El Sacerdote Felipe Berríos siempre se ha destacado por sus declaraciones provocativas, que obligan a las personas a reflexionar y a salir de su estado de pasividad. Esta es, en efecto, una de las máximas del Liderazgo: Generar tensión en el ambiente para movilizar a las persona de un estado a otro.
Hace unos meses, Felipe Berríos, haciendo uso de esta “táctica”, escribió una columna acerca de que los jóvenes pertenecientes a ciertas Universidades privadas – las llamadas Universidades “cota mil” – carecían de conciencia social. Esto ya que, según Berríos, mientras algunos Universitarios del centro de la ciudad protestaban y luchaban por la educación, los jóvenes “cota mil” continuaban en clases en sus campus ubicados en las faldas de los cerros, ajenos totalmente a la realidad que enfrentaban los otros estudiantes, viviendo en una suerte de burbuja social. La columna fue rápidamente respondida por rectores de las Universidades aludidas, manifestando cierto malestar por una acusación que consideraron injusta.
Recuerdo que cuando leí la carta del Padre Berríos, pensé de inmediato que estaba cometiendo un grave error comunicacional, no porque crea que los Universitarios “cota mil” sí son socialmente conscientes, sino que por una razón más bien utilitarista: ¡Son esos jóvenes, aquellos a los que usted acusa de desprovistos de conciencia social, los que sustentan su más grande obra: Un Techo Para Chile! Efectivamente, gran parte de la masa juvenil que trabaja de voluntaria en esta fundación, pertenece a alguna de las Universidades que fueron blanco de la crítica del clérigo. Más adelante comprendí la letra chica de la misiva; Había que leer entrelíneas: Lo que el Sacerdote hizo fue movilizar a los estudiantes más acomodados, socio-económicamente hablando, a trabajar por Chile. A eso apuntaba su crítica, a que los jóvenes realizaran una introspección y dijeran “¿Y quién es este tal Berríos para definir quién soy?, voy a demostrarle que se equivoca”. Aquí, el ejercicio de Liderazgo fue exitoso, hoy en día son miles los jóvenes que realizan labores de voluntariado en UTPCH. La crítica cumplió su objetivo.
Sin embargo, hay ocasiones en que la tensión provocada por una declaración puede desbordarse y generar caos. Hace poco, el Padre expresó lo siguiente: “de repente me da miedo que pueda venir un levantamiento social”. Si hacemos esta afirmación en el marco de una conversación de sobremesa probablemente no pase de un comentario con ribetes pesimistas, pero si la efectúa un líder de opinión, las repercusiones pueden sobrepasar todo límite. (Un ejemplo de esto es el señor Alan Greenspan y el tremendo efecto de sus declaraciones sobre la actividad financiera mundial: Le bastó con exponer que existía un peligro de recalentamiento de la economía estadounidense para que, al día siguiente, se generara una caída en las principales economías Europeas).
En la columna “cota mil”, el propósito intrínseco era correcto y, por lo mismo, obtuvo grandes réditos. Las declaraciones actuales, por el contrario, no parecen contener objetivo – ni explícito ni implícito – alguno. Si se quiere poner sobre la mesa el sufrimiento de aquellos que hoy están lidiando con los efectos del terremoto, debe hacerse de otra forma. Nuestro país demostró que ni siquiera “necesita” de declaraciones incendiarias para reaccionar con violencia: apenas se mostraron imágenes de saqueos en el sur, comenzaron las “réplicas” en todo el país. Entonces, si una persona socialmente influyente, augura un levantamiento social, el efecto puede resultar devastador.
El Padre Berríos debe ser mucho más prudente y responsable con sus declaraciones porque posee un alto grado de autoridad informal, mucha gente lo considera un referente social, y no puede darse el “lujo” de realizar afirmaciones tan alarmistas: Debemos recordar que el país se encuentra en un estado de tensión constante, cualquier aumento en ella podría hacer que la hoya a presión estalle.
Por Álvaro Muñoz Ferrer.
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