Las dificultades relacionales del presidente Piñera son evidentes a los ojos de cualquiera. En su desesperado intento por ser querido por todos los chilenos, el primer mandatario se expone constantemente a la crítica transversal de la clase política y del común de los ciudadanos. Ante esto, y jugando a ser el asesor presidencial que hoy, o no existe, o está haciendo muy mal su trabajo, me permito plantear algunas recomendaciones para que esta necesidad de cariño popular no le pase la cuenta en el corto plazo.
1). Aceptar sus limitaciones: Es clave que el presidente entienda que no tiene la espontaneidad ni el carisma de Michelle Bachelet. De aquí se parte. Y aceptar que no se poseen ciertas aptitudes relacionales no tiene porqué tener una connotación negativa: Pensemos en los dos mandatos anteriores a Bachelet, en donde esta carencia también era palpable, pero no afectó mayormente los niveles de aceptación ciudadana (estos sí sufrieron variaciones, pero debido a factores ligados a la gestión de cada gobierno).
2). No abrazar figuras populares: En su búsqueda de popularidad, el presidente ha mostrado cierta ingenuidad y poco manejo. Invitar a Marcelo Bielsa a la moneda, por ejemplo, fue una trampa autoimpuesta, ya que la posibilidad de que la impredecible personalidad del técnico generara un “impasse” mediático era totalmente esperable, más aún, habiendo experimentado una situación similar hace menos de un mes en Juan Pinto Durán. Durante el periodo de campaña, el presidente intentó acercarse a la figura de Michelle Bachelet, lo que fue duramente criticado por la actual oposición y por la gente. En síntesis, la popularidad no se transmite por osmosis; no basta con apegarse a ciertas figuras. Además, la gente no es ingenua y ya ha identificado lo que hay detrás de esta intención presidencial de querer aparecer en todas las fotos.
3). No caer en el juego: Quizás resulte tentador iniciar un ataque al gobierno anterior, exponiendo sus puntos débiles, las promesas incumplidas o los errores cometidos. En este sentido, no debe confundirse la fiscalización con la crítica con fines políticos. Fiscalizar es identificar irregularidades anteriores, informarlas, y solucionarlas (Esto último, primordialmente). La crítica con fines políticos es decirle al país: “miren lo que hacía su querida presidenta con su confianza” y eso, a todas luces, es un error. Sobre todo porque la imagen de Bachelet está blindada en cuanto a popularidad. Además, caer en este juego sería ir en contra del lema presidencial que habla sobre una nueva forma de gobernar.
4). Popularidad = Eficiencia Política: Si quiere obtener buenos niveles de popularidad, reconocimiento ciudadano y, finalmente, cariño de la gente, entonces la mejor recomendación es trabajar apuntando a la excelencia gubernamental; Generar en la gente una reflexión del tipo: “este tipo nunca me agradó, pero hizo muy bien la pega”. En resumen, suplir las carencias relacionales con el cumplimiento de promesas programáticas, ya que esto es lo que realmente trasciende al final del día. (También es importante tener en consideración que muchas veces el hacer bien el trabajo implica disminuir la aceptación popular en el corto plazo, por lo que la mirada siempre debe estar orientada hacia el futuro, hacia el largo plazo).
Siguiendo estos pequeños consejos, y recordando que fue electo por sus capacidades y no por su simpatía, el presidente no debería tener problemas durante su gestión. Si la idea de ser una persona poco querida no lo deja dormir, entonces debe poner todo su esfuerzo en la cuarta recomendación, esta es la clave de su éxito personal, el de su coalición y del país.
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