Por Jaime Sierra Bosch
Señora Presidenta:
La conocí cuando usted era Ministra de Salud, y en esa ocasión me dijo ”No se preocupe, yo siempre recibo a las personas, y cumplo mi palabra”. No espero que usted se acuerde, yo si. Fue la única ocasión en que conversamos. Luego usted fue Ministra de Defensa y finalmente Presidenta de la República, y al usar la palabra “finalmente” no digo con ello que sea el final de su carrera política, ni lo deseo. Nunca fui devoto suyo, por el contrario. Y es porque mi costumbre es disentir. He disentido de todos los presidentes de Chile desde Salvador Allende, y usted no iba a ser mi excepción, y creo que está bien. Los aduladores, los palmoteadores de espaldas, son traidores en el fondo, y quieren convertir en sus títeres a los líderes que fingen seguir. Todo líder, jefe, patrón, rey y presidente, tienen a su alrededor muchos aduladores, y lo son independientemente de su calidad profesional, confundiéndose entre los que si son leales. Como Yago con Otelo, ganan su confianza, pero a la vez mantienen su desprecio o su envidia.
Sin embargo, me resultó imposible no escuchar cada uno de sus discursos, animoso de creer en sus palabras, en sus intenciones. Muchas veces la critiqué, cómo no, sobre todo por ser una mi juicio, una más de los que han mantenido el sistema económico que nos agobia, el que definiera Juan Pablo II como el “capitalismo salvaje”. Creo que aún queda mucho camino por recorrer para lograr un balance justo entre lo humano y lo monetario, y ¿a quién se le puede exigir aquello con más derecho y fuerza que a nuestro máximo representante, sobre todo a un, o una, como es su caso, Presidenta, elegida democráticamente por la mayoría de un pueblo que cree en esa necesidad?; con mayor razón si aún aquellos que todavía no se dan cuenta, más que nada por su orgullo y su soberbia, también así lo desean en el fondo de su ser. Entiendo que hizo mucho, y creo que dio el máximo de si, como lo dijo en su último discurso del 10 de marzo del 2010. Pero yo quería más. Creo que muchos quisimos más de usted, tal como hemos querido y esperado de sus antecesores y como esperamos y exigiremos de su sucesor. Son nuestros Presidentes, y en gran medida, nuestros destinos dependen de sus acciones. Nos medimos en períodos presidenciales. Diremos en nuestros años tardíos “yo estuve cuando él, cuando ella, era Presidente”. ¿Cómo no exigir?
Señora Presidenta, creo que usted maduró mucho durante su mandato, como persona y como política. Creo que, a pesar de todo, hizo un buen trabajo y nos representó bien ante el mundo. Creo que se equivocó en muchas cosas, y que le faltaron muchas por hacer, y otras tantas por terminar. Creo que fue afortunada en un período, y que lo pagó al final. Creo que su mandato fue entonces bien balanceado. Hoy, creo que usted tiene un futuro en nuestra democracia y que la experiencia y la sabiduría ganadas no pueden dilapidarse sin provecho para el país. Dentro de todo, usted ha sido de entre los mandatarios, una de las más honestas, virtud tan escasa como necesaria.
Ya mañana se abre un nuevo capítulo de nuestra historia. Una nueva doctrina comienza su período, y nos asomamos a sus líneas, unos presurosos, entusiasmados y confiados, y otros temerosos, con miedo de retroceder en los avances sociales que tanto bien han hecho a nuestra Nación, y en los que tanto necesitamos seguir avanzando. Pero ahí vamos los chilenos, porque mañana asume un nuevo Presidente, que fue elegido en esta democracia chilena que, aunque precaria, funcionó una vez más. Si pasó lo que pasó, fue porque el pueblo así lo eligió, y la decisión del pueblo hay que respetarla.
Ahora, hay que acostumbrar el oído a otra voz, Ya no será la voz de Michele, la Presidenta, la de la voz maternal y tranquila. Esperamos que nuestro nuevo Presidente nos escuche y nos interprete, que siga con los avances sociales, porque Chile lo merece, la ciudadanía lo exige, el futuro así lo espera. Yo, he sido crítico siempre y lo seguiré siendo. Demandaremos del Presidente Piñera lo mejor de sí, sin excusas, con el respeto que se merece nuestro Presidente elegido en nuestras urnas.
Gracias y buena suerte, señora Presidenta. Bienvenida, ciudadana Michelle.
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