ha ocurrido con pequeñas (en tono irónico) manifestaciones naturales, para remecernos de que por ahí no va la cosa, que es un asunto de voluntad y ganas, y más aun de real compromiso.
Compromiso con quién, con nosotros mismos, las familias, los colegios, etc., etc., sino definitivamente coincido con los más extremos de un punto de no retorno. Es comodísimo ver como mero espectador sin mover un solo pelo por nada, pues el egoísmo agobia, individualiza, achata toda iniciativa.
Por eso se insiste en las componentes sociales, humanas, y de ahí va de la mano el territorio, la temporalidad de los hechos y el entorno. Vamos porque el Capital Natural (la atmósfera, la estructura del suelo, la biomasa vegetal y animal, las poblaciones de peces, los depósitos de petróleo, minerales, etc.) vaya caminando junto con el Capital Económico (la maquinaria, infraestructura, mano de obra, conocimiento, etc.), no podemos pretender que una cosa hunda y sepulte o fosilice lo otro de una vez, para eso están las políticas públicas y la participación ciudadana.
Pues nos movemos en un sistema para algunos ideal, meramente monetizado, y para otros debería permanecer intocable y volver al primitivismo, a todas luces los extremos no ayudan al equilibrio, no es tarea fácil. Hay quienes sostienen que nuestra madre tierra, es resilente y per se volverá a su estado natural, sacudiendo todo lo que está demás, si eso ocurriese, no tenemos a otro sitio donde ir. Y seguiríamos esperando y esperando que algo pase como mágicamente, para que mejore.
Hay variables sociales, cesantía, enfermedades, plagas, ruidos, etc., etc., cada uno de nosotros sabe como está su entorno, pero que hacemos para modificar eso, que estamos haciendo, conversamos con los demás, pueden ser nuestro núcleo cercano, sin ser grave tampoco, pero no perdiendo de vista, que estamos en una región insustentable y que venir a darnos de latigazos, no servirá de nada, o apuntar con el dedo tampoco a los supuestos culpables, nos faltarían dedos.
Puedo hacer de mi ciudad una ciudad sustentable, amigable, claro no es utópico, y no es solo la cosa técnica, va más allá. Y se puede, siempre se puede, hay personas que resisten condiciones extremas, humanamente hablando y en términos urbanos y rurales también los territorios son capaces de volver a su estado o un estado menos dañado, pero para ello tenemos que dar el empujoncito necesario, predicar con el ejemplo y no quedarnos en el discursillo.
Cuantas buenas iniciativas se hacen en nuestra región, numerosas y esta en prensa, se entera el común de las personas, no se entera, pues hemos dejado que se nos aturda con estupideces y banalidades, y es ahí donde las organizaciones deben seguir actuando en asociatividad y ahí la academia, debe aportar y abrir sus puertas, compartir y difundir, sobre todo aplicar el conocimiento, sino nos quedaremos como ese cartel que dice la misión de la empresa XY es tal o cual, los funcionarios a lo más la repetirán como loritos (si es que se la saben), pero no siempre está internalizado. Hay sí instituciones en la que todos reman para que funcione, comparten y socializan. Más allá de la estructura jerárquica que los rodea.
¿Qué falta para dar el paso?, para no quedarnos en las típicas declaraciones, comisiones, estudios.
Se actúa ordenadamente con una meta clara.
¿Cuál es la meta para nuestra Región?, Ser sustentable, ser amable, ser una zona universitaria, ser que cosa?… y cómo aportamos todos, más allá de lo mezquino y turbio.
Muchos somos resilentes, estamos en un lugar resilente, con comunidades resilentes y si va encadenado a la sustentabilidad, ideal, genial, se puede.
Voluntad
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