Negando la Sal y el Agua

Publicado el jun 04, 2010 | 2 Comentarios

billetesEs patético ver cómo los parlamentarios de la Concertación son incapaces de corregir su actitud confrontacional con el nuevo gobierno. Es tanta su soberbia y confusión, que se empantanan en disputas menores, incluso cuando se tratan materias que son interés de Estado.

Las cúpulas concertacionistas, que fueron responsables del fracaso electoral, los mismos que durante 20 años rotaron de un cargo a otro, con nepotismo y malas prácticas, hoy se atrincheran en sus partidos como instrumentos de poder para negar la sal y el agua al nuevo gobierno, una Alianza que no ganó goleando sino gracias a los muchos autogoles que se hicieron esos vetustos políticos, que de tanto mirarse el ombligo, ahora no son capaces de asumir sus errores y levantar la vista para enmendar la plana.

Molesta ver a operadores políticos reconocidos, concurrir a paneles mediáticos a defender lo indefendible, como ha sido, por ejemplo, el buscar que se reponga el Impuesto de Timbres y Estampillas que castiga a las personas endeudadas y a las pequeñas y medianas empresas, cuando quieren repactar u obtener un crédito.

O la desfachatez conque defienden a los removidos empleados públicos a contrata, honorarios o de exclusiva confianza, cuando durante 20 años npo fueron capaces de sincerar las plantas y terminar con ese empleo precario que la ANEF denunció en forma insistente sin ser escuchada por los gobiernos concertacionistas.

O escucharlos rasgar vestiduras frente a la crisis educacional, olvidando los políticos amnésicos que Bachelet envió a la vía muerta las demandas de los pinguinos y en esa comisión gigantesca –mesa de te Club – se fue estancando y diluyendo la presión por una nueva educación, sin lucro y se mantuvieron las malas prácticas en la educación mercantilizada porque connotados concertacionistas, comunistas, UDI o RN, comparten el negocio de los colegios subvencionados, de los centros de formación técnica, Institutos Profesionales y Universidades.

A esto se suma la corrupción que se ha destapado con las becas Valech y quién sabe qué trenzas de corruptelas con cursos falsos o alumnos analfabetos incluidos en matrículas brujas, evidencia de máquinas de defraudación en una clara asociación ilícita para estafar al Estado.

Esos son hechos de la causa y no se pueden tapar con denuncias de complot para destruir la educación pública, cuando ésta lleva el peso de casi 40 años de pauperización, de mercantilismo burdo que tiene por responsables a quienes fueron gobierno 16 años en el régimen militar y en la continuidad de 20 años de la Concertación.

Por lo tanto, al asumir el gobierno de Sebastián Piñera, las nuevas autoridades se encuentran con una situación catastrófica, que no podrán corregir si no sacan la corrupción y la mediocridad que ha invadido el sistema educacional chileno. Estos temas de Estado deben ser tratados con altura de miras, pero no hay ánimo en las cúpulas opositoras, que siguen deslegitimándose en la medida que insisten en una actitud obtusa, con el sesgo del picado o resentido, que es incapaz de validarse en el nuevo sitial de la oposición, desgastándose día a día frente a los ojos ciudadanos.

Negar la sal y el agua nos puede llevar a la situación crítica que Chile vivió hace 40 años, en situaciones obcecadas que nadie quisiera revivir. Mientras al interior de los partidos no se cambie estas dirigencias agotadas, no podrá haber una inflexión que corrija los actuales escenarios, que van tensionando artificialmente la política chilena.

La vía de negociación inteligente es la única opción para mantener una razonable actitud fiscalizadora de los pasos que de el Ejecutivo y los políticos que así lo entiendan se validarán en la retina del ciudadano que quiere soluciones, aquí y ahora.


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