Con asombro ví por TV como Mourinho se pavoneba por el estadio Nou Camp, luego de ganar legítimamente su paso a finales de la Champions League con el Inter de Milán. Si bien, tenía la “espina clavada” luego que con el Chelsea pudo haber logrado aquel hito, si le hubiesen cobrado uno de los cuatro penales que acontecieron en el Stamford Bridge, en Londres, durante la emisión 2008 del torneo en cuestión, frente a los catalanes, sigo creyendo que no es la forma en que se debiera comportar un entrenador. Menos aún, hacer tan evidente su deseo por fichar en el Real Madrid, sabiendo que aún hay un colega con el cual aún no finiquitan.
Para muchos, su personalidad fuerte y extrovertida provoca que los jugadores no sientan la presión cuando tienen estos eventos de gran stress, valga la redundancia, debido a que lo concentra en su persona. Y que ello además, le permite ser muy influyente para con sus dirigidos y “dominar” camarines difíciles, pero debe primar, a mi juicio, ciertas normas de buena crianza. Más que mal, es un referente para muchas personas que trabajan con él y para cientos que lo siguen a través de los medios.
Y que decir de su forma de ver el fútbol. Nadie podría discutir sus méritos y logros conseguidos en su prolífica carrera. Fue genial su estrategia frente al Barcelona, en semifinales, anulando (escalonadamente y doblando marcas) en todas sus líneas en ambos encuentros (de ida y vuelta) a unos de los cuadros más exitosos y ofensivos de la historia del fútbol español. Pero, ¿el fin justifica los medios?
Durante el transcurso de la final jugada contra el Bayern de Munich, hace una semana, en el Santiago Bernabeu, muchos creyeron que saldría a buscar el encuentro, a sabiendas que en frente tenía a quien fue su jefe durante varios años en el mismísimo Barcelona, el “ofensivo” Louis Van Gaal. Más aún, que en la tribuna seguramente Florentino Pérez y su comitiva, estarían atentamente viendo este encuentro y sellar su suerte en el cuadro merengue. Y para “limpiar”, si podría llamarlo así, la imagen de su equipo, cuando defendió sin asco con 10 jugadores, durante 80 minutos, el resultado que le permitió pasar a enfrentarse con el equipo bávaro para dirimir al rey de Europa, en la fase anterior. Título que les permitiría a ambos equipos conseguir el llamado trébol (copa de liga, copa local y la Champions) y ser el sexto cuadro en conseguir dicho logro. Pero nada. Con sólo el 30% de la posesión del balón y una clara estrategia de presión en ciertos sectores del campo y un coordinado e hilvanado contraataque, se llevó el trofeo. En ese momento pensé en Hugo Tocalli, Favio Capello y Avram Grant, que fueron campeones y a pesar de eso, fueron cesados porque no gustó su estilo de juego tan poco propositivo. ¿Y si hubiesen sido campeones de un torneo internacional, habrían seguido en sus cargos? Quien sabe. Lo que me deja con más dudas es una frase del “Cai” Aimar en Fox Sports. “Los alemanes tuvieron la pelota todo el partido y mirá la cara de sus hinchas, tristes por haber perdido, sin embargo, los italianos llegaron dos veces y son los campeones”. Parece que los resultados mandan y mi romanticismo futbolístico se queda sólo en eso. Aunque con un elenco con tantas estrellas, como el Inter de Milán, me sigue pareciendo cuestionable y mezquina su manera de ver al fútbol.
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