Pan, techo, abrigo y amor para los más pobres, ahora!
Joel Muñoz
Para Granvalparaiso.cl
Tal vez eran las 11 de la mañana de un día de junio de 1971. Un terremoto había sacudido la zona de Illapel. El Presidente de la República se dirigió al país, principalmente a los jóvenes. Llamó a la solidaridad, a ayudar de todas las formas posibles.
A nosotros, los estudiantes de la Universidad de Chile, nos pidió viajar a la zona a prestar nuestro apoyo. Cientos de estudiantes de ingeniería, medicina, enfermería, construcción civil, arquitectura y trabajo social, nos reunimos en el frontis de la Escuela de Leyes, en Pio Nono. Partimos en buses a Illapel, reunidos por el amor a nuestro país.
Fuimos casa por casa, cerro por cerro, pueblo por pueblo, recogiendo las necesidades y llevando las ayudas, sin que ningún obstáculo natural lo impidiera. Venciendo el miedo a otro terremoto, mientras temblaba a cada rato. Nada nos hacía dudar, dividirnos o devolvernos. Teníamos una misión, más allá de nosotros mismos.
Volvimos sólo cuando las cosas urgentes estaban resueltas.
Hubo una vez un país que se ponía la camiseta frente a los problemas de todos.
Hoy estamos frente a uno de los terremotos más violentos de la historia. La naturaleza otra vez pone un desafío a nuestro espíritu, a nuestra solidaridad, esperanza y capacidad de organización.
Veo a los más pobres, otra vez golpeados. Con hambre, con frío, sin casa, sin comunicaciones, sin agua, sin luz, sin transporte. Con los niños y niñas esperando que las autoridades se organicen. Creo que todos estamos conmovidos por el terremoto, pero no lo estamos con los efectos en los más necesitados. Los pobres no pueden esperar. Se requiere de toda la solidaridad humana, de todos los esfuerzos, de todos los jóvenes movilizados, como en 1971, cuando el Presidente Allende nos llamó a cumplir el deber de entregar lo mejor de nosotros por el pueblo que sufría. Así nos hicimos grandes..Con sólo 18 años, con un país que confiaba en nosotros, regresamos con el corazón más hermoso, con la conciencia más amplia, con un sentido de patria indeleble en la piel.
No puedo comprender cómo los que más tienen, no pueden reaccionar al ver a todos esos chilenos y chilenas sin casa, sin pan, sin abrigo. No puedo comprender por qué aún no hay un llamado a que la organización voluntaria y desinteresada sea la forma de enfrentar esta tragedia. No podemos depender de los técnicos haciendo diagnósticos y estudiando aún el cómo. No podemos aceptar queel mensje del nuevo Presidente sea “evitar los desmanes y el saqueo”, en lugar de llamar a los damnificados y ciudadanos a organizarse y hacer cadenas solidarias para enfrentar lo más urgente.
En 1971, simplemente se llamó a los jóvenes y ciudadanos a hacer todo a la vez. El diagnóstico y la entrega de ayudas.
Recuerdo que un hombre nos detuvo en un camino lejano y nos relató el desastre en un pueblo aislado. Mientras volvimos a buscar ayuda, se organizó una cadena humana entre los cerros que permitió llegar a abrazarlos, con comida, medicamentos, frazadas, agua y amor de Chile. En menos de un día.
Cuando había un terremoto, nos abrazábamos y partíamos adonde fuera necesario. Y volvíamos sonrientes, habíamos ganado todos, éramos más grandes como personas y como país.
Hoy tenemos grandes desafíos y seguramente también los tendremos más adelante, sería hermoso volvernos concientes y responsables frente a los llamados superiores, así tal vez podríamos sentirnos cada día más y mejores.




































Es curioso que don Joel critique las palabras de un presidente electo que aún no toma decisiones y nada diga sobre las decisiones, o ausencia de ellas, de una presidenta en ejercicio.