El opio del pueblo

Publicado el abr 11, 2010 | 4 Comentarios

 bielsaaaEn poquísimo tiempo más, semanas y días que se pasarán volando, estaremos todos drogados con el mundial, con la selección, con los goles de Messi y Cristiano Ronaldo, con la próxima partida de Bielsa, con los arranques mortales de Sánchez, el cabezazo que pudo ser gol, el árbitro que nos tocó, la fiereza de Medel, la polémica sobre si tal o cual debió ser llamado a la selección.

Lo cierto es que nos olvidaremos por un mes del terremoto y también del gobierno. Lo mismo de los con claves y los sin claves. Nos importará un rábano todo el resto de la vida. A una gran mayoría al menos, en la que me incluyo. Siempre hay unos pocos que detestan la pelota y el roterío asociado.

Este equipo estará dejando todo en la cancha y hará historia por su irrenunciable estilo de juego, independientemente de los resultados. Nos vamos a sentir orgullosos de estos chilenos, que no se achican, que salen a ganar y que dejan un sello para siempre en nuestro fútbol. Pasarán definitivamente al olvido esas maneras de jugar del pasado, arratonados, todos defendiendo el empate, tirando la pelota a cualquier parte, para después celebrar una derrota como victoria moral. Esta vez ganaremos porque somos mejores o perderemos porque los otros son mejores.

Sudarán la camiseta, Bielsa les gritará como loco…como buen loco apasionado desde la orilla del campo, Carcuro enronquecerá con cada gol de Chile, el país estará paralizado por muchos días, sin importar las pérdidas del comercio, la productividad, la demora en la entrega de las casas a los damnificados, los problemas de cada casa, las tareas del colegio, ni las diferencias políticas. Gritaremos como locos por este equipo de muchachos que tienen como misión devolvernos el alma al cuerpo, hacernos soñar, hacernos volar y transformarnos por un minuto en campeones del mundo.

Cantaremos con ellos el himno nacional, izaremos la bandera, y si clasificamos a segunda ronda, llenaremos la Plaza Italia,  todas las plazas de Chile. Qué decir si le ganamos a España…o le empatamos. Porque todos estamos convencidos que a Honduras debemos golear y a  los suizos …bueno, también!

 Hay que echar toda la carne a la parrilla, en cada partido. Todo Chile tendrá un rico olor a asado carnicero y a pebre. En los barrios y pueblos destruidos se las arreglarán para ver en patota los partidos y asegurar el comestible y el bebestible. Nada importará, nada nos hará desconcentrarnos en el partido que viene, el que se está jugando o el que se jugará mañana. Hombres y mujeres con la camiseta puesta, con la roja de todos, harán mandas, harán apuestas, cambiarán la rutina, se abrazarán, llorarán, nadie se preguntará (y no deberíamos) cómo podemos estar tan locos por once cabros detrás de una pelota, como si se nos fuera la vida. Es que se nos irá la vida en cada partido de este mundial, es nuestra oportunidad de resucitar la pasión, la alegría, la tristeza, la fuerza, los sueños, la familia, el compañerismo, la tolerancia de los jefes con los subordinados, la amistad, el encuentro entre viejos y jóvenes, no puede ser de otra manera. Todo Chile debe tener permiso para volverse loco detrás de una pelota que corre a ras de piso en una cancha de Sudáfrica.

Pasarán al olvido por un mes las penas. Concientes estamos que es una droga, el fútbol es el opio del pueblo. Bendita droga para este pueblo que tanto ha sufrido. La espero con ansias, quiero que pasen luego los días y cuando llegue el mundial se detenga el tiempo, que los partidos duren un día entero, no quiero perderme ningún detalle de cada encuentro, y rezaré con todos porque no se lesione ninguno de los mejores, que esta vez nos acompañe la suerte porque el esfuerzo está hecho, ese toque de buena fortuna para que la pelota entre y no pegue en el palo, para que la serenidad y la madurez reine entre nuestros jugadores, que no se hagan expulsar, que no reclamen al árbitro, que se dediquen sólo a jugar como bien saben hacerlo. Y que no se me cruce nadie enfrente de la tele, ni siquiera mi nieto , ni siquiera una cuenta por pagar, ni que me llamen por teléfono, ni que me ofrezcan la mejor oportunidad del mundo. Estaré, como la mayoría, dando instrucciones al equipo y puteando al árbitro,  desde lejos, gritándoles que se muevan, que corran, que miren al compañero mejor ubicado, que los laterales encaren, que  la metan adentro, que el arquero salga a cortar ese centro, que los defensas achiquen el espacio, que marquen, que salgan jugando, que el tiro libre llegue al rincón de las ánimas, que el mago Valdivia muestre todo su talento, que dejen lo mejor de cada uno hasta el pitazo final. Después del mundial, seguimos con la programación habitual

Joel Muñoz

Para diario Digital GranValparaíso

Marzo, 2010


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