Durmiendo con el enemigo

Publicado el jul 14, 2010 | 2 Comentarios

Por Felipe Vergara

terremoto-aisen1Sentí el movimiento aquel 27 y asumí que el terremoto del 39′ en Chillán por fin tenía su sucesor. Luego de tantas historias de mi pueblo en el suelo, apostaba por que nuestras longanizas cubrirían los noticieros al día siguiente (longanizas de Chillán, por supuesto).

Pero no fue así. La ciudad que para el 39′ quedó completamente en el suelo había sobrevivido de manera impensada al 5º terremoto más grande de la historia, demostrando que las lecciones del macabro evento anterior habían tenido sus frutos. Comparando ambos trágicos sucesos, a Chillán no le había pasado nada. Bueno, casi nada…

No me acuerdo en qué momento escuché por primera vez que la cárcel había colapsado y que los presos escaparon provocando una guerra, pero estoy seguro que no lo creí. La historia de los maleantes que son malos porque deben serlo, me parecía demasiado llamativa para que ocurriera en mi tierra. ¿Qué tan malo se puede ser en un lugar donde la oferta para el delincuente no tiene un gran stock?

Las historias de lo que ocurrió esa noche estuvieron visitando todos los rincones de la ciudad durante el día sábado. Y claro, lo lógico era que los cuentos se fueran deformando y sumando personajes ficticios, con alborotos descomunales y estruendos de corte apocalíptico. Pero no. Todo lo que me decían había sido verdad, como si a todos les hubiera llegado un sentido profundo de la responsabilidad al momento de llevar un mensaje.

El fuego y las balas se había apoderado efectivamente de la, supongo, cárcel más central de Chile. Y cuando digo central, no me refiero a que queda cerca, sino a que ¡¡¡está en el centro!!! Para ser más exactos, los reos pasaban sus condenas a cuatro cuadras del mall, de la plaza de armas y de la catedral. Estaban al frente de una plaza y a una cuadra de la Iglesia San Francisco y el Colegio San Buenaventura. Y eso sin mencionar el mercado, las grandes tiendas, el paseo peatonal, los hoteles, la vega…etc. Como para por lo menos agradecer que haya sido a las 3:30 de la madrugada y no a otra hora donde, quizás, no sólo se quema la cárcel y sus casas vecinas. Pero ningún alcalde la cambió de lugar… y tanto que lo pedía la gente. Quizás la encontraban bonita…

Pero para desgracia de Camila, ese era el momento de los reos. Camila Villamán es una estudiante de la Universidad de Concepción que mientras se radica en conce, vive con mi hermano, mi cuñada y mis dos sobrinos. En Chillán, ella vivía al lado de la cárcel.

Pienso que contar una experiencia como la que vivió ella debe ser como pasarse suavemente un cuchillo por encima de la piel. Pero el milagro de verse bien junto a toda su familia debe haber alivianado en gran parte la carga de lo que ella vio y que aceptó relatarme. “Mi papá dice que sirve de terapia”, fue lo primero que me dijo.

“Estaba sola en el segundo piso cuando se puso a temblar. No me quedó otra más que esperar”, cuenta. Afortunadamente su casa había resistido bien el movimiento y sólo fue la desesperación que vivimos todos en gran parte del país. Luego de conversar con su pololo por teléfono, su madre instintivamente provocó que las cosas no fueran aún peor y sacó a la familia del lugar. “Nos fuimos a la casa de mis abuelos (frente a la suya) porque ella dijo que se iban a salir los reos”.

Dicho y hecho. “Cuando salimos ya habían unos gendarmes afuera. Ahí mi papá vio como presos estaban caminando por el techo de los vecinos. Entramos y dejamos una ventana abierta con las cortinas cerradas para poder escapar frente a cualquier cosa, pero vimos que estaban pasando los reos por el patio”. Fue ahí cuando se cerraron el living y se atrincheraron en el baño. “Ya había empezado la balacera mientras los reos se escapaban”. Nada estaba muy bien, pero los más de 200 delincuentes querían protagonismo y empezaron a quemar casas.

“Llegaron los bomberos, que estaban súper expuestos por la balacera y que además no tenían agua. Pero el primer foco lo controlaron bien y no debió haberse pasado a las otras casas, como ocurrió”. En ese momento estaban seguros que eran los presos los responsables y no consecuencia de fugas por el terremoto.

Su padre afortunadamente pudo sacar la cartera de su esposa, que llevaba la billetera de él, más su reloj y dos notebooks de la empresa en que trabaja. El resto quedó hecho cenizas.

Crudo, cruel y hasta morboso. Pero lo dulce es saber que todas las personas inocentes de esas casas están vivos, a diferencia de algunos reos que cayeron entre disparos y llamas. Un increíble milagro.

Un milagro que también vivió la señora Lidia Pradenas de 77 años, quién como otros vecinos, convivió con los reos durante 2 horas y media encerrada en una pieza. Muchos dirán “¿cómo tan insensibles para meterse a la casa de una anciana?”, pero ¿saben qué dijo ella?, “estos reos no eran malos”. Claro, porque no le hicieron nada y no le quemaron la casa. Sólo comieron y se llevaron un par de recuerdos, lo que haría cualquier delincuente educado.

Pero aún falta el mejor chiste por relatar. Resulta que a la Camila ¡¡ nadie le fue a dar explicaciones ni a hacerse responsable!! (Quizás pensaron que no se darían cuenta). Ahhh, ¡¡pero hay otro chiste mejor!!… se habían llevado a los reos a conce luego de la fuga y ahora… ¡¡¡los están trayendo de vueltaaaa!!!!!

Se pasaron… ahhhhhhhhhhhhh pero hay más!!!!! Faltó la guinda de la torta… ¡¡¡¡¡No saben dónde reconstruir la cárceeeel!!!!! jaujuajajja… sólo falta que la dejen como la primera cárcel museo y los presos sean los guías. Ese si que sería un perfecto MAREPOTO…


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