Todo esto ocurrió hace veinte años. Noto que me estoy poniendo viejo porque antes nunca decía “hace diez años” o “hace veinte años” y ahora estoy empezando a hacerlo. En fin. En 1990 llegué a vivir a Chile. Yo tenía 14 años. Venía de Alemania Oriental, donde había nacido y crecido, en una de tantas familias del exilio. A Chile había ido de vacaciones, pero ahora veníamos a instalarnos. Llegamos a una casa grande de La Florida.
Santiago me parecía una ciudad gris, pero me gustaba pasar desapercibido. Ya no era el extranjero. En Alemania siempre llamaba la atención por mi pinta latinoamericana y unos neonazis me habían amenazado por escribir insultos antifascistas en los bancos de la escuela. En Chile nadie me iba a pegar por ser moreno.
En fin. Creo que fue Keny, otra chilena un poco mayor que yo que también había vivido igual que nosotros en aquel edificio de la Hopfgartenstrasse, en Dresden, la que uno de esos años, 1991 ó 1992, me prestó “El Tango de Edipo”. Me acuerdo que tenía una tapa morada. El libro lo devoré. Me cayó bien, por varias razones. Porque hablaba de un tipo medio hippie, y a mí en esa época los hippies y el amor libre y la marihuana, que yo aún no había probado, me parecían lo mejor. Me recordaban los años 60, un tiempo que yo habría querido vivir. El libro también hablaba de la época de la UP, otra época que a mis oídos sonaba a leyenda pura, a revolución, a combate, solidaridad, socialismo, Allende, Neruda, en fin. Y también había sexo apasionado, mujeres, una historia de amor, y a mí siempre me han gustado las historias de amor, por algo vi diez veces “Antes del amanecer”. Y además hablaba del exilio, un exilio voluntario, pero exilio al fin. El personaje se había ido lejos, a Australia, primero a buscar una vida mejor, había vuelto a Chile, en medio de la dictadura, y luego se había ido nuevamente, huyendo de un Chile medieval, peligroso, hostil.
Por cierto, el libro también contaba la historia de una amistad de dos hombres. Es algo particular eso. Un amigo no se encuentra debajo de las piedras.
En fin. El libro también me gustó porque tenía un tono de desparpajo, irreverencia, de llamar a las cosas por su nombre, algo nada usual en Chile, al menos en aquella época. El libro tenía frescura. A pesar de las cosas terribles que contaba, episodios como el allanamiento de una población tras el golpe militar, con todos los hombres a las tres de la mañana en medio de la cancha de fútbol, el autor nunca se ponía grave. Al contrario, tenía mucho humor. El libro, más que un tango, era una cueca. Porque una cueca te puede contar cosas terribles, pero igual siempre parece alegre, así como el tango siempre exuda tristeza, nostalgia.
Por todas estas cosas, disfruté mucho su lectura. Me sentí identificado, claro. Y Mario Rojas me caía aún mejor al saber que había sido el bajista de Dekiruza, legendario grupo de fines de los ochenta cuyo primer cassette llegó a mis manos en Dresden, cuando aún no habíamos vuelto del exilio.
Aquel libro lo tuve que devolver. Nunca más supe del “Tango de Edipo”. Luego, durante algún tiempo, lo busqué infrustuosamente en las librerías de San Diego. Los viejos lo conocían, pero ninguno lo tenía. “Es muy difícil de conseguir”, me decían. También la editorial había desaparecido. El “Tango” se volvió para mí un libro legendario.
Luego pasaron los años. Como dije, esto pasó hace dos décadas. Terminé el colegio. Fui a la universidad. Trabajé un tiempo como periodista. Luego me fui a Europa, volví, y me marché a Buenos Aires, donde vivo ahora. Un día, hace un tiempito, me puse a buscar el libro por Internet, por Google, claro, así como antes busqué ex novias, amigos que dejé de ver hace milenios, antiguas canciones. Lo sorprendente fue que lo encontré. Mario Rojas tenía una página personal, mayormente dedicada a su labor como músico, pero allí estaba el libro en formato PDF. Y lo bajé y lo imprimí en la oficina. Lo volví a leer y me encantó. Y nuevamente lamenté no tenerlo como libro. En esa época yo ya había hecho un libro con Quimantú y aunque aún no publicaban ficción, pensé que sería una buena idea que lo reeditaran, que lo rescataran.
Así que hablé con Siujen, la editora de la Q, y le dije que existía este libro, “El Tango de Edipo”, que ya no se conseguía, que era muy entretenido y que por qué no le echaba una mirada. En mi fuero interno pensé que un libro así encajaba con el espíritu de la Quimantú. Creo que le mandé el manuscrito y los datos de la página de Mario por mail, para que lo viera. Nunca más supe qué pasó. Hasta que en diciembre del año pasado Siujen me contó que uno de los libros del nuevo lanzamiento masivo de la editorial era éste, lo cual me hizo muy feliz. Compré uno y en la presentación le pedí un autógrafo a Mario. ¡Grande Mario!
Posdata: mi mujer, que también leyó el libro, dice que el protagonista es un mamón, como muchos chilenos, pero yo igual lo defiendo. Será porque también tengo algo de eso.
Foto: Tapa del disco “El ángel de la cueca” de Mario Rojas
Sitio web de Mario Rojas: http://www.mariorojas.scd.cl/
Sitio web de editorial Quimantú: www.quimantu.cl
Puntos de venta del libro: Santiago (Cóndor 1071), Valparaíso (librería Crisis, Pedro Montt 2871)
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