País de mediaguas, con o sin Piñera

Publicado el may 26, 2010 | 4 Comentarios

mediaguas

Arturo Alejandro Muñoz 

FELICIDAD Y AUTOCOMPLACENCIA es lo que ha manifestado el gobierno con ocasión de cumplir su promesa respecto a la entrega de 50.000 mediaguas a las familias damnificadas por el megasismo de febrero pasado.  

No obstante, las críticas se alzaron pronto; algunas de ellas –provenientes de los mismos damnificados que recibieron el apoyo- señalaron que esas construcciones de emergencia carecían de condiciones mínimas y firmeza para soportar las intensas precipitaciones que habitualmente caen en la zona sur del país. 

Aún más, una mujer, en la Región de Bio-Bio,  prendió fuego a la mediagua recibida en señal de airada protesta, asunto que fue replicado días después por otra dueña de casa, esta vez en la Región del Libertador, y por la misma causa: una mediagua no es, en absoluto, solución habitacional. 

Para coronar el entuerto,  desde la Fundación ‘Un techo para Chile’ (que dirige la iglesia católica), la voz de su máxima jefatura, el sacerdote Felipe Berríos, lanzó una nueva trenza de problemas al acusar directamente al gobierno de mala gestión en la entrega de mediaguas, las que, además (siempre según dirigentes de esa Fundación), en su mayoría fueron construidas por voluntarios que laboraron bajo las órdenes y coordinaciones de “Un techo para Chile”. 

Por cierto, la actual oposición política aprovechó el intríngulis para lanzarse en picada contra el novel e inexperto gobierno derechista, recordándole al Presidente Piñera que hace 71 años, cuando nuestro país también fue sacudido por un terremoto que en Chillán dejó más de treinta mil muertos, el gobierno de la época, encabezado por Pedro Aguirre Cerda, consiguió traer al país las “casas canadienses” que fueron armadas con rapidez en la ciudad siniestrada (Chillán), y que luego de siete décadas aún se mantienen vigentes en algunos barrios de la capital de Ñuble. 

Ante los estragos provocados por una catástrofe de características muy parecidas, la diferencia de mentalidad y de objetivos es profunda si comparamos lo realizado por el Frente Popular el año 1939 con lo que está efectuando hoy la Coalición por el Cambio (o el duopolio binominal Alianza-Concertación, que es lo mismo), pues mientras Aguirre Cerda se esforzó en reconstruir con viviendas sólidas y duraderas la zona afectada, Sebastián Piñera lo hace con viviendas de emergencia, de esas que cualquier Departamento Social municipal entrega a una familia que perdió su casa debido a un incendio o una inundación, pero sólo como respuesta ‘temporal’, mientras ese mismo Departamento tramita -lo más rápidamente que su capacidad administrativa le permite- una solución definitiva para la familia damnificada.  

¿Es ese el caso hoy día? ¿El gobierno está decidido a extremar esfuerzos en orden a permitirles a los damnificados acceder a soluciones  que no sean de emergencia ni de parche? ¿O las mentadas mediaguas permanecerán ad eternum en el paisaje citadino del centro de Chile, y la actual administración optará por el consabido “rásquese cada cual con sus propias uñas, cuánto pueda, como pueda, y si es que puede”?  

Pero, en asuntos de política lo más importante es la objetividad. Ante este terremoto devastador que “descuajeringó” la zona central, ¿la Concertación lo habría hecho mejor que el actual gobierno? ¿No habría recurrido también a las mediaguas de “Un techo para Chile”? Me asiste plena certeza de que un gobierno concertacionista (en este caso, con Frei Ruiz-Tagle en La Moneda) tampoco habría activado la red bancaria para abrir créditos y préstamos blandos a todos quienes hubiesen sufrido daños severos en sus viviendas, a objeto de repararlas, reconstruirlas o adquirir una nueva.  

Ni la Alianza ni la Concertación moverán jamás un solo dedo en esa materia, pues ni una ni otra se atreverían a desafiar el poder de la banca nacional e internacional, de esa misma  banca que durante la dictadura militar fue sacada del pantano mediante préstamos que el gobierno de Pinochet solicitó al Fondo Monetario,  deuda que finalmente hubieron de pagar los chilenos de a pié, pues la  mentada banca jamás devolvió un maldito dólar al erario nacional por el motivo ya indicado.  

Ningún gobierno de la Concertación (y menos aún uno Aliancista) estaría dispuesto ni tendría la voluntad para contravenir intereses del empresariado transnacional o de la Banca, pues la herencia de Pinochet y sus ‘Chicago’s boys’, en materias económicas, no debe tocarse ni con el pétalo de una rosa, tal como los propios concertacionistas lo acordaron -pusilánimes y entregados-  a finales del mes de octubre de 1988, horas   después del triunfo del NO en el plebiscito que sacó al dictador de La Moneda.  Ello debe leerse, entonces, como un absoluto aserto: “la empresa y la banca mandan en Chile”.  

Con los efectos de este terremoto, volvió a quedar en evidencia lo certero de aquello que el Presidente Néstor Kirchner le dijera a la ministra de minería del gobierno de Bachelet, Karen Poniachick, en una reunión en Buenos Aires por el asunto del gas: ‘en Argentina gobierna el gobierno, no las empresas, como sucede en Chile’. Y ahora, independiente de quien sea el que esté sentado en el sillón de O’Higgins, la aseveración del ex mandatario trasandino cobra cuerpo a través de una verdad ineludible: cambian las caras y los perfumes, pero no las ideas ni la metodología. Es simplemente, ‘más de lo mismo’, o “más…de lo de siempre” de estos últimos 39 años.   

“La verdad es que los gobiernos de la Concertación, si uno los mira desde el punto de vista político, fueron gobiernos de centroderecha…la Concertación gobernó dos décadas con las ideas  nuestras”, aseguró hace pocos días Pablo Longueira, destacado dirigente de la ultraderechista UDI, tienda política nacida al amparo del dictador. La razón asiste al senador Longueira, ya que durante los últimos 15 años muchos analistas políticos, columnistas y gente interesada en el tema, han venido acusando a la Concertación de  haberse transformado en mayordomos (‘lacayos’, dicen los más duros críticos) del sistema predador neoliberal.  

La afirmación hecha por Pablo Longueira –“no veo por qué les sorprende que en un gobierno nuestro, nosotros continuemos y profundicemos muchas de esas cosas”- es tan cierta que nadie debería sorprenderse por el tamiz político-administrativo de las medidas tomadas (y otras anunciadas) por el Presidente Piñera en su discurso del pasado 21 de mayo  ante el Congreso Nacional. De seguro que con estas mismas medidas y promesas nos habríamos topado también si hubiese sido Frei Ruiz-Tagle quien estuviera hoy en La Moneda…que no le quepa duda a nadie. 

Es por ello que ciertos personajes de nuestro escenario público –específicamente de la Concertación- reclaman ‘propiedad intelectual’ en el caso de algunas de esas medidas, llegando al extremo de asegurar (el ex ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade) que al finalizar casi el gobierno de la señora Bachelet, hubo una de ellas que estaba afinada y terminada, pero que “se careció de tiempo” para enviarla al Poder Legislativo.

Hace más de doce meses, en un  artículo publicado por varios medios electrónicos bajo el título, “Alianza-Concertación, ¿cuál es la diferencia?”, escribí lo siguiente:

“”Queda claro que ambos bloques poseen idénticas concepciones respecto de la economía y de la forma en que Chile requiere conectarse con el mundo en el actual período de globalización, así como en sus planes sobre la educación y la salud, coincidiendo también en las decisiones ‘legales’ de hostigamiento y persecución al pueblo mapuche y al mundo sindical y gremial, e impulsando una muy poco democrática política de prensa, la que beneficia casi en exclusiva sólo a los dos consorcios derechistas que se han adueñado del 90% del avisaje fiscal.

“”Aun más, el accionar de ambos bloques (Alianza y Concertación) se asemeja también en materias de equipamiento bélico para las fuerzas armadas.

“”Las diferencias son menores, se hermanan incluso  en  sus currículos de errores y torpezas, de patinazos e incapacidades, pues ambos poseen historias (severamente) conflictivas si revisamos el pasado cercano.””

Lo anterior ha quedado de manifiesto luego de que el país ha experimentado en carne propia estos primeros  meses de gobierno derechista, los que en estricto rigor constituyen una  afirmación empírica de que en los 20 años de dirección ‘concertada’ se utilizaron las ideas del sistema capitalista neoliberal, mismas que las cuatro administraciones del seudo progresismo pusieron en práctica sin sonrojarse siquiera ante el carácter salvaje y predador que las medidas aplicadas han tenido para la mayoría de la población.

Tomando las palabras del senador Longueira, se recuerda aquel antiguo comercial de televisión en el que dos pequeñines discutían respecto de las bondades culinarias de sus respectivas madres, asegurando uno de ellos que “mi mamá me  prepara pan y dulces con  manjar tuntún”, y el otro respondía: “mi mamá me hace tortas y queques con manjar tuntún”…hasta que descubrían la verdad: “pero si somos hermanos”.

He ahí una explicación sencilla para entender el actuar de Alianza y Concertación, sin importar en qué lado de la vereda político-administrativa se encuentre cada uno de esos bloques, ya que ambos son partidarios del viejo estribillo infantil que reza: “un paso atrás para   avanzar dos hacia adelante”. Es decir, demos un porcentaje bajo de alza en pensiones y salarios, pero aumentemos porcentajes altos en todo lo demás.

Y en ese “todo lo demás”, el dueño de cada estamento, industria, edificio, local, comercio, servicio o paradero, es el empresariado, verdadero mandante en nuestro país que cumple 200 años como nación…¿independiente y soberana? 


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