Sin duda que una de las cosas que rescaté de Renovación Nacional (RN) y que bastó para que militara allí hasta mediados del año 2008, fue la diversidad de pensamiento y su académica incapacidad para ponerse de acuerdo, característica simplemente fascinante para quién disfruta, como perro con dos colas, de las largas y agitadas tertulias políticas, aún a riesgo de no llegar a ninguna parte la mayoría de las veces.
Fundada por democratacristianos, radicales, liberales y conservadores, RN se presentaba como el laboratorio de Chile, donde hasta los discursos más limitados tenían auspicio. Aún hoy se dan el lujo de colaborar con algunas tonteras, que por supuesto no viene al caso mencionar en este momento y es que para qué vamos a perder el tiempo con incidentes sin futuro si falta tan poco para que sus militantes decidan si seguirán soportando a Carlos Larraín, un instruido abogado conservador, o se arriesgan con una dirección liberal del tipo Cristián Monckeberg, otro abogado pero más ligado a la influencia de la encuesta que a la ciencia política.
A diferencia de otras elecciones, pareciera que la lista retadora no tiene muchas posibilidades de avanzar, salvo por chispazos comunicacionales como fue la ventana que entregó Carlos al regalarle una cuña a los muchachos de Tolerancia Cero y dónde se metió solito en las patas de los caballos comparando peras con manzanas a propósito del proyecto de vida en común que el sector libertino de la Alianza pretende que el Presidente Piñera envíe al Congreso.
Aún así, las aguas no están nada divididas en Antonio Varas, no como pretenden hacer parecer algunos. Ya sea por la presión que significa que el Presidente de la República venga de sus filas o por el respeto que inspira Larraín, los militantes no explotan como antaño y ese letargo beneficia por cierto a la actual mesa. Esta cuestión incluso destapa algo más curioso: el que UDI sea el partido más desordenado e impulsivo del conglomerado.
Para Monckeberg y compañía tampoco les resultó la estrategia de decir “nosotros estamos más cerca de Piñera”. Y es que la nueva formar de gobernar se encargó de ridiculizar el argumento. Bueno, hay que reconocer que pudo ser un exitazo el apoyo del Ministro del Interior, pero lo presentaron tan mal a la opinión pública que rápidamente el Gobierno le bajó el perfil al asunto. Mala cosa. Pucha y a la pobreza de recursos retóricos y apoyos relevantes, sumémosle la carencia de una estrategia comunicacional razonable.
Mientras Carlos Larraín camina en bloque, los liberales corren a punta de individualidades, como aquella selección de fútbol boliviana de “el Diablo”, ¿se acuerdan?. Si no fuera por los aciertos de la Diputada Karla Rubilar o las chispas de pasión de Joaquín Godoy, la lista autodenominada bicentenario ni siquiera hubiese llegado a inscribirse. Tampoco pueden apelar a eso del recambio generacional y es que los nuevos líderes también apoyan a Larraín. ¿Qué hacer?.
A ver, los milagros existen y como siempre dependerá de lo que hagan (o dejen de hacer) los candidatos para poder apostar con confianza sobre el asunto. Es titánica la tarea, pero dicen que no hay peor riesgo que no tomar riesgos. Por eso, se me ocurrió dialogar con una persona que fue capaz de derribar todas las profecías y cuyo ejemplo lo tienen a la mano, precisamente al interior de RN. Una persona que no sólo venció la lógica electoral al derrotar a su súper blindado compañero de lista, sino también revolucionó a la industria política con un mensaje aterrador: los jóvenes ya no son los sparring de los viejos.
Dos meses y diecinueve días lleva en el Congreso la Diputada Marcela Sabat, bueno, eso hasta el día que nos juntamos a tomar café (té rojo para ser exactos) en el Tavelli de Manuel Montt. Primera vez que mi víctima llega primero que yo. Buena señal dije.
¿Alguna vez te sentiste intimidada o con dudas de salir electa?. Digo, considerando que Rodrigo Álvarez era nada menos el Presidente de la Cámara y figura protegida de la UDI.
- No. Jamás.
¿Monckeberg o Larraín?.
- Larraín. Tengo la mejor opinión de Cristián Monckeberg, es un excelente Diputado, pero mi compromiso y así se los dije desde un principio es con Carlos Larraín.
¿Cómo es RN contigo, como partido?.
- Coincido contigo en que la diversidad al interior del partido es una característica muy positiva, pero no comparto cuando dices que no llegamos a ninguna parte. Yo me siento muy cómoda y respaldada por el partido y mis colegas. Tengo la libertad de proponer ideas y discutirlas abiertamente. Podremos estar de acuerdo o no con ellas, pero las discutimos y jamás nadie me dijo no te metas ahí o vota de tal manera.
¿Porqué te metiste en política?.
- Hace mucho que participo y activamente. Desde que Alberto Espina era el Diputado por mi distrito y también con mi papá desde que era Concejal en Nuñoa. Me encanta el servicio público y si me presenté como Diputada fue porque siento que es necesario cambiar la percepción que tiene la gente de esta actividad. Acercarla a las personas, sobre todo a los jóvenes, que somos los más distantes y tenemos una opinión bastante crítica al respecto.
Entiendo entonces que tu eres parte de esos jóvenes, ¿o no?.
- Por supuesto y si estoy aquí es porque creo que podemos cambiar esa opinión.
Pero esos mismos jóvenes fueron los que te caricaturizaron como tontita cuando te equivocaste al decir tu pronóstico para la segunda vuelta presidencial.
- (Se ríe) Es cierto, pero es natural. En ese momento estaba con toda la adrenalina, en lo único que pensaba era en que Sebastián Piñera ganara la elección y me reí mucho cuando lo dije.
¿No te molestó la situación?.
- No, es muy común que algunos destaquen esas cosas para llamar la atención. Al Presidente también lo molestaron con lo de Robinson Crusoe, pero no tiene mayor relevancia. Fue un error del momento. Nada más.
¿Y qué opinas de que algunos crean que sin el apellido Sabat no estarías en la Cámara?.
- Es raro porque primero dijeron que por ningún motivo ganaríamos y después, sin conocerme, opinan que fue por el apellido. (Se ríe) Claro, mi papá es una figura muy querida y reconocida. Esa es una parte de la historia, pero no es “la historia”. Atribuir el éxito por ser “pariente de” me parece una critica básica. En mi campaña trabajó mucha gente y se la jugaron por la Marcela, no por su apellido.
¿Qué se viene ahora?.
- Ser la mejor Diputada.
Bueno, y ahí va esta Diputada. ¿Será capaz Monckeberg de adoptar, aunque sea un pedacito, la pasión e irreverencia de esta mujer de 29 años?. Porque en su caso, ¿alguien podría cuestionar que cuando se quiere se puede?. Vamos que se puede decía Francisco Chahuán para alimentar el ego de sus fanáticos. Y también derribó sus mitos el hoy Senador.
Insisto, en mi opinión, dudo mucho que los liberales resulten vencedores en esta pasada, pero quién sabe, en una de esas el ejemplo de la Marcela les mueve al ánimo y la cosa se pone entretenida. ¿O no?.
Monckeberg… vamos que se puede.
Matías Carrozzi
Sociólogo
MONCKEBERG… Vamos que se puede.
Publicado el jun 06, 2010 | 3 Comentarios
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