Ley del embudo, única legislación que le interesa a la derecha

Publicado el feb 26, 2010 | Deje un comentario

La idea derechista no es otra que evitar el fluido despacho de opiniones entregada por lectores de izquierda en diarios electrónicos, y mediante la discusión abierta en esas páginas web obtener un aceptable equilibrio político en la balanza de comentarios. Pero esto no lo aceptan en sus propios medios, como los pertenecientes a EMOL, COPESA y sus cadenas regionales.

Arturo Alejandro Muñoz

embudooTANTO LA Derecha ortodoxa como el sector conservador de la Concertación finalmente comprendieron que la Internet resulta ser un arma eficaz para derribar los castillos de poder que ese duopolio binominal ha venido construyendo desde hace décadas en materias políticas y económicas.

Durante mucho tiempo el establishment se mofó de la capacidad comunicacional de la Internet en cuanto a información de prensa, artículos de opinión y columnas varias, pues si bien los dirigentes de tiendas y partidos de ambos bloques políticos (Concertación y Alianza) siempre dieron a entender que les bastaba con el manejo de la prensa escrita -y de la televisión- para mantener sojuzgados a los ciudadanos, hoy han caído en cuenta que lo anterior –siendo necesario- les resulta a todas luces insuficiente.

Hace algunos años, en un hotel cinco estrellas ubicado en la zona que muchos chilenos llaman irónicamente “Sanhattan” (sector del barrio alto santiaguino), se reunieron representantes de los principales consorcios periodísticos de nuestro país (Emol y Copesa) con delegados de los propietarios de algunos medios extranjeros latinoamericanos, específicamente aquellos que son ‘regalones’ de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) y del FMI (Fondo Monetario Internacional), encabezados por periódicos como El Mercurio (Chile), O Estado de Sao Paulo (Brasil), La Nación (Argentina), El Comercio (Perú) y El Tiempo (Colombia).

El objetivo de la reunión era avanzar en la fórmula de asociación de intereses mutuos en la región, económicos y políticos. Pero a mitad de camino se cruzó el tema de la competencia vía Internet que se estaba desatando –y creciendo- a través de medios electrónicos, blogs y páginas web, lo cual ponía en riesgo la subsistencia financiera de la prensa escrita/papel, ya que algunos gobiernos del subcontinente evaluaban la posibilidad de publicar parte importante del avisaje fiscal en diarios virtuales que contaran con significativo número de visitas.

Si bien es cierto el tema no preocupó en demasía a los editores de periódicos extranjeros, sí logró inquietar a los representantes de nuestra prensa escrita criolla, que son adalides en la defensa de monopolios; y más que a ellos este futuro preocupó a muchos derechistas de la calle, a esos que creen a pie juntillas en la irreversible asociación de política, iglesia, dinero y patrón anglosajón como un todo único.

Entonces, cual profecía auto cumplida, los seguidores y simpatizantes de gobiernos conservadores comenzaron a intervenir en los sitios destinados a “comentarios de lectores” que ofrecían diversos diarios electrónicos independientes.  
 
La idea derechista no era otra que evitar el fluido despacho de opiniones entregada por lectores de izquierda, y mediante la discusión abierta en esas páginas web obtener un aceptable equilibrio político en la balanza de comentarios.

Lo anterior nada tendría de criticable (por el contrario, la libertad de prensa y de pensamiento es fundamental para una sana convivencia democrática) si en las páginas de la prensa controlada por la derecha económica y política también se aceptara –sin censuras- los comentarios de personas cuyos pensamientos son opuestos a la línea editorial de ese medio de comunicación.  
 
Todos sabemos que ello no es así, pues si una persona de ideas de izquierda intenta insertar en un diario derechista un comentario crítico negativo en relación al sistema económico, al establishment religioso, o favorable a una política de control de natalidad, seguramente ese periódico cercenará la publicación del comentario por ser “contrario a la línea editorial”…y a las “buenas costumbres”… ¿buenas costumbres, de quién? Obviamente, de aquella minoría que lee habitualmente ese medio informativo (entendamos que no existe un periódico que pueda mostrar al 51% de la población adulta suscrito a sus ediciones o leyendo diariamente sus páginas).

Estatuidas de esa laya las situaciones, encontramos que existe una prensa ajena al establishment que no cuenta con avisaje fiscal, y que debe contentarse con los dineros obtenidos merced a algunas pequeñas empresas y locales comerciales que contratan publicidad en sus páginas virtuales. Esa prensa, obviamente, no se alinea en el sector derecho de la vía, sino al lado contrario. Y cuando alguien critica la decisión gubernamental -asociada a los intereses del empresariado y de la derecha-   en cuanto a no entregar dineros a la prensa de izquierda a través del avisaje fiscal, como una sola voz surge el argumento del oficialismo del duopolio conservador: “en la democracia hay absoluta libertad para determinar dónde y cómo el Estado  hace  su publicidad”.

En estricto rigor, ello corresponde a la verdad, pero si el estado se encontrara dirigido y administrado por determinados sectores de izquierda que en estos asuntos realizasen lo mismo que hace la derecha, entonces el establishment conservador gritaría a los cuatro vientos: “esa es una dictadura marxista”.

Es decir, a la prensa de izquierda se le exige ‘páginas abiertas’ para que los lectores puedan comentar libremente en ellas lo que se les ocurra (esa es la verdadera libertad de prensa, y yo concuerdo con ello); pero a los diarios de derecha se les permite (e incluso el establishment les exige) cerrar las páginas a los comentarios de lectores que no comulgan con las hostias que ese medio publica, y ello  jamás será catalogado como “atentados a la libertad de prensa”. ¿Es o no es ley del embudo aquello?

No obstante, los editores y responsables de periódicos y medios electrónicos independientes continúan con la política de ‘páginas abiertas’, recibiendo espolonazos y golpes bajos de algunos lectores derechistas que envían y envían y envían decenas de comentarios propugnando las bondades del sistema capitalista, denostando cualquier otra alternativa política y llegando incluso a expresar opiniones racistas y degradantes contra quienes no comulgan con las hostias del neoliberalismo.

Una vez más, para la derecha, la única ley posible y plausible es la del embudo…siempre, por supuesto, que la boca más ancha de ese embudo le pertenezca. En el asunto que interesa a este artículo, la  masificación y rapidez que caracterizan a Internet en materias de comunicación e información, además de la libre opinión de sus navegantes, han comenzado a constituir un problema significativo para muchos gobiernos ya que técnicamente –hasta este momento- resulta difícil controlar las publicaciones, a menos, claro, que se legisle abiertamente para su prohibición.

En el caso chileno, el arribo de sectores derechistas al gobierno de la República permite a los sectores de mayor poder económico cerrar el círculo ‘virtuoso’ que les interesa, pues a la propiedad y/o manejo de la economía y del gobierno mismo, agregan el control total de la prensa escrita y de los canales de televisión abierta, ya que todo ese conjunto de medios de comunicación, a partir del 11 de marzo del año 2010 tendrán una misma, única y exclusiva línea editorial.

Entonces, la oferta de información vía Internet surge como alternativa válida y espléndida para intentar el equilibrio de una balanza que se encuentra completamente contrapesada. A favor de Internet están la gratuidad para acceder a la información, la libertad absoluta de pensamiento y opinión, la carencia de censura rigurosa e interesada y, finalmente, la masificación a  nivel planetario de la crítica, comentario u opinión que el cibernauta exprese.

En su contra juegan elementos también importantes, como la carencia de profesionalismo en la investigación, confirmación y entrega de una noticia, columna o comentario; pero ello, en los últimos años, ha sido también una de las características del periodismo ‘profesional’, el que se ha dejado manipular por los intereses políticos, económicos e incluso filosóficos de los editores y dueños de medios.

La etapa de una nueva lucha por agenciarse espacios comunicacionales recién comienza, y si bien es cierto –hasta ahora- la prensa escrita/papel continúa pauteando las tendencias y actividades de la sociedad chilena, en algunos años ello puede dar un giro, ya que lenta y progresivamente las nuevas generaciones de chilenos y chilenas desestiman leer periódicos y revistas prefiriendo navegar libremente por Internet durante largas horas rutinariamente.

Es por ello que gobiernos como el de China comunista, Corea del Norte, Irán, y otros de ideología similar, han puesto severo atajo a la libertad de conexión a Internet, pues son conscientes que a través de este medio tecnológico la libertad puede expandir sus alas y volar sin contrapeso hasta el último rincón de los hogares de sus ciudadanos.

En países como Chile, las trabas a la información periodística y de opinión de algunos medios de prensa, fueron administradas mediante el ahogamiento económico negándoles -el gobierno de turno (Concertacionistas, en palabras directas)- acceder al avisaje fiscal, como sucedió con Plan B, Siete Días, Rocinante, La Firme, Fortín Mapocho, etc. 

Acostumbrada a aplicar abiertamente la ‘ley del embudo’ en su favor, ¿qué ideará desde las esferas gubernativas esta derecha –apoyada por sectores conservadores concertacionistas- para asfixiar a los diarios electrónicos que no le sean incondicionales? Es la pregunta cuya respuesta conoceremos pronto.


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